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¿Ya no es paraje para aves? Las lluvias mejoran la situación en Doñana, pero no obran un milagro
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ANÁLISIS 2024-2025

¿Ya no es paraje para aves? Las lluvias mejoran la situación en Doñana, pero no obran un milagro

El informe sobre la biodiversidad de Doñana presentado hoy muestra que la inundación de la marisma durante el año pasado benefició a la vegetación y la reproducción de fauna, pero los problemas estructurales persisten

Foto: Flamencos en la marisma de Doñana. (EBD-CSIC / J. Manuel Vidal Cordero)
Flamencos en la marisma de Doñana. (EBD-CSIC / J. Manuel Vidal Cordero)

Estos días no deja de llover en el parque nacional de Doñana. Las intensas precipitaciones en Andalucía pueden parecer un respiro para un ecosistema marcado por problemas hidrológicos, pero que llueva no es un hechizo mágico que resuelva inmediatamente todos los problemas de la naturaleza. “Las poblaciones de aves no son el verdín de la pared que aparece cuando llueve, requieren de años para poder recuperarse”, comparaba Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana, en una rueda de prensa hoy en la que se han presentado los resultados del último informe sobre el estado del espacio natural.

Está claro que las lluvias de estos últimos meses afectarán de forma positiva, tanto al paraje como a la reproducción de especies, pero hasta el próximo año no sabremos exactamente cómo. Lo que sí sabemos ya es cómo afectaron las del año pasado.

En el ‘Estado de la Biodiversidad en Doñana’ de 2025, publicado por la Infraestructura Científica y Técnica Singular - Reserva Biológica de Doñana (ICTS-Doñana), dependiente de la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se analizan los efectos del último año hidrológico, que va de septiembre del 2024 a septiembre del 2025, después de una exhaustiva monitorización ambiental. La conclusión es clara: una de cal y otra de arena.

La inundación excepcional de la marisma benefició a la vegetación y la reproducción de aves, anfibios e insectos acuáticos, pero persisten problemas estructurales, como el escaso número de lagunas inundadas, el declive de especies nativas y el impacto de las invasoras.

Alegría en la marisma, preocupación en las lagunas

Durante más de una década, el parque natural Doñana ha sufrido precipitaciones por debajo de la media, con una sequía especialmente incisiva en 2022 y 2023. Sin embargo, el ciclo hidrológico 2024-2025 registró una precipitación total de 675 mm, una cifra superior a la media histórica, situada en 530 mm. Pero no todo el parque responde igual al agua.

La marisma, el ecosistema más extenso de Doñana (unas 27,000 hectáreas), se inunda principalmente con el agua de lluvia y el desbordamiento de aranceles y caños. El año pasado estuvo inundada durante 157 días, el doble del valor del promedio histórico que se calcula desde el 1984, “una anomalía positiva”, valora Rocío Fernández, coordinadora del Equipo de Agua y Medio Terrestre del Programa de Seguimiento de Procesos Naturales. Esto provocó una marisma con mayor vigor vegetal que el año anterior y con más del doble de productividad.

Foto: pinguino-antartida-experto-espanol-cambio-climatico

Sin embargo, esa buena noticia contrasta con la situación de la laguna, que no reaccionó de la misma manera que las marismas. “Pese a ser un año de muchas precipitaciones, el sistema de lagunas depende de un acuífero que está bastante mermado y en una situación crítica, y no llegó a responder”, explica Fernández.

Mantener estos ecosistemas es clave, no solo para Doñana, también para el medio ambiente en general, ya que la marisma y los brezales (comunidades vegetales arbustivas) actúan como sumideros de carbono. “Que estos ecosistemas se vean afectados impacta negativamente en muchos aspectos, ya que nos están dando un servicio ecosistémico muy valioso”, indice la experta. Los brezales, dentro de toda la cubierta terrestre, son las partes que están más afectadas por el descenso acusado del acuífero y son los que dependen de una mayor cantidad de agua para que sus especies puedan sobrevivir.

placeholder La marisma de Doñana el pasado 26 de enero, tras las lluvias de estos días. (EBD-CSIC / Fermín Grodira)
La marisma de Doñana el pasado 26 de enero, tras las lluvias de estos días. (EBD-CSIC / Fermín Grodira)

Sin embargo, la lluvia no siempre es positiva. Cuando sucede de forma torrencial puede tener consecuencias negativas. En el caso del pasado año hidrológico, se observó una primavera especialmente débil en mariposas en vuelo, algo que encaja con los eventos torrenciales. “Como otros tantos insectos, las mariposas (sus adultos, crisálidas y huevos) pueden haberse visto afectadas por estos eventos torrenciales, de muy corta duración pero muy intensos”, explica Fernández.

El misterio de las aves acuáticas

Las postales típicas de Doñana con gansos cruzando el cielo, flamencos sobre el agua y patos de todo tipo en sus aguas también se ven beneficiadas por la lluvia. En general, el 85% de las especies aéreas que se reproducen habitualmente en Doñana mejoraron sus poblaciones respecto al año anterior. Como ejemplo más destacado, Javier Bustamante, vicedirector responsable de la ICTS Doñana, señala el morito, el único ibis que cría en Europa, que tuvo unas cifras de reproducción muy altas.

