A la Tierra se le han perdido 1.000 millones de años y estos científicos creen saber dónde están
Según la ley de superposición, las capas más jóvenes de la Tierra se depositan sobre las más antiguas. Sin embargo, ciertas zonas del planeta rompen esta norma
La ley de la superposición de estratos establece que las capas más jóvenes de la Tierra se depositan sobre las más antiguas. Algo que obedece a la lógica, pero que, sorprendentemente, no se cumple en todos los casos. Y es que, en determinados lugares del planeta, es posible documentar una ruptura abrupta en esta especie de registro rocoso. Un vacío temporal conocido como la Gran Discordancia, la cual abarca un periodo de 1.000 millones de años y que ahora ha sido analizado en un estudio publicado en PNAS.
Según los autores del estudio, este fenómeno podría explicarse mediante procesos tectónicos mucho más antiguos de lo que se pensaba. Pero vamos por partes. El caso más emblemático fue descrito en 1869 por John Wesley Powell en el Gran Cañón, donde identificó rocas de 520 millones de años apoyadas directamente sobre materiales con entre 1.400 y 1.800 millones de años de antigüedad. Entre ambos estratos faltaban más de 1.000 millones de años de historia geológica, un intervalo clave en la transición hacia la Tierra moderna.
Lejos de tratarse de una anomalía local, la Gran Discordancia aparece en distintas regiones del planeta. En el escudo canadiense, por ejemplo, afloran rocas arcaicas de 2.500 millones de años cubiertas por sedimentos mucho más recientes del Cámbrico u Ordovícico. En todos los casos se repite un patrón: una erosión masiva eliminó capítulos enteros del pasado terrestre.
Un vacío global en el registro geológico
Durante años, la hipótesis dominante vinculó este fenómeno con la teoría de la Tierra bola de nieve, que sostiene que el planeta quedó casi completamente congelado hace unos 700 millones de años. Según esa idea, el avance y retroceso de los glaciares habría raspado la corteza y arrastrado enormes volúmenes de roca hacia los océanos.
Otra explicación apuntaba a la formación del supercontinente Rodinia, cuyos movimientos tectónicos habrían elevado grandes masas continentales, exponiéndolas a la meteorización y a la erosión prolongada. Sin embargo, las nuevas evidencias sitúan el origen del proceso cientos de millones de años antes de esos eventos.
El papel del primer supercontinente
El equipo que firma el estudio analizó rocas antiguas en cinco enclaves del norte de China y reconstruyó su historial térmico mediante dataciones con múltiples cronómetros radiactivos. Los resultados indican que el enfriamiento más intenso de la corteza continental se produjo entre hace aproximadamente 2.100 y 1.600 millones de años.
Los propios autores señalan en el artículo: "Las fechas de los multicronómetros y las inversiones de la historia térmica muestran que el enfriamiento más sustancial del basamento continental tuvo lugar hace entre 2.100 y 1.600 millones de años". Esta cronología descarta que la glaciación global fuera la responsable principal y apunta a ciclos tectónicos asociados al supercontinente Columbia, considerado el primero plenamente desarrollado.
De acuerdo con la investigación, la dinámica prolongada de placas, modulada por la formación y fragmentación de supercontinentes, habría provocado la exhumación y posterior erosión de grandes extensiones de corteza. Aunque el debate sigue abierto entre los especialistas, el hallazgo aporta una nueva pieza al rompecabezas de los 1.000 millones de años desaparecidos y redefine cómo se interpreta la evolución profunda de la Tierra.
La ley de la superposición de estratos establece que las capas más jóvenes de la Tierra se depositan sobre las más antiguas. Algo que obedece a la lógica, pero que, sorprendentemente, no se cumple en todos los casos. Y es que, en determinados lugares del planeta, es posible documentar una ruptura abrupta en esta especie de registro rocoso. Un vacío temporal conocido como la Gran Discordancia, la cual abarca un periodo de 1.000 millones de años y que ahora ha sido analizado en un estudio publicado en PNAS.