La ciencia tras el recado de Sánchez a Musk: qué pierde la humanidad si no llegamos a Marte
La investigación espacial siempre deja avances científicos y tecnológicos en electrónica, energía, agricultura y salud, que tienen aplicación directa en la Tierra. Que Marte espere no es bueno ni para la sociedad ni para Sánchez
Si el sonido pudiera viajar por el espacio, la contestación que le dio Pedro Sánchez a Elon Musk el pasado jueves habría resonado por toda la Vía Láctea. A falta de ello, se escuchó al menos por todo internet. El presidente del Gobierno escribió en X, la red social propiedad del magnate de origen sudafricano, "Marte puede esperar, la humanidad no", como respuesta a la sorpresa que este mostró ante la regularización de 500.000 personas migrantes aprobada por el Ejecutivo. Hay quien lo celebró como un 'zasca' de defensa a su política migratoria, pero también se puede ver como una estrategia política para cabrear a Trump, conseguir una especie de ‘efecto Carney’ (el primer ministro canadiense, Mark Carney, está haciendo justo lo mismo) y subir en las encuestas.
Sea como fuere, confrontar a Musk en X parece haberse puesto de moda entre los políticos españoles (Irene Montero lo hizo antes de ayer). Lo irónico es que, más allá de beefs, la alusión de Sánchez al sueño de Musk de viajar a Marte con SpaceX choca con la propia estrategia científica del actual Gobierno.
Sánchez creó la Agencia Espacial Española (AEE) y ha aumentado la aportación económica a la Agencia Espacial Europea (ESA) hasta los 455 millones de euros anuales. Llegar a Marte puede ser el capricho del hombre más rico del mundo, que en 2020 pecó de optimista diciendo que este año podría haber humanos en Marte. Pero también es un objetivo científico y tecnológico de primer orden sin el que la humanidad se perdería muchísimas cosas.
¿De qué estamos hablando? Desarrollo de telemedicina avanzada y tratamientos contra la degradación ósea y muscular, nuevos materiales y formas de energía, avances tecnológicos en satélites… La investigación espacial no solo busca si hay vida extraterrestre; por el camino requiere resolver problemas extremos que tienen aplicaciones directas en la Tierra.
Fabricar combustible y sobrevivir a tormentas solares
“Para viajar a Marte hay que poner a cinco personas en una ‘caja’ que no se podrá abrir en tres años. Hay miles de actividades donde necesitaremos hacer un progreso inmenso: sistemas de reciclaje, alimentación, telemedicina… ¿Cómo no va a traer esto avances?”, reflexionó para Forbes Didier Schmitt, de la Agencia Espacial Europea (ESA), cuando era responsable de exploración robótica y humana.
Para un viaje así hace falta mucha energía y combustible que garanticen la ida y, sobre todo, la vuelta. “Para Marte seguramente se usen modelos energéticos híbridos que combinen energía solar con otro tipo de propulsión. También se está investigando en velas solares que utilicen el viento solar, las partículas que emite el sol, para apoyar la navegación”, explica a El Confidencial Ignasi Ribas Canudas, investigador en el Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC y director del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC).
Estas mejoras se podrán trasladar a los satélites que ya utilizamos y a nuestras formas de energía en la Tierra. De hecho, el desarrollo de la energía fotovoltaica se impulsó precisamente gracias a la carrera espacial. Aunque apareció en el siglo XIX, no fue hasta la disputa por llegar a la Luna entre estadounidenses y soviéticos cuando experimentó un gran impulso. Los paneles solares que ahora pueblan nuestros tejados y campos provienen de la investigación sobre el espacio.
Mars can wait. Humanity can’t. https://t.co/Oc4qAYtd3f
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) January 29, 2026
Pero solo con esa energía no bastaría, así que SpaceX lleva desde 2012 trabajando en el diseño de los motores de cohete Raptor. La clave allí es usar el dióxido de carbono, que constituye aproximadamente el 95% de la atmósfera de Marte. Combinando ese gas e hidrógeno a través de la reacción de Sabatier (que se utiliza en la Estación Espacial Internacional (EEI o ISS) para producir oxígeno respirable a partir del agua) se puede fabricar metano. En la Universidad de California también investigan cómo conseguir ese combustible en la superficie marciana gracias a un catalizador de zinc. Perfeccionar esto a una escala industrial permitiría crear combustibles sintéticos neutros en carbono en la Tierra y avanzar en soluciones para la crisis energética.
Pero el Sol y la energía no solo ayudan, también pueden condenar una misión espacial. Uno de los riesgos fundamentales a los que se expone un viaje a Marte son las tormentas electromagnéticas, “que pueden afectar tanto a los seres humanos como a toda la electrónica que lleven; es el mismo problema al que se exponen los satélites de los que dependemos para comunicaciones, teledetección, meteorología, etc.”, explica David Barrado, investigador del departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología (CAB) del INTA-CSIC, en conversación con este diario.
No es habitual que pase (la más potente jamás registrada, que quemó sistemas de telégrafo, fue en 1859), pero otras más recientes han provocado apagones y justo acaba de registrarse un récord de radiación. Por eso se investiga para reforzar los circuitos electrónicos en órbita y las redes eléctricas. “Conseguirlo en una nave podría aplicarse para que instalaciones terrestres puedan sobrevivir a una tormenta solar”, añade Barrado.
