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La vida cañón de tu gato: por qué no puedes creerte que es un peligroso animal invasor
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NO LOS DEJES SALIR

La vida cañón de tu gato: por qué no puedes creerte que es un peligroso animal invasor

Los gatos matan cada año en España a unos 400 millones de animales y son responsables del 25% de las extinciones contemporáneas de reptiles, aves y mamíferos en todo el mundo

Foto: Gatos en las dunas de la Albufera de Valencia. (M.A. Gómez-Serrano)
Gatos en las dunas de la Albufera de Valencia. (M.A. Gómez-Serrano)
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Raquel vive en una casa con jardín en un pueblo. Antes tenía un perro viejo. Ahora, que ya no lo tiene, se entretiene mirando por la ventana cómo se pasean los gatos del vecindario. Cuando el animal vivía, solía ver a las palomas torcaces criando en los árboles de su jardín y a un montón de gorriones que jugaban y saciaban la sed en los abrevaderos que ella y su marido les ponen en verano en las olas de calor. En los últimos años, las palomas ya no crían y los gorriones son cada vez menos. A veces, Raquel se encuentra con un montón de plumas ensangrentadas en mitad del patio.

“Los gatos son preciosos, pero es que hay muchos por todo el pueblo. Algunos tienen dueño y otros son salvajes, pero se mezclan entre ellos y están por todas partes”, cuenta esta mujer, de 63 años, en declaraciones a El Confidencial para admitir que antes los alimentaba, pero ya no. Ahora intenta espantarlos para que no entren a su jardín. “Son tan suaves y tan bonitos, pero cada vez veo menos a los animales de aquí”, explica, preocupada, para señalar que en su pueblo, como en muchos otros, los animales domésticos salen solos a dar una vuelta. Sobre todo los gatos.

Según datos recogidos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a nivel mundial, los gatos se relacionan con la extinción de 63 especies de vertebrados. En los ecosistemas insulares han estado involucrados en el 14% de todas las extinciones de aves, mamíferos y reptiles y en el declive del 8% de los mismos catalogados en peligro crítico; entre ellas se encuentra el chochín de Stephens (Traversia lyalli), la tórtola de Socorro (Zenaida graysoni), de la que aún quedan algunos ejemplares en cautividad, el paíño de Guadalupe (Oceanodroma macrodactyla), o el ratón de la isla de Estanque (Peromyscus guardia), extinguido por un único gato.

Ese único gato, según recoge la revista Oryx en su publicación del 2 de agosto de 2004, depredó él solito a la población del ratón de Estanque, que en el año 1995 era estable y, en 1998, había desaparecido. Año en el que se avistó por primera vez al felino doméstico. Hubo trabajo de campo y búsquedas, entre 1999 y 2001 pero lo único que se encontraron fueron excrementos del gato que contenían restos óseos y pelo del ratón. El gato, que fue erradicado en 1999, fue el único depredador introducido en la isla.

Un único gato puede destruir entera la población autóctona de determinado animal

Además, desde la institución señalan que los felinos constituyen una de las principales amenazas a la biodiversidad especialmente en ambientes insulares. Tanto es así, que la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) la incluye entre 100 de las peores especies invasoras del mundo y el gobierno de Canarias la trata como invasora en su lista del Banco de Datos de Biodiversidad.

Una cuestión de salud pública

“Los gatos que viven en una casa no deberían salir al exterior por el bien de los animales a los que puedan matar, por la salud del propio gato y por la salud de las personas que viven con él”, asegura Miguel Clavero, investigador científico titular del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, quien señala a este periódico que no se suelen tener en cuenta los problemas de salud pública que pueden generar nuestros animales de compañía si los dejamos a su libre albedrío.

“En primer lugar, si dejas que los gatos de compañía se mezclen con los ferales, pueden transmitirse varias enfermedades que pueden llegar a afectar al ser humano”, cuenta Clavero para poner dos ejemplos de parásito, el toxoplasma, que genera la toxoplasmosis, que puede afectar especialmente a mujeres embarazadas o a personas inmunodeprimidas, y el toxocara, que, asegura Clavero, está presente en casi todos los areneros de juego de niños en los parques.

