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La pesadilla de la NASA en el regreso a la Luna: un fallo recurrente y cuatro vidas en juego
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50 AÑOS DESPUÉS

La pesadilla de la NASA en el regreso a la Luna: un fallo recurrente y cuatro vidas en juego

La misión Artemis II se ha aplazado un mes por fugas de combustible, un problema que ya hubo con Artemis I. El programa acumula retrasos pero en juego está una inversión multimillonaria y la vida de cuatro astronautas

Foto: Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen, de la misión Artemis II. (NASA)
Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen, de la misión Artemis II. (NASA)
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La nave espacial Orión aguarda imperturbable en el Centro Espacial Kennedy, en Florida (EEUU), subida a lo alto de un cohete. En ella viajarán los astronautas de Artemis II, que romperán el barbecho de más de 50 años desde la última vez que el ser humano voló alrededor de la Luna. Pero no será esta semana. Aunque estaba previsto que una primera posibilidad de lanzamiento fuera este domingo 8 de febrero, la NASA lo ha retrasado hasta marzo tras detectar fugas de combustible en el ensayo general (Wet Dress Rehearsal) que comenzó hace unos días.

Un retraso que, considerando las dimensiones de la hazaña, es mínimo, pero que supone una puntilla más dentro de un programa que ya acumula varios reajustes temporales y más de dos años respecto a la previsión inicial. Cada día extra es un coste estratosférico. Pero correr y fallar puede comprometer una inversión millonaria, la estrategia espacial internacional y la vida de cuatro personas. Nada puede salir mal.

Sin embargo, algo falló durante el llenado de los tanques del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el cohete que debe lanzar a Orión para que pueda llegar hasta la órbita lunar. “Con más de tres años entre los lanzamientos de los SLS [el de Artemis I se hizo en 2022], anticipamos que encontraríamos desafíos. (...) Estas pruebas están diseñadas para detectar problemas antes del vuelo”, indicó en X el administrador de la NASA, Jared Isaacman.

Este tipo de ensayos dura unas 48 horas, en las que transcurre una cuenta atrás en la que se llevan a cabo todos los preparativos necesarios para el lanzamiento. En el realizado esta semana se quedaron a 5 minutos y 15 segundos del final, cuando detectaron que parte del hidrógeno líquido que forma el combustible se estaba saliendo. Como si al llenar el coche en la gasolinera, la gasolina se escapa por algún lugar entre el tubo y la boca de llenado… solo que mucho más peligroso.

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“Aquí el combustible es totalmente distinto. Es hidrógeno puro en estado líquido, enfriado a temperaturas criogénicas, que se combina con oxígeno, también líquido. Esto forma el combustible, que arde y propulsa el cohete. Estrictamente hablando, está propulsado por agua”, explica Guillermo González, jefe de Producción de los Módulos de Servicio Europeos de la nave Orión, en una rueda de prensa organizada por la Agencia Espacial Europea (ESA). Se trata de un proceso “dificilísimo, porque está a temperaturas bajísimas [-253°C] en un cohete en el que todos los sistemas están a temperatura ambiente”.

El objetivo era probar la capacidad de gestionar más de 700.000 galones de este combustible criogénico, pero no hubo éxito. “Todo lo que toca el hidrógeno líquido se congela, se contrae, y los sistemas están diseñados para que al hacerlo se cierre el sistema. Basta que uno se contraiga de forma ligeramente distinta para que se escape el gas. Que esto pasara estaba previsto”, considera González. De hecho, el contratiempo es un viejo conocido de la NASA: la misión Artemis I tuvo que posponerse dos veces precisamente por fugas de combustible durante la fase de llenado del cohete y otras naves, como el transbordador espacial Columbia en 1990, también han visto como el hidrógeno se les 'ha escapado', provocando retrasos.

La mitad europea de Orión, sin fallos

Para salir al espacio exterior, el típico transbordador espacial que tenemos en mente es demasiado pesado, así que para el programa Artemis había que diseñar otro tipo de nave que pudiera escapar del campo gravitatorio de la Tierra y llegar a la Luna. Así surgió Orión, pequeña y con un 50% de ADN europeo: la parte del módulo de servicio (lo que va debajo de la cápsula donde se ubican los astronautas, made in USA) se ha diseñado y fabricado en Europa.

