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La partícula milimétrica que ha hecho un roto gigante en la estrategia aeroespacial española
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Gravity, a la española

La partícula milimétrica que ha hecho un roto gigante en la estrategia aeroespacial española

Es pura física: la velocidad que tienen en esas órbitas los desechos espaciales conlleva una energía cinética que puede causar un daño crítico. El agujero que provocó en el SpainSat NG II, de Hisdesat, también es estratégico y económico

Foto: Lanzamiento del programa Spainsat NG, que busca mejorar las comunicaciones seguras de las Fuerzas Armadas y países aliados. (Hisdesat)
Lanzamiento del programa Spainsat NG, que busca mejorar las comunicaciones seguras de las Fuerzas Armadas y países aliados. (Hisdesat)
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El año arrancó muy negro para el proyecto satelital "más ambicioso y tecnológicamente avanzado jamás desarrollado en España". Una partícula espacial milimétrica impactó contra el SpainSat NG II, el segundo satélite del programa SATCOM-SPAINSAT NG, durante el viaje hacia su posición orbital definitiva. Tras dos semanas de silencio e incertidumbre, Indra, socio mayoritario de Hisdesat (la empresa española detrás del proyecto), lanzó un comunicado reconociendo lo peor: los daños impiden que pueda realizar la misión prevista y hay que sustituirlo. Es muy poco frecuente que un microimpacto así acabe con con la pérdida de un satélite, pero no es imposible.

¿Cómo puede haber causado tanto lío una partícula espacial de unos milímetros (poco más que un grano de arena) si el SpainSat es un mamotreto de más de siete metros y seis toneladas que ha costado 1.000 millones de euros? La respuesta está en la física básica que se estudia en el instituto. Otra pregunta es de dónde salió esa partícula. La moraleja a la que ya nos podemos anticipar es que sale a cuenta pagar el seguro completo del satélite, como aseguran haber hecho (aunque aquí hay letra pequeña que analizar).

Este programa se ha presentado como crucial para la modernización de las comunicaciones por satélite de las Fuerzas Armadas y un hito para igualarnos a otras potencias de la OTAN. Aunque el servicio que recibe el Ministerio de Defensa no está comprometido, lo que sí está garantizado es que el salto de categoría y seguridad que prometía SpainSat NG se verá aplazado varios años. Con solo el SpainSat NG I operativo, el Ministerio de Defensa se queda a medio gas en una parte del mundo, y para ‘ver’ más tendría que recurrir a satélites externos, como los de Elon Musk.

Qué partículas hay ahí fuera

El incidente se produjo a una distancia de 50.000 kilómetros de la Tierra. A esa altura, los objetos espaciales se exponen a dos tipos de partículas: las que ha creado el ser humano y las que son naturales.

“Si las hemos creado nosotros, son trozos de satélites, de explosiones de cohetes, o simplemente un material que se puede degradar o que se erosiona por un choque. Es verdad que a 50.000 kilómetros tenemos muy pocos satélites, pero algunos hay. Así que no es descartable que sea basura espacial”, indica a El Confidencial Noelia Sánchez, cofundadora de Arribes Enlightenment y profesora de Seguridad Espacial de la Universidad Carlos III de Madrid. También pueden ser “trocitos de cometas o de asteroides, que llamamos micrometeoroides, como los que vemos quemarse en verano en lo que conocemos como estrellas fugaces”.

Foto: derretir-nieve-hielo-alemania-sal-prohibida-espana

La experta, que es responsable del Comité de Basura Espacial de la International Academy of Astronautics (IAA), explica que “si los desechos o los asteroides son grandes, los podemos observar, calcular su órbita y avisar a los operadores de los satélites; pero con partículas minúsculas estamos ciegos”. También es muy difícil averiguar su origen, pero la consecuencia de su impacto es similar.

En este caso, lo más probable es que el SpainSat NG II no se recupere y no podamos averiguar con qué chocó. “No hay una regulación que obligue a hacerlo y recuperar un satélite es muy caro. Cuando están en una órbita baja los empujamos de vuelta, pero con los que están en órbitas altas cualquier maniobra sería muy costosa”, matiza Sánchez. La doctora en ingeniería aeronáutica recuerda lo que sucedió con un satélite militar francés, el Cerise, que sufrió una de las primeras colisiones con un desecho espacial de la que se tuvo constancia oficial, y sobre el que a posteriori apenas se compartió información.

Pequeña pero matona

Lo que sí sabemos sobre el SpainSat NG II es que “la partícula espacial que colisionó con el satélite tenía una dimensión milimétrica y apenas unos gramos de masa” y que “la gran velocidad del impacto en una zona vital del satélite ha ocasionado daños no recuperables”, según señala Indra. Para entender cómo afecta la variable velocidad tenemos que recordar cómo se calcula la energía cinética, aquella que un cuerpo posee por su movimiento relativo.

