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El fenómeno imposible que ha permitido ver el Sol y la Luna a la vez durante el eclipse lunar
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Selenelión

El fenómeno imposible que ha permitido ver el Sol y la Luna a la vez durante el eclipse lunar

En teoría, ver al Sol y a la Luna a la vez durante un eclipse es imposible. Sin embargo, la atmósfera puede hacer posible este fenómeno cuando se produce en determinadas circunstancias

Foto: La atmósfera, una vez más, desafía las leyes de la física (EFE/Bienvenido Velasco)
La atmósfera, una vez más, desafía las leyes de la física (EFE/Bienvenido Velasco)

El eclipse lunar total del 3 de marzo dejó una imagen insólita: el Sol saliendo por el horizonte mientras la Luna eclipsada aún era visible. Este fenómeno, conocido como selenelión, desafía la geometría celeste y solo es posible gracias a un efecto óptico de la atmósfera terrestre.

Durante un eclipse lunar, el Sol, la Tierra y la Luna se alinean en lo que los astrónomos denominan sizigia, una configuración rectilínea en la que nuestro planeta se interpone entre el astro rey y el satélite. Esa disposición implica que ambos cuerpos deben situarse en extremos opuestos del cielo.

Desde el punto de vista geométrico, si el Sol está sobre el horizonte, la Luna debería encontrarse ya oculta bajo él. Sin embargo, observadores situados en la costa este de Estados Unidos, Quebec, México, Centroamérica, Colombia o Ecuador pudieron contemplar simultáneamente el amanecer y la llamada Luna de sangre, teñida de rojo durante la fase de totalidad.

Qué es el selenelión

El término selenelión describe precisamente esa coincidencia visual entre el Sol naciente y la Luna eclipsada. Aunque tradicionalmente se consideraba un fenómeno imposible, la física atmosférica explica por qué se produce en una estrecha franja temporal de apenas uno a tres minutos, dependiendo de la localización.

La clave reside en la refracción atmosférica. Cuando un astro se sitúa justo por debajo del horizonte, la atmósfera actúa como una lente que curva la trayectoria de la luz. Como consecuencia, el objeto parece estar ligeramente más alto de lo que realmente se encuentra, generando una ilusión óptica similar a un espejismo.

Ese mismo efecto explica por qué vemos el Sol unos minutos antes de que haya salido físicamente y por qué el día se alarga ligeramente al atardecer. En el caso del eclipse lunar del 3 de marzo, la refracción permitió que el Sol, todavía oculto tras el horizonte, apareciera visible mientras la Luna descendía hacia el oeste aún inmersa en la sombra terrestre.

Un eclipse teñido de rojo

Durante la totalidad, la Luna adquirió su característico tono rojizo. La sombra de la Tierra no es completamente negra, sino que filtra la luz solar dispersando las longitudes de onda más cortas y dejando pasar las más largas, responsables de ese matiz cobrizo que también observamos en amaneceres y atardeceres.

La posibilidad de presenciar un selenelión exigía, además, horizontes despejados hacia el este y el oeste y condiciones atmosféricas limpias. El brillo creciente del alba podía ocultar la parte no eclipsada de la Luna minutos antes del orto solar. Aun así, quienes lograron observarlo fueron testigos de un fenómeno que demuestra cómo la atmósfera terrestre puede convertir lo aparentemente imposible en una experiencia astronómica extraordinaria.

El eclipse lunar total del 3 de marzo dejó una imagen insólita: el Sol saliendo por el horizonte mientras la Luna eclipsada aún era visible. Este fenómeno, conocido como selenelión, desafía la geometría celeste y solo es posible gracias a un efecto óptico de la atmósfera terrestre.

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