La NASA perfora la superficie de Marte y encuentra otro posible rastro de vida antigua
La investigación ha sido llevada a cabo sobre un fragmento de lutita perforada por el róver Perseverance. Su antigüedad ronda los 3.700 millones de años
Una perforación realizada por el róver Perseverance en Marte (NASA/JPL-Caltech/MSSS)
A mediados de septiembre de 2024, la NASA anunció que había encontrado posibles indicios de vida pasada en Marte. Algo que se produjo tras el análisis de una muestra de roca llamada Cheytava Falls y recolectada por el róver Perseverance en el cráter Jezero. “Es una especie de señal residual que podría haber sido de vida antigua”, declaró al respecto Nicola Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, en una rueda de prensa.
Pues bien, una nueva investigación, liderada por el doctor Alexander Pavlov desde el Centro Goddard de la NASA y publicada en la revista Astrobiology, podría aportar una segunda prueba de que, realmente, pudo existir vida en el planeta rojo. Al parecer, el análisis logró identificar moléculas orgánicas en rocas con 3.700 millones de años de antigüedad.
En concreto, el estudio se centra en una muestra de lutita perforada en la zona conocida como Bahía Yellowknife, dentro del cráter Gale. Allí se detectaron alcanos de cadena larga, los compuestos orgánicos de mayor tamaño hallados hasta ahora en la superficie marciana.
Moléculas que desafían las explicaciones químicas
Los alcanos pueden generarse mediante procesos geoquímicos sin intervención biológica, pero su concentración detectada plantea interrogantes. Según los autores, “una concentración tan alta de moléculas orgánicas grandes en las rocas sedimentarias marcianas no puede explicarse fácilmente por la acumulación de materia orgánica a partir de partículas de polvo interplanetarias ricas en carbono y meteoritos”.
El equipo también evaluó si estos compuestos podrían proceder de sistemas hidrotermales activos cuando Marte era más volcánico. Sin embargo, los cálculos indican que una producción de al menos 120 partes por millón no encaja con la proporción de carbonatos presente en el entorno geológico analizado.
El efecto de la radiación cósmica
Uno de los aspectos clave del estudio consiste en estimar la cantidad original de materia orgánica antes de su exposición a la radiación cósmica. Investigaciones previas señalan que la lutita permaneció enterrada durante 3.600 millones de años y que afloró hace unos 78 millones de años, momento desde el cual comenzó su degradación progresiva.
Actualmente, la muestra contiene entre 30 y 50 partes por mil millones de alcanos. No obstante, al calcular la tasa de destrucción inducida por radiación, los investigadores concluyen que la abundancia inicial pudo ser más de 2.000 veces superior, un dato que refuerza la relevancia astrobiológica del hallazgo.
Los propios autores subrayan que no afirman haber demostrado actividad biológica, pero reconocen que cada hallazgo difícil de explicar por vías no biológicas incrementa el peso de esa posibilidad. Mientras la misión de retorno de muestras permanece sin financiación suficiente, los datos recopilados por la NASA continúan reconfigurando la comprensión científica del pasado marciano.
A mediados de septiembre de 2024, la NASA anunció que había encontrado posibles indicios de vida pasada en Marte. Algo que se produjo tras el análisis de una muestra de roca llamada Cheytava Falls y recolectada por el róver Perseverance en el cráter Jezero. “Es una especie de señal residual que podría haber sido de vida antigua”, declaró al respecto Nicola Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, en una rueda de prensa.