La comunidad científica mira a Fukushima: este híbrido entre cerdo y jabalí se ha escapado de la zona nuclear
Quince años después del desastre nuclear de 2011, los bosques evacuados del noreste de Japón se han convertido en un escenario inesperado para la biología evolutiva
Fukushima vuelve a situarse en el foco científico internacional, pero esta vez no por la radiación. Más de una década después del accidente nuclear de 2011, los bosques que rodean la central albergan un fenómeno biológico inesperado: híbridos de cerdo doméstico y jabalí que se reproducen a un ritmo acelerado y han alterado la dinámica natural de la zona.
El desastre comenzó con un terremoto de magnitud 9,0 y el posterior tsunami que arrasó la costa noreste de Japón. La evacuación obligatoria en un radio de 20 kilómetros dejó pueblos vacíos, campos abandonados y granjas sin actividad. Muchos animales no pudieron ser trasladados. Entre ellos, miles de cerdos domésticos que escaparon y se internaron en los bosques. Allí se cruzaron con jabalíes salvajes en un territorio que, de repente, había quedado sin presencia humana.
Lo que podría parecer un episodio puntual terminó convirtiéndose en lo que los investigadores describen como un “experimento natural” a gran escala. El estudio, publicado en Journal of Forest Research, ha documentado uno de los casos más extensos de hibridación entre animales domésticos y fauna silvestre. Y sus resultados han sorprendido incluso a los propios científicos.
La clave está en las madres
El equipo liderado por el profesor Shingo Kaneko analizó el ADN de 191 jabalíes y 10 cerdos domésticos recogidos entre 2015 y 2018. Para reconstruir la historia genética, estudiaron tanto el ADN mitocondrial —que se hereda exclusivamente por vía materna— como marcadores nucleares, que reflejan la mezcla completa del genoma.
El hallazgo más llamativo tiene que ver con la línea materna. Según explica Kaneko, el ciclo reproductivo continuo del cerdo doméstico —capaz de criar varias veces al año— se transmite a través de esa herencia materna. El jabalí, en cambio, suele reproducirse una vez al año. Esa diferencia, aparentemente técnica, ha tenido consecuencias profundas.
Los híbridos nacidos de madres cerdo mantuvieron esa capacidad reproductiva más rápida. Como resultado, la población creció con una velocidad inusual. Sin embargo, ocurrió algo paradójico: al multiplicarse tan deprisa y cruzarse repetidamente con jabalíes, los genes nucleares del cerdo comenzaron a diluirse con mayor rapidez de lo esperado.
Muchos de los ejemplares analizados ya se encontraban más allá de la quinta generación desde el cruce inicial. Eso indica un recambio generacional acelerado en apenas unos años, algo poco habitual en poblaciones silvestres.
No es radiación, es genética poblacional
El estudio no apunta a mutaciones provocadas por la radiactividad: investigaciones previas no han detectado aumentos claros en las tasas de mutación en estos animales. Lo que preocupa aquí es otro tipo de transformación: la alteración de la estructura genética de una población cuando lo doméstico y lo salvaje se mezclan sin control.
En términos científicos, el proceso se denomina introgresión genética, es decir, la incorporación estable de genes de una población en otra mediante cruzamientos repetidos. Aunque la proporción final de genes domésticos en los jabalíes de Fukushima sea relativamente baja, el impacto inicial en la dinámica poblacional puede ser significativo.
La ausencia repentina de actividad humana tras la evacuación facilitó la expansión del jabalí. Si a eso se suma una herencia materna que favorece la reproducción continua, el crecimiento puede dispararse durante las primeras generaciones. Y ahí reside el verdadero reto para la gestión de la fauna.
El caso japonés no es un fenómeno aislado. En España, el llamado “cerdolí” —cruce entre jabalí y cerdo vietnamita abandonado como mascota— ya ha generado debate por su impacto ecológico. Aunque el contexto es diferente, el mecanismo biológico es similar: hibridación y posible alteración de los ritmos reproductivos.
Los investigadores advierten de que incluso una introgresión genética limitada puede complicar el control de poblaciones silvestres. Una pequeña aportación de genes asociados a una mayor fertilidad podría traducirse en un crecimiento inesperado, con consecuencias para la agricultura, la biodiversidad y la gestión sanitaria.
Fukushima vuelve a situarse en el foco científico internacional, pero esta vez no por la radiación. Más de una década después del accidente nuclear de 2011, los bosques que rodean la central albergan un fenómeno biológico inesperado: híbridos de cerdo doméstico y jabalí que se reproducen a un ritmo acelerado y han alterado la dinámica natural de la zona.