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La Aemet predijo un invierno "seco y cálido": por qué la borrasca Kristin no le quita la razón
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PREDICCIÓN DE "BROCHA GORDA"

La Aemet predijo un invierno "seco y cálido": por qué la borrasca Kristin no le quita la razón

Episodios de nieve y lluvia no son incompatibles con una temperatura media del invierno más alta de lo normal. Pero las predicciones son probabilidades, no certezas, y nuestra memoria meteorológica está alterándose con el cambio climático

Foto: El centro de Madrid durante el temporal. (Europa Press/César Vallejo Rodríguez)
El centro de Madrid durante el temporal. (Europa Press/César Vallejo Rodríguez)
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En noviembre, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) sacó su bola de cristal llena de modelos (un poquito de física, un poquito de matemáticas, un montón de datos) y lanzó su predicción: un invierno más cálido y más seco de lo normal. Sin embargo, estamos cerrando un enero en el que gran parte de España se ha visto bajo los efectos de varias borrascas, la última, Kristin, que provocó ayer nevadas intensas en ciudades como Madrid, vientos huracanados (hasta 130 km/h en Almería) y oleaje extremo en muchos puntos del litoral.

¿De dónde sale este giro de guion, que ha provocado debates incendiarios en redes sociales? De ningún sitio porque, en realidad, estamos entendiendo mal la película de las predicciones. Y simplificándola. Nuestra percepción del invierno ha cambiado en los últimos años. Nos estamos acostumbrando a temperaturas cada vez más altas durante la temporada invernal, y cualquier evento frío nos hace sentir que se rompe la media cuando, en realidad, vivimos en una anomalía.

La predicción estacional que compartió AEMET para el invierno meteorológico (que va de diciembre a febrero) mostró como escenarios más probables “el de temperaturas superiores a lo normal en todo el país”. Sobre las precipitaciones, señalaron a “un invierno con menos lluvias de lo habitual”. También avisaron de que nevaría.

“Cuando hacemos una predicción estacional estamos haciendo una previsión a brocha gorda que abarca tres meses. Todas las previsiones que hacemos tanto en meteorología como en clima están sujetas a un grado de incertidumbre”, explica a este diario Isabel Moreno, física, meteoróloga y presentadora del programa Aquí la Tierra. La divulgadora señala que, aunque estos días hayamos visto mucha lluvia y nieve, hoy mismo las temperaturas están algo por encima de la media. “Habrá que ver el promedio, porque los distintos periodos se pueden compensar”, añade.

Foto: derretir-nieve-hielo-alemania-sal-prohibida-espana

"Para valorar si se ajusta o no una predicción estacional hay que esperar a que concluya la estación; entonces se podrá hacer un balance”, coincide José Miguel Viñas, meteorólogo en Meteored, consultor de la Organización Meteorológica Mundial y divulgador (Divulgameteo), en conversación con El Confidencial.

La realidad es que no se han registrado olas de frío en lo que llevamos de invierno. En los últimos 50 años, estos episodios se han vuelto cada vez menos frecuentes en la península, según un análisis de Meteoclimática (iniciativa del CREAF) con datos de AEMET. Los analistas indican que este podría ser el tercer invierno consecutivo sin ninguna ola de frío oficial, frente a una década seguida de olas de calor. Pero, incluso aunque cuando acabe febrero, este invierno haya sido en general frío y húmedo, “eso no demuestra que los modelos fallen; simplemente se pueden cumplir escenarios menos probables”, añade Moreno. ‘Probable’ es la palabra que hay que subrayar.

Cuestión de probabilidad

Ya sea a nivel estacional o para pronósticos meteorológicos diarios, en todo momento se habla de probabilidades, no de certezas. En su comunicado del pasado 30 de noviembre, la AEMET indicó concretamente: “Hay un 60 a 70% de probabilidad de que sea más cálido de lo normal en toda España, frente a un 10% de que sea más frío”. Respecto a la lluvia, la incertidumbre era mayor: “En el suroeste peninsular hay un 40% de probabilidad de que sea un invierno más seco de lo normal, frente a un 25% de que sea más lluvioso”.

“Siendo estrictamente rigurosos, AEMET no pronosticó un invierno cálido y seco, pronosticó una ‘probabilidad’ de que el invierno fuese así”, subraya Benito Fuentes, meteorólogo con el que ha hablado este diario. Además, una probabilidad del 60% implica que existe una probabilidad del 40% de que no sea cálido (casi la mitad). “Son las situaciones más probables, pero esto es como un sorteo. Si tienes el 60% de las papeletas es más probable que te toque, pero también puede caer en el otro lado”, añade Moreno.

Desde la AEMET, su portavoz Rubén del Campo matiza a este diario que el comunicado se está simplificando: "Cuando hablamos de que un mes de invierno será 'más cálido de lo normal', no queremos decir que vaya a ser 'cálido' en términos absolutos, es decir, no es que vaya a hacer calor, sino que sus temperaturas van a ser superiores a las de un período de referencia (concretamente, 1991-2020)". El error de interpretación viene de decir que el invierno va a ser 'cálido', a secas, y eliminar la comparativa. Lo mismo sucede con las lluvias: "No dijimos que fuera a ser un invierno 'seco': en la mayor parte de España no había una tendencia clara".

Del Campo pone como ejemplo Filomena, un temporal histórico que sucedió durante un invierno (el de 2020-2021) que, en realidad, tuvo carácter cálido. El portavoz de la AEMET entiende que, "en la necesaria simplificación para los titulares, se pierde parte importante de la información, que puede generar en equívocos".

En cualquier caso, los escenarios más probables no tienen por qué ser siempre los que se cumplan. “Las predicciones estacionales nunca son deterministas, siempre son probabilistas”, zanja Fuentes. Pero esto, de cara al público, puede inducir a error y dar alas al negacionismo climático.