"Si un lince mata a un gato, se lo va a comer y vamos a tener un problema"

“Los gatos que están en contacto con las personas y con la fauna de la calle son el elemento clave en la transmisión de esos parásitos”, sentencia el científico para señalar que se estima que aproximadamente un 20% de las esquizofrenias que se detectan en el globo están relacionadas con la toxoplasmosis. “No es que sea el causante directo, pero se está estudiando cómo puede ser un detonador, al igual que lo son las drogas psicodélicas”, desarrolla para incidir en que, en 2007, un brote de toxoplasmosis estuvo a punto de aniquilar la población de lince ibérico en Doñana.

“Si un lince se encuentra a un gato, lo va a matar y se lo va a comer y, si el gato es portador o está infectado, como ocurrió en aquel caso, podemos tener un problema muy gordo”, explica Clavero, quien señala que en las últimas estimaciones sobre el número de animales que los gatos matan cada año en España, la cifra asciende en torno a los 400 millones. “Teniendo en cuenta el número de gatos en casas (corregido por estimas de los que pueden salir) y los 1,8 millones de gatos en colonias que calcula el Ministerio de Derechos Sociales, el número es un orden de magnitud mayor que las estimas disponibles para otras fuentes de mortalidad, como atropellos o caza”, ejemplifica el investigador.

La jerarquización de los animales

A los perros y gatos se les atribuye un mayor estatus moral que cualquier otro animal al ser considerados animales de compañía. También más derechos, como establece la última ley de Protección y Bienestar Animal (7/2023). “Tenemos una imagen muy infantilizada de nuestros animales y nos cuesta aceptar que, a lo mejor, nuestros gatos que comen y duermen con nosotros y que son casi como peluches, puedan suponer un problema para la biodiversidad”, apunta Ignacio Sánchez-Moreno, filósofo y doctorando con formación en filosofía y ética, cuya investigación está centrada en la mente de los animales y su comunicación.

placeholder Los gatos, epítome de lo mono. (EFE/EPA/Neil Hall)
Los gatos, epítome de lo mono. (EFE/EPA/Neil Hall)

El antropomorfismo hacia nuestros animales es lo que hace (a juicio de Sánchez-Moreno) que la población civil esté reacia y, a veces, reaccione visceralmente, cuando se habla del gato como un animal invasor, con las medidas que esto podría conllevar. “Tendemos a caer en dinámicas como vestirlos, cambiarlos de dieta e interpretar sus emociones como interpretamos las nuestras”, explica el filósofo, quien añade que no vemos a nuestros animales como cachorros típicos de su especie, sino como cachorros típicos de la nuestra. Como bebés.

“Y, claro, al conceptualizarnos como padres, reaccionamos con rechazo cuando nos dicen cómo tenemos que cuidar a nuestros animales”, desarrolla para señalar que este “es uno de los principales sesgos que tenemos las personas y que nos lleva a otro tipo de dilemas: nuestros perros y gatos son considerados ciudadanos de a pie y, sin embargo, otros como reptiles, aves o insectos, no tienen ese concepto de ciudadanía”, continúa. Pero, ¿qué pasa cuando tu animal de compañía puede resultar un peligro para el ecosistema? “Pues que hay que tener responsabilidad y ser consecuente con nuestras acciones. Al vivir en ambientes cada vez más antropógenos estamos perdiendo la capacidad de ver la naturaleza como algo más que un decorado a nuestro servicio”, opina Sánchez-Moreno.

"Argumentos tramposos"

Entre los tipos de impactos más importantes de las mascotas sobre la vida silvestre están los derivados de las que se asilvestran. Los animales abandonados escapados pueden formar poblaciones autosuficientes en la naturaleza, con consecuencias graves para las especies autóctonas. Un ejemplo es el de las cotorras argentinas de las que, cada cierto tiempo, hay batidas. Otro, son las colonias felinas. Pero a los gatos no se les abate.

"Si alguien plantea que se maten 500 gatos en Canarias se armará la de dios"

“Tenemos un choque normativo: por un lado están las leyes de conservación de naturaleza que miran a la conservación de la fauna silvestre y, por otro, las que se centran en el bienestar de los animales domésticos: perros, gatos, ganado. El problema viene cuando ambas interactúan. Ahí hay un vacío, porque ninguna está pensada para arreglar los problemas que causan la una en la otra”; explica Miguel A. Gómez Serrano, investigador y profesor asociado en ecología, vinculado a la Universitat de València (España), y autor del estudio Impactos de las interacciones entre mascotas y vida silvestre: acortando la distancia entre las leyes de la UE sobre bienestar animal y conservación de la naturaleza. También cuidador de un gato, con el que vive.