La fórmula es clara: masa por la velocidad al cuadrado dividido por dos. Es decir, doblar la velocidad de una partícula, por milimétrica que sea, cuadruplica la energía de su choque. “Los micrometeoritos y los fragmentos de basura espacial se mueven habitualmente a velocidades del orden de 10 a 25 km/s (unidad habitual a la que se mide la velocidad en el espacio). A esas velocidades, incluso objetos muy pequeños se convierten en proyectiles extremadamente energéticos”, explica a El Confidencial Juan Carlos Gil, responsable de innovación en sistemas espaciales en GMV.

placeholder El satélite Sentinel-1A de Copernicus impactado por una partícula espacial. (ESA)
El satélite Sentinel-1A de Copernicus impactado por una partícula espacial. (ESA)

Ya solo hay que hacer cálculos sencillos para hacernos una idea del impacto que pudo suponer esa partícula espacial en el SpainSat NG II. Por ejemplo, “un objeto de aproximadamente 2 gramos (como una moneda de 1 céntimo) impactando a 20 km/s libera una energía comparable a la de un automóvil de una tonelada circulando a 100 km/h”, ilustra Gil. Y si la velocidad aumenta hasta 25 km/s, “la energía del impacto se sitúa ya en el mismo orden de magnitud que la liberada por un pequeño cartucho de dinamita”.

Pero además, a estas velocidades no se produce un ‘choque normal’ como el que podríamos tener en mente, sino lo que en ingeniería espacial se llama “impacto hiperveloz: los materiales se vaporizan instantáneamente, se generan ondas de choque internas y se producen daños muy severos concentrados en un volumen muy reducido”, desarrolla el experto, que trabaja desde hace más de 30 años en el sector espacial.

Doble mala suerte irreparable

No es descabellado que una partícula espacial diminuta choque contra un objeto o nave espacial. Pasó en 2022 con el telescopio espacial James Webb sin que el daño comprometiera su servicio. “Lo que sí es muy poco frecuente es que un microimpacto derive en la pérdida completa de un satélite”, considera Gil. El experto recuerda dos precedentes entre los escasos casos que ha habido, el Skynet 4F (Reino Unido, 1990) y el Anik D2 (Canadá, 1994).

Para intentar capear las partículas espaciales, los satélites modernos de naturaleza militar como SpainSat NG II incorporan protecciones específicas como blindajes multicapa y resistencia frente a fenómenos extremos. Pero “no es técnicamente posible blindar todos los componentes sin comprometer su funcionalidad: elementos como cableados, conexiones de potencia o interfaces internas no pueden recubrirse completamente”, detalla Gil.

Cree que lo que ha pasado responde a una “auténtica doble mala suerte”. Primero, que se haya producido el impacto de una partícula milimétrica, “un tipo de evento relativamente poco frecuente”. Segundo, que se produjera exactamente en una zona vital del sistema.

Un impacto así es una combinación de circunstancias extraordinariamente improbable

¿Es posible reparar un satélite geoestacionario en órbita? Un daño de este tipo, hoy en día, no, consideran los expertos consultados por El Confidencial. “Una misión tripulada está completamente descartada y las limitadas capacidades robóticas existentes se restringen a demostradores en órbita baja”, afirma Gil. El propio satélite tampoco está diseñado para ser reparado en órbita; sería complejo y caro.

En el espacio nada está garantizado y una vez que algo se ha lanzado es muy difícil de reparar. No es común que ocurra, pero no es la primera vez que pasa y volverá a suceder”, coincide Julián Fernández, CEO de la española Fossa Systems, en conversación con El Confidencial.

Más allá de impactos de partículas espaciales, hay otros factores por los que se puede perder el servicio de un satélite geoestacionario. Como ocurrió con el Viasat-3, que sufrió un "evento inesperado" durante el despliegue de su reflector que no se abrió correctamente, recuerda Fernández. “Lo normal es que este tipo de satélites fallen menos porque están diseñados para durar 15 años”, agrega el ingeniero. A cambio necesitan inversiones muy grandes y el golpe, si llega, es mayor: más pérdida económica y más retraso en el reemplazo. Esto es precisamente lo que ahora está comprometido.

Lo que se pierde: tiempo y cobertura

La construcción de los dos primeros satélites de Hisdesat se anunció a mediados de 2019. En enero de 2025 se lanzó el SpainSat NG I y, el 24 de octubre del mismo año, su gemelo. Como el diseño ya está hecho y validado, el tiempo de desarrollo de un Spain Sat NG III sería “bastante más corto”, vaticinó el consejero delegado de Hisdesat, Miguel Ángel García Primo, en una entrevista a EFE en octubre de 2025. En ese momento, en el que hablaba de un tercer cohete operativo y no un reemplazo, el CEO estimó el proceso en cuatro años.