Peces en Marte y sostenibilidad en la Tierra
Ir a nuestro vecino rojo supone un viaje de al menos seis meses de ida y seis de vuelta; si hay un asentamiento, aún más. Esto implica que los astronautas estarán “desconectados de la Tierra más de un año, así que tienen que ser autosuficientes durante ese tiempo y eso aún no se ha hecho nunca, hasta ahora ha habido servicio con la EEI”, apunta Ribas Canudas.
Para conseguirlo hay que configurar un sistema en el que todo se recicle y reutilice, porque por peso es imposible transportar todo lo que se necesitaría. “En el espacio hay que elevar la economía circular a la máxima potencia. Cualquier solución que se desarrolle para sobrevivir con unos recursos muy limitados, y que haga que tengamos una huella ecológica lo más pequeña posible, tiene aplicación directa en lo que necesitamos en los próximos años en la Tierra”, añade el científico.
Esto también se aplica en agricultura y la obtención de alimentos en un ambiente extremo. Laia Ribas Cabezas, bióloga del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), trabaja en un proyecto de la ESA sobre la cría de peces en Marte. “Por primera vez, vamos a lanzar peces de acuicultura (embriones y larvas) en el espacio y estarán 15 días en la EEI para estudiar cómo les afecta la microgravedad y la radiación. Tomaremos muestras y volverán a mi laboratorio para estudiar los cambios epigenéticos, es decir, los cambios en las alteraciones de los genes”, explica la bióloga, que fue una de las científicas que participó en Hypatia I, una misión donde se recreó una estación humana en el planeta rojo.
La acuicultura marciana no solo podría proporcionar proteína animal a un futuro asentamiento humano allí, también podría ayudar a impulsar prácticas más sostenibles en la Tierra, considera Ribas Cabezas. “En Marte hay que reducir costes para todo, sea para cultivo de plantas o de peces. Aquí no tenemos esa exigencia, gastamos demasiados recursos hídricos y energéticos, y producimos mucha comida que al final va a la basura”, indica. Algo que no nos podemos permitir: se estima que en 2050 no habrá suficientes peces para abastecer a la población mundial.
Encontrar soluciones a estos problemas es vital porque, aunque Musk ha defendido que colonizar Marte es un "seguro de vida" para la humanidad por si nuestro planeta ya no es habitable, Barrado lo niega: “No hay un plan B a la Tierra, es imposible trasladar a 9.000 millones de personas, solo irían los privilegiados y además vivirían mucho peor”.
Tu colchón y tu aspiradora ya vienen del espacio
Donde sí vivimos mejor es en la Tierra gracias a la investigación espacial. Los termómetros infrarrojos nacieron de adaptar a nuestro tímpano la tecnología que desarrolló la NASA para medir la radiación infrarroja de las estrellas. Los dispositivos y electrodomésticos inalámbricos son posibles gracias a que la empresa Black & Decker desarrolló para la NASA un taladro sin cables que usar en la Luna. Y los colchones de espuma viscoelástica llegaron después de buscar un material (el memory foam) que redujera el impacto de los pilotos en los aterrizajes.
Detectores de humo, filtros y purificadores de agua, materiales que ahora se usan en miembros ortopédicos… “En ese momento ni siquiera se sabía que la mayor parte de esos productos tendrían después una utilidad. Seguro que tendremos que multiplicar por 10 lo que podamos especular ahora sobre usos futuros y lo que luego se aprenderá”, sostiene Ribas. Por eso, añade, “la investigación libre es interesante y necesaria”.
"La investigación básica redunda, ya sea mañana o dentro de 10 años, en beneficio de la humanidad", David Barrado, INTA-CSIC
Si ni siquiera estos inventos nos convencen (hay muchos más), pensemos en su impacto económico. Es difícil calcular de forma concreta el retorno de la inversión en exploración espacial, pero se estiman 7 dólares por cada dólar invertido en el programa Apolo y 40 por cada dólar gastado en el desarrollo espacial actual, recoge la National Space Society. Ya lo vaticinó el astrofísico y divulgador Carl Sagan: “El dinero gastado en la exploración espacial, gracias al empleo técnico y al estímulo que supone para la alta tecnología, tiene un efecto multiplicador sobre la economía”.
Las predicciones actuales de Musk apuntan a enviar naves no tripuladas a finales de 2026 o 2027 y misiones humanas para 2029-2031. La NASA es más conservadora y su objetivo principal está fijado para 2040. La ESA no cree que sea factible que haya personas asentadas allí en las próximas tres décadas. A Marte le toca, pues, ser paciente, pero la humanidad también se queda esperando avances que le repercutirían de forma positiva. Puede que muchos de ellos estén a punto de llegar: esta semana la NASA calienta motores con Artemis II, un paso clave para futuras misiones tripuladas hacia el sueño rojo.
Si el sonido pudiera viajar por el espacio, la contestación que le dio Pedro Sánchez a Elon Musk el pasado jueves habría resonado por toda la Vía Láctea. A falta de ello, se escuchó al menos por todo internet. El presidente del Gobierno escribió en X, la red social propiedad del magnate de origen sudafricano, "Marte puede esperar, la humanidad no", como respuesta a la sorpresa que este mostró ante la regularización de 500.000 personas migrantes aprobada por el Ejecutivo. Hay quien lo celebró como un 'zasca' de defensa a su política migratoria, pero también se puede ver como una estrategia política para cabrear a Trump, conseguir una especie de ‘efecto Carney’ (el primer ministro canadiense, Mark Carney, está haciendo justo lo mismo) y subir en las encuestas.