Sin embargo, siempre hay un ‘pero’: si consideramos el largo plazo, según la tendencia de los últimos 20 años, el 74% de las especies están en declive en un periodo marcado por la degradación hidrológica. “Hay un descenso acusado y sostenido en todas las épocas fenológicas, que encaja con los datos recogidos. La reproducción en Doñana viene decayendo sistemáticamente”, concreta Bustamante. Muchas especies se han reproducido peor que el año anterior, como el pato colorado y la avefría europea. “La detección de sus nidos ha sido muy baja”, añade.

En particular, el informe señala que la situación del ánsar común (ganso) es especialmente sorprendente. Esta especie, ligada al imaginario colectivo de Doñana, ha alcanzado mínimos históricos de invernantes, con tan solo 3.500 individuos censados, unas cifras que alertan sobre su futuro en el ecosistema invernal del parque. “No es realmente por una disminución sino por los cambios de los patrones de invernada, ayudados porque la marisma no encontró unas condiciones adecuadas para las aves acuáticas. Así que podemos decir que fue un ciclo pobre”, explica Bustamante.

placeholder Una espátula (ave zancuda) sobrevuela el parque natural de Doñana el pasado 26 de enero. (EBD-CSIC / Fermín Grodira)
Una espátula (ave zancuda) sobrevuela el parque natural de Doñana el pasado 26 de enero. (EBD-CSIC / Fermín Grodira)

En 2025, el número de parejas reproductoras aumentó en el 85 % de las especies respecto a 2024. Pero si se analiza la evolución en los últimos 20 años, el panorama preocupa: cerca de tres cuartas partes de las especies muestran un descenso en el número de parejas reproductoras, asociado a la degradación hidrológica de Doñana.

Un Doñana invadido

Las especies invasoras siguen ocupando el parque natural, y los datos indican que mantienen su recurrencia en hábitats inestables o degradados. La especie exótica por excelencia es el cangrejo, que sigue siendo el que prevalece por encima de todos. También otros como la jaiba azul, que continúa su presencia en los caños mareales.

También ocurre con los peces, donde hay especies invasoras con muchísima más presencia que autóctonas que casi han desaparecido. “El salinete es una especie importante. Después de no detectarse en el año hidrológico 2024-2025, la hemos reencontrado en septiembre de 2025. No la hemos perdido, sabemos dónde está, pero su situación es muy crítica, especialmente afectada por este periodo de sequía tan extremo”, explica Fernández. Si se compara, por contra hay una abundancia preocupante de peces invasores, como el pez gato, la gambusia o las carpas y carpines.

A pesar de las lluvias, la situación de los galápagos también ha seguido empeorando y están en una situación crítica. De nuevo, “la sequía recurrente y la menor disponibilidad de cuerpos de agua todos estos años ha hecho que la población vaya mermando”, incide Fernández. El lagarto ocelado, el más grande de la península ibérica, "casi ha desaparecido y sigue sin detectarse en Doñana”, ejemplifica Bustamante.

Que llueva, que llueva

Las tormentas del marzo pasado seguramente quedarán en nada comparado con lo que está lloviendo ahora mismo, y esto puede ser algo muy positivo para el parque, aunque tampoco obrará un milagro. “El agua de este año y la del año pasado ha supuesto la estabilización de Doñana, que estaba en una trayectoria negativa, tanto a los espacios naturales como a las especies. Algunas han mejorado muy rápido, otras van más despacio, pero las que se han perdido no se van a poder recuperar”, matiza Revilla.

placeholder Personal técnico de la ICTS Doñana realizando muestreos en la marisma. (EBD-CSIC / J. Manuel Vidal Cordero)
Personal técnico de la ICTS Doñana realizando muestreos en la marisma. (EBD-CSIC / J. Manuel Vidal Cordero)

Lo mismo sucede con el acuífero. “Los datos dicen que ha habido una estabilización, ha dejado de empeorar y se ha iniciado una lenta recuperación. Esto es importante: son sistemas que responden de manera lenta, requieren de tiempo y por eso sirven de reserva de agua cuando vienen los periodos de sequía”, subraya el director de Doñana. Pero de nada sirve esta lenta recuperación si la demanda es superior y se sobreexplota el recurso, algo que están intentando mejorar en el parque natural.

El informe presentado hoy se enmarca en el Programa de Seguimiento de Procesos Naturales en el Espacio Natural de Doñana (END) llevado a cabo por la Infraestructura Científica y Tecnológica Singular-Reserva Biológica de Doñana (ICTS-Doñana) perteneciente a la Estación Biológica de Doñana (EBD), instituto de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El Programa de Seguimiento de Procesos Naturales recoge periódicamente datos científicos sobre el estado de conservación de Doñana y permite detectar los cambios en los ecosistemas analizados (aparición de especies invasoras, declive de especies amenazadas y desecación progresiva de los humedales). Veremos si, en el próximo año hidrológico, las lluvias han mejorado el parque tanto como podemos pensar ahora.

Estos días no deja de llover en el parque nacional de Doñana. Las intensas precipitaciones en Andalucía pueden parecer un respiro para un ecosistema marcado por problemas hidrológicos, pero que llueva no es un hechizo mágico que resuelva inmediatamente todos los problemas de la naturaleza. “Las poblaciones de aves no son el verdín de la pared que aparece cuando llueve, requieren de años para poder recuperarse”, comparaba Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana, en una rueda de prensa hoy en la que se han presentado los resultados del último informe sobre el estado del espacio natural.

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