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Ni pulpos ni chimpancés: un ser vivo sin cerebro demostró más inteligencia que los humanos
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'Physarum polycephalum'

Ni pulpos ni chimpancés: un ser vivo sin cerebro demostró más inteligencia que los humanos

Este hongo ha puesto en cuestión los límites tradicionales de la inteligencia. Crece en entornos húmedos y sombríos y se alimenta de materia orgánica en descomposición

Foto: 'Physarum polycephalum' (Reuters/Benoit Tessier)
'Physarum polycephalum' (Reuters/Benoit Tessier)

La ciencia ha identificado un organismo sin cerebro ni sistema nervioso capaz de resolver problemas complejos con una eficacia que rivaliza con ciertas soluciones humanas. De ello ha hablado en profundidad Sergio Fuentes Antón, profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales en la Universidad de Salamanca, en un artículo publicado en The Conversation.

El artículo se centra en el comportamiento de Physarum polycephalum, un moho mucilaginoso que cuestiona los límites tradicionales de la inteligencia. Este hongo habita en entornos húmedos y sombríos, donde se alimenta de materia orgánica en descomposición. Su aspecto amorfo y viscoso no anticipa su capacidad para optimizar rutas, adaptarse al entorno y responder a estímulos cambiantes sin necesidad de neuronas ni estructuras cerebrales.

No es de extrañar que este hongo haya despertado el interés de biólogos, ingenieros, neurocientíficos y hasta filósofos. El motivo es claro: Physarum polycephalum demuestra que la toma de decisiones puede surgir de procesos biológicos distribuidos y no de un cerebro centralizado.

Inteligencia distribuida sin neuronas

Clasificado dentro del grupo de los mixomicetos, este organismo coordina su comportamiento a través del movimiento interno de su protoplasma. Dicho material fluye de forma rítmica por todo su cuerpo, generando patrones que funcionan como un sistema de cálculo natural.

Un experimento realizado en el año 2000 por investigadores japoneses demostró que este moho es capaz de explorar múltiples caminos y de encontrar y priorizar el más corto y eficiente. Para ello, lo colocaron en un laberinto con comida al principio y al final. De hecho, eliminó conexiones innecesarias y conservó aquellas que optimizan el acceso al alimento, un proceso comparable al diseño de redes humanas.

El experimento del metro de Tokio

Otro de los ensayos más conocidos se llevó a cabo también en Japón en el año 2010. En aquella ocasión, los investigadores prepararon un gel con la forma del mapa de Tokio y pusieron copos de avena en los lugares correspondientes a las paradas de metro más importantes. En pocos días, el hongo reprodujo con extrema fidelidad la red real del metro de la capital nipona.

Por si eso fuera poco, Physarum polycephalum demostró construir la red de metro de manera más eficiente que el ser humano. ¿Cómo? Pues eliminando conexiones redundantes y estableciendo rutas más cortas y económicas sin necesidad de usar planos, ordenadores ni cálculos matemáticos.

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Estos resultados han convertido al organismo en un referente para la biocomputación y la robótica blanda. Su comportamiento sugiere nuevas vías para desarrollar sistemas tecnológicos más adaptativos y sostenibles, inspirados en una inteligencia que emerge directamente de la interacción entre cuerpo y entorno.

La ciencia ha identificado un organismo sin cerebro ni sistema nervioso capaz de resolver problemas complejos con una eficacia que rivaliza con ciertas soluciones humanas. De ello ha hablado en profundidad Sergio Fuentes Antón, profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales en la Universidad de Salamanca, en un artículo publicado en The Conversation.

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