Un día de nieve alterado por la memoria

“No soy partidario de que se publiquen las previsiones estacionales. Son productos ínfimamente desarrollados, y su difusión contribuye a un clima de desinformación en torno al negacionismo climático”, tuiteaba hace un par de días Adrián Cordero, periodista especializado en meteorología, respecto a la previsión de la AEMET. Los mapas en rojo daban vueltas en X estos días, con usuarios cuestionando las predicciones. “Si yo soy un negacionista o un conspiranoico, me voy a quedar solamente con el colorcito naranja del mapa y pensaré que se ha dicho que va a ser cálido”, se lamenta Fuentes.

Pero un episodio concreto no es una predicción estacional. Tiempo atmosférico y clima no son lo mismo. Y la diferencia es clave. “Estamos en un contexto de clima en el que hay un calentamiento acelerado con fenómenos muy extremos. Eso no es incompatible con que podamos tener periodos (algo puntual o una estación) en los que el tiempo en una región sea contrario a la tendencia observada en el mundo”, analiza Viñas. "Las tendencias son clarísimas. Porque un día haya nevado y haga frío y viento no se puede cuestionar el calentamiento global. Eso lo hace un negacionista”, añade.

“Puedes tener un invierno que sea frío, lluvioso y con muchísima nieve, pero en ningún caso niega el cambio climático”, Isabel Moreno

Pero cuando nieva, se nos olvida todo lo anterior, y aparece quien afirma lo de: ‘Nunca ha hecho tanto frío como este invierno’. (Da igual cuando leas esto). Aquí la memoria nos puede jugar una mala pasada, especialmente cuando estamos influenciados por sesgos y sobreinformación.

“Nuestra percepción nos indica que este invierno está siendo muy frío porque estamos acostumbrados a inviernos cada vez más cálidos. Los anteriores se salieron de la media, hasta el punto de que hemos interiorizado que es lo normal. Pero en este invierno todavía no ha habido una ola de frío significativa”, explica Fuentes. Lamentablemente, “estamos interiorizando el calentamiento global”.

Ante la duda, conviene mirar a los datos, como los que recopila César Rodríguez Ballesteros, funcionario jubilado de la AEMET. En sus mapas se puede ver que, aunque podamos pensar que estamos teniendo unas temperaturas muy bajas, los históricos nos dicen que en realidad hay anomalías. Como ejemplo, estos de las máximas y mínimas del martes 27 de enero, un día antes de la nieve que sorprendió en núcleos urbanos como Madrid.

“Puede que haya personas que tengan la sensación de que el tiempo no se ha comportado como se predice desde hace años. Pero hay que ampliar el foco y no quedarnos en lo local. Que nieve en nuestra ciudad en un momento dado no es incompatible con el cambio climático que sufre todo el planeta”, indica Viñas. El calentamiento global hace que dominen los inviernos suaves con periodos largos sin precipitaciones ni nevadas; esto es lo que venimos teniendo y lo que indicaba la predicción de la AEMET.

En unos años, “si las tendencias siguen como hasta ahora, este invierno se recordará como uno en el que en algún momento hizo frío y llovió, pero no durante toda la estación”, concluye Viñas. Seguro que lo que muchos y muchas recordamos es la nevada de ayer.

La nieve en Madrid que nadie esperaba

Las predicciones estacionales no son exactamente iguales a que se hacen día a día, esas que consultamos en el telediario o en la app de nuestro móvil. Pero estas también pueden no acertar. Ayer, entre algunos la sensación era que la AEMET no había alertado lo suficiente del colapso de nieve que acontecería en la capital.

“El primer problema de los modelos de predicción es que sus ecuaciones son intrínsecamente inestables y pequeñas variaciones afectan mucho al resultado final. En cuanto varían un poco las condiciones, se obtienen cosas muy diferentes”, detalla a El Confidencial Ángel Castro, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y experto en ecuaciones en derivadas parciales de los fluidos. Así, cualquier pequeño fallo en la toma de datos de hoy (viento, presión o humedad) se multiplica exponencialmente.

placeholder El temporal de nieve dejó incidencias en la capital y en otros muchos puntos del país. (Europa Press/César Vallejo Rodríguez)
El temporal de nieve dejó incidencias en la capital y en otros muchos puntos del país. (Europa Press/César Vallejo Rodríguez)

El segundo problema tiene que ver con las capacidades computacionales. “Si quieres que el ordenador te haga un cálculo superpreciso, a lo mejor obtienes el resultado dentro de dos semanas. Cuando estás intentando predecir el tiempo de mañana esto no tiene sentido”, explica el matemático. Lo que se hace entonces es recurrir a modelos aproximados para que al ordenador le cueste menos resolverlo pero, en el camino, introducimos errores.

“Sumando las pequeñas variaciones en los datos a que tenemos que recurrir a aproximaciones que nos den soluciones en tiempos razonables, puede que lo que obtenemos no se aproxime a la realidad”, concluye Castro. La atmósfera no deja de ser un sistema caótico y no lineal, sobre el que ningún modelo matemático puede poner la mano en el fuego (ni en la nieve). Por eso, mejor seguir hablando de probabilidades.

En noviembre, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) sacó su bola de cristal llena de modelos (un poquito de física, un poquito de matemáticas, un montón de datos) y lanzó su predicción: un invierno más cálido y más seco de lo normal. Sin embargo, estamos cerrando un enero en el que gran parte de España se ha visto bajo los efectos de varias borrascas, la última, Kristin, que provocó ayer nevadas intensas en ciudades como Madrid, vientos huracanados (hasta 130 km/h en Almería) y oleaje extremo en muchos puntos del litoral.

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