“El módulo de servicio es lo que permite a la nave volar. Le proporciona propulsión, generación de potencia y electricidad, el control térmico… Lleva los grandes depósitos de agua, oxígeno y nitrógeno para suministrarlos a la cápsula”, especifica González. Una parte vital de la electrónica que controla el sistema de regulación de temperatura para que la tripulación pueda sobrevivir se ha fabricado en España, concretamente en las afueras de Madrid, en Tres Cantos, por la compañía Airbus.

Los errores que se dieron durante el ensayo no tuvieron que ver con la parte desarrollada en Europa, que en principio no se vio afectada, asegura el ingeniero aeroespacial a El Confidencial: “Las incidencias afectaron principalmente al cohete. Durante la prueba, el módulo de servicio que estaba ‘dormitando’ se encendió completamente cuando se empezaron a cargar las baterías y a nivel electrónico se portó muy bien. En principio no hubiera dado problemas para lanzarlo”.

Pero sí hubo otros fallos relacionados con cierres en la cápsula de Orion, comunicación con tierra, y efectos del frío en algunas cámaras (la ola de frío que asola Florida casi hace que la prueba se cancele). El próximo ensayo deberá garantizar que estas incidencias están solventadas y no se compromete la seguridad, el mayor miedo de la agencia espacial estadounidense.

Ambición sosegada por la seguridad

Artemis II es solo el segundo paso de un programa “mucho más ambicioso y complicado que el de Apolo”, incide González. Primero fue una nave no tripulada alrededor de la Luna, ahora es llevar a astronautas hasta la órbita lunar, pero luego será crear una infraestructura permanente para poder hacer estancias largas, algo que no contempló Apolo. Del éxito de la misión actual pende toda estrategia lunar de la NASA, en la que participan países de todo el mundo.

Pero para pisar la Luna, primero hay que garantizar el regreso. En la memoria espacial queda el fatídico accidente del transbordador espacial Columbia, en el que fallecieron los siete astronautas a bordo al desintegrarse la nave cuando reingresó a la atmósfera.

placeholder Técnicos de la NASA utilizan una grúa para levantar y fijar la nave espacial Orión en la parte superior del cohete SLS en el Centro Espacial Kennedy en octubre de 2025. (NASA/Kim Shiflett)
Técnicos de la NASA utilizan una grúa para levantar y fijar la nave espacial Orión en la parte superior del cohete SLS en el Centro Espacial Kennedy en octubre de 2025. (NASA/Kim Shiflett)

“Como siempre, la seguridad sigue siendo nuestra máxima prioridad, tanto para nuestros astronautas como para nuestra plantilla, nuestros sistemas y el público en general. Tal y como se ha indicado anteriormente, solo realizaremos el lanzamiento cuando consideremos que estamos preparados para llevar a cabo esta misión histórica”, afirmó Isaacman, al anunciar los fallos en el ensayo. “La seguridad de los astronautas es fundamental, no es solo una política de empresa, es algo personal. Todo lo que se puede hacer se está haciendo”, asegura González.

Artemis II implica un viaje en el que los cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, estarán diez días lejos de la Tierra. La siguiente oportunidad para intentarlo comienza el 6 de marzo, pero González recuerda que son “ventanas de lanzamiento, no fechas concretas”. Veremos si para entonces las pérdidas de combustible están solucionadas y no han surgido nuevos imprevistos. Mientras, los apasionados del espacio esperan impacientes. González, más paciente, hace suyas las palabras que le dijo su hija: “Si la humanidad ha esperado 53 años en llegar de nuevo a la Luna, puede esperar tres semanas más”.

La nave espacial Orión aguarda imperturbable en el Centro Espacial Kennedy, en Florida (EEUU), subida a lo alto de un cohete. En ella viajarán los astronautas de Artemis II, que romperán el barbecho de más de 50 años desde la última vez que el ser humano voló alrededor de la Luna. Pero no será esta semana. Aunque estaba previsto que una primera posibilidad de lanzamiento fuera este domingo 8 de febrero, la NASA lo ha retrasado hasta marzo tras detectar fugas de combustible en el ensayo general (Wet Dress Rehearsal) que comenzó hace unos días.

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