Los deportistas de élite parecen tener un 'superpoder' que el resto de los humanos no
El factor decisivo entre deportistas de alto nivel podría no estar en los factores tradicionalmente analizados, sino en una capacidad cerebral perceptivo-cognitiva
Mbappe, en la previa del partido que enfrentó al Real Madrid y a la Real Sociedad (Europa Press)
La diferencia entre los deportistas de élite y el resto de la humanidad no reside (solo) en la potencia o en la técnica, sino en un mecanismo mental. De ello ha hablado en profundidad Mallory Terry, científica de la Universidad McMaster, en un artículo divulgado en The Conversation, dentro del cual analiza las habilidades perceptivo-cognitivas como factor decisivo en el rendimiento deportivo de alto nivel.
El texto, basado en investigaciones académicas sobre atención visual y coordinación visomotora, sostiene que algunas acciones que parecen imposibles de explicar únicamente por la fuerza física responden a una capacidad cerebral afinada. Para ello, utiliza como ejemplo el gol en la prórroga de Connor McDavid frente a Estados Unidos, que ilustraría a la perfección cómo un jugador puede detectar un espacio mínimo mientras los defensores cierran líneas en cuestión de milisegundos.
Los investigadores describen esta ventaja como la habilidad para transformar un escenario saturado de estímulos en una decisión eficaz casi instantánea. No se trata de ver más, sino de identificar antes la información relevante y descartar el ruido. Esa eficiencia cognitiva reduce la carga mental y permite ejecutar con precisión bajo presión competitiva.
La ciencia de la anticipación
Para medir estas capacidades, los expertos emplean pruebas como el multiple-object tracking, un ejercicio que obliga a seguir varios objetos en movimiento mientras se ignoran elementos de distracción. Esta metodología activa procesos como la memoria de trabajo, la atención sostenida y el control inhibitorio, funciones esenciales en deportes de ritmo elevado.
Los resultados muestran que los atletas profesionales superan de forma sistemática a personas sin experiencia en estas tareas. Sin embargo, los autores advierten sobre la llamada maldición de la especificidad: dominar un ejercicio concreto no garantiza una mejora automática en la competición real. La transferencia depende del contexto y de la similitud con situaciones de juego.
Talento y experiencia acumulada
El debate científico gira en torno a si esta ventaja es innata o fruto del entrenamiento prolongado. La evidencia apunta a una combinación de predisposición y práctica constante. Grupos acostumbrados a entornos dinámicos, como deportistas de alto nivel o jugadores habituales de videojuegos de acción, destacan en pruebas perceptivas y además progresan con mayor rapidez.
Los especialistas subrayan que el entrenamiento perceptivo-cognitivo debe integrarse con exigencia física y estímulos variados para que exista transferencia real. Por ello, recomiendan considerarlo un complemento del trabajo técnico y táctico, no un sustituto. Comprender este superpoder mental podría transformar la detección de talento y redefinir cómo se evalúa el auténtico sentido de juego en la élite deportiva.
La diferencia entre los deportistas de élite y el resto de la humanidad no reside (solo) en la potencia o en la técnica, sino en un mecanismo mental. De ello ha hablado en profundidad Mallory Terry, científica de la Universidad McMaster, en un artículo divulgado en The Conversation, dentro del cual analiza las habilidades perceptivo-cognitivas como factor decisivo en el rendimiento deportivo de alto nivel.