Según datos de la Comisión Europea, cerca del 44% de los hogares de la Unión Europea tiene al menos un animal de compañía, de los cuales más del 90% son perros o gatos. Asimismo, según datos proporcionados por Gómez el gato es uno de los depredadores invasores más dañinos del planeta: son responsables de alrededor del 25% de las extinciones contemporáneas de reptiles, aves y mamíferos en todo el mundo. Sobre todo en islas.

“Cuando hablamos de extinción de animales, no nos referimos al erradicado de la especie, sino a la extinción de animales autóctonos en ciertos territorios que pueden seguir existiendo en otros, pero es un problema igual”, se lamenta Gómez, quien critica que, a pesar de las evidencias científicas y los datos, sigue habiendo muchas reticencias para considerar a los gatos asilvestrados como especie invasora.

placeholder Cría de leopardo en cuarentena. (EFE/EPA/Hotli Simanjuntak)
Cría de leopardo en cuarentena. (EFE/EPA/Hotli Simanjuntak)

Para Gómez, uno de los problemas —además del capital social del que gozan los felinos— son los “argumentos tramposos” de un sector defensor de los derechos de los animales domésticos cada vez que se saca el tema. “Siempre me encuentro con que aluden a la contaminación, al ruido, a los coches o a la basura que echa la gente en el campo, como si tú pensaras que solo los gatos son el problema. Que haya más factores no significa que esto no sea importante”, critica.

Un método ('CER') que no funciona

Las colonias y el método CER (captura, esterilización y devolución al entorno) son el método actual con el que se actúa para controlar, en España, a los gatos ferales y reducir sus poblaciones. Un método que todos los entrevistados consideran “fallido” porque, en muchas ocasiones, esas colonias están asentadas en parques naturales o lugares en los que habita fauna afectada por los felinos y porque, aseguran, se ha demostrado que no reducen las poblaciones de ferales. “Las colonias son cebaderos donde los gatos acuden a comer y se quedan por ahí, pero es que, aunque estén alimentados, van a cazar igual por instinto y juego. Además, la ley actual las protege, prácticamente, donde sea que surjan, a pesar de que existe la suficiente literatura científica que demuestra que no son un método efectivo para el control de las poblaciones”, cuenta Clavero desde Doñana.

Del mismo modo, el investigador tampoco entiende la prohibición absoluta del sacrificio en casos extremos: “Si alguien plantea que se maten a 500 gatos en Canarias, se armará la de Dios, una revolución. Pero esas personas que se revolucionen también son responsables de que se atropellen a cientos de miles de gatos al año”, ejemplifica Clavero para insistir en que el mensaje de no dejarlos salir, para que no enfermen y vivan mejor, es clave para convencer y concienciar a los ciudadanos de la importancia de que los gatos no salgan, en la medida de lo posible, de las casas. “Hay que jugar con ellos, para satisfacer su instinto cazador y hay que enriquecer el ambiente de tu casa para que tengan lugar donde trepar, saltar, esconderse. Es decir, hay que hacerles caso y proporcionarles un entorno adecuado a sus necesidades. Pero no dejarles vagar libremente por ahí y que sufran y hagan sufrir”. Y, si uno no tiene tiempo para hacerle caso a su gato, la solución por parte de estos científicos es muy sencilla: no tengas un gato.

Raquel vive en una casa con jardín en un pueblo. Antes tenía un perro viejo. Ahora, que ya no lo tiene, se entretiene mirando por la ventana cómo se pasean los gatos del vecindario. Cuando el animal vivía, solía ver a las palomas torcaces criando en los árboles de su jardín y a un montón de gorriones que jugaban y saciaban la sed en los abrevaderos que ella y su marido les ponen en verano en las olas de calor. En los últimos años, las palomas ya no crían y los gorriones son cada vez menos. A veces, Raquel se encuentra con un montón de plumas ensangrentadas en mitad del patio.

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