China arroja sus centros de datos al fondo del mar y ahora ya sabemos cuál sería el precio a pagar
Este tipo de instalaciones tiene muchas ventajas a nivel energético y territorial. Sin embargo, suponen un grave problema en las profundidades que hasta ahora no había sido investigado
Estas infraestructuras tienen un importante impacto en el fondo oceánico (Tang Fei/China Daily)
China puso en marcha un centro de datos submarino en la provincia de Hainan capaz de procesar cargas de inteligencia artificial bajo el mar. Esta infraestructura utiliza el agua oceánica como sistema de refrigeración natural, reduciendo el consumo eléctrico, aunque plantea interrogantes sobre su impacto ambiental.
La expansión de los centros de datos para IA ha intensificado el debate sobre su elevado uso de energía y agua potable. Las instalaciones convencionales requieren sistemas de climatización continuos que demandan grandes volúmenes hídricos y eléctricos, lo que incrementa la presión sobre los recursos locales y compite con el abastecimiento doméstico y agrícola.
Infraestructura bajo el mar
La solución adoptada por China consiste en encapsular servidores en módulos de acero sellados e instalarlos en el lecho marino, frente a la costa de Lingshui. El entorno oceánico actúa como disipador térmico constante, lo que permite prescindir en gran medida de complejos sistemas de aire acondicionado industrial.
Los primeros módulos fueron desplegados en 2022 y comenzaron a operar comercialmente en 2023. Tras una actualización reciente del hardware, la instalación ha asumido tareas de computación de alta densidad, orientadas al entrenamiento de algoritmos avanzados y servicios en la nube, consolidándose como un nodo especializado en procesamiento de IA.
Ventajas energéticas y territoriales
Desde el punto de vista técnico, el modelo submarino reduce el gasto energético asociado a la refrigeración, uno de los principales costes operativos de cualquier centro de datos. Asimismo, evita la ocupación de grandes superficies terrestres y elimina molestias como el ruido constante o el tránsito de mantenimiento que suelen generar estas infraestructuras en tierra firme.
Esta característica adquiere relevancia en un contexto internacional donde la construcción de grandes complejos digitales ha generado reticencias sociales y regulatorias. La ubicación bajo el mar disminuye el impacto directo sobre comunidades próximas y limita la alteración del paisaje, reforzando su atractivo como alternativa tecnológica.
Riesgos para el ecosistema marino
No obstante, el debate científico permanece abierto. Experiencias previas como el proyecto Natick de Microsoft mostraron que el aumento de temperatura en el entorno inmediato era reducido y localizado. Sin embargo, incluso variaciones de fracciones de grado pueden afectar a especies sensibles en ecosistemas marinos.
Un estudio publicado en Nature y elaborado por investigadores de la Universidad de Johannesburgo advierte de que este tipo de infraestructuras podría contribuir a la desoxigenación oceánica y, por tanto, suponer graves riesgos para la biodiversidad. A ello se suman posibles problemas de corrosión o filtraciones si el modelo se replica a gran escala, como sugiere el desarrollo de otra instalación similar cerca de Shanghái.
China puso en marcha un centro de datos submarino en la provincia de Hainan capaz de procesar cargas de inteligencia artificial bajo el mar. Esta infraestructura utiliza el agua oceánica como sistema de refrigeración natural, reduciendo el consumo eléctrico, aunque plantea interrogantes sobre su impacto ambiental.