placeholder Mapa que muestra el movimiento del SpainSat NG II en la web de rastreo de satélites en tiempo real n2yo.com. (N2YO)
Mapa que muestra el movimiento del SpainSat NG II en la web de rastreo de satélites en tiempo real n2yo.com. (N2YO)

El Ministerio de Defensa indicó a este diario que los plazos para tener el SpainSat NG III aún no están definidos. Pero si las predicciones del García Primo se cumplieran, ¿qué implica para las telecomunicaciones militares españolas que un segundo SpainSat NG no esté operativo hasta 2030? No cubrir rangos específicos (las bandas X, Ka y UHF) ni mejorar los estándares de seguridad. Este revés también “supone una limitación en cobertura geográfica y tendrá un impacto en las operaciones que tienen en el extranjero las Fuerzas Armadas”, considera Fernández. Con dos satélites se hubiera dado servicio a dos terceras partes de la Tierra, de EEUU a Singapur. Otro satélite en órbita habría supuesto una cobertura completa. De momento, nadie ha dicho 'ni mú' sobre construir un cuarto que cubra todo el globo.

Si quisiéramos disponer de sistemas más avanzados mientras el programa se completa, tendríamos que apoyarnos en otros actores que tienen satélites externos, bien geoestacionarios como puede ser Insat o Viasat, o un sistema de órbita baja como Starlink, el proyecto de SpaceX, la empresa de Elon Musk. “Considerando los últimos acontecimientos geopolíticos y los movimientos que está haciendo EEUU, esto no es nada bueno para España”, considera el ingeniero.

Lo que se supone que no se pierde: dinero

El CEO de Hisdesat también aventuró lo que costaría la construcción, lanzamiento y mantenimiento de un tercer satélite de comunicación militar, antes de saber que el segundo criaría malvas espaciales. “Si hacemos un tercero, para todo el coste de vida, serían otros 1.000 (millones de euros) más”, indicó a EFE. Es decir, lo mismo que ha costado cada uno de los dos primeros.

Desembolsar esos 1.000 millones no debería, a priori, doler: según afirmó Indra en su comunicado, la pérdida del SpainSat NG II “no supone ningún perjuicio a nivel económico, al contar con un seguro frente a este tipo de daños”. Pero los seguros espaciales tienen su miga y con tan pocos detalles no está claro si se recupera solo el valor del satélite en sí o todos los costes que puede haber asociados a su reemplazo.

“Los seguros espaciales se contratan por capas y no siempre incluyen todas las contingencias (por ejemplo, daños por desechos espaciales pueden estar fuera si no se pactaron expresamente). Además, estas coberturas son caras y se negocian caso por caso”, indica a El Confidencial Efrén Díaz, abogado especializado en Derecho Espacial en el Bufete Mas y Calvet. A veces, como ya ocurrió con el satélite español Ingenio, “no se suelen contratar seguros cuya prima excede el coste de reposición y de nuevo desarrollo de los objetos dañados”, añade Díaz, que también es secretario general de la Asociación Española de Derecho Aeronáutico y Espacial (AEDAE). Para el SpainSat NG II, Hisdesat contrató un seguro liderado por Mapfre, con participación de reaseguradores internacionales como Munich Re y AXA XL, que cubre fases críticas como el lanzamiento y la transferencia orbital. Pero “sin ver la póliza, todo son elucubraciones”, dice Díaz.

placeholder Lluvia de meteoros. (EFE / EPA / Georgi Licovski)
Lluvia de meteoros. (EFE / EPA / Georgi Licovski)

Si la partícula espacial que ha provocado el lío fuera un desecho espacial que perteneciera a algún operador privado o a un estado específico, se podría “recurrir a través del Convenio sobre la Responsabilidad por daños causados por objetos espaciales de 1972”, detalla Elisa González, presidenta de la AEDAE, a este diario. Pero, como hemos visto, averiguar de dónde procede una partícula espacial es prácticamente imposible.

Quien no debería ver perjuicio del accidente es nuestro bolsillo. SpainSat NG ha bebido de las arcas españolas, con un préstamo público a Hisdesat para los satélites NG I y NG II. “El Real Decreto 208/2019 prevé que, en caso de fallo en la puesta en órbita, el reembolso del préstamo público a favor del Tesoro queda garantizado por la propia póliza del lanzamiento. Esto asegura la protección de los fondos públicos en un escenario de fallo”, explican Díaz y González.

El calendario del programa marcaba que desde la primavera de este año (en apenas un par de meses) ambos satélites estarían prestando servicio. Eso, desgraciadamente, ya no va a ocurrir. Lo que seguramente sí ocurra es que los seguros espaciales estarán más cotizados que nunca, por si hay más partículas milimétricas sobrevolando los sueños espaciales de España.

El año arrancó muy negro para el proyecto satelital "más ambicioso y tecnológicamente avanzado jamás desarrollado en España". Una partícula espacial milimétrica impactó contra el SpainSat NG II, el segundo satélite del programa SATCOM-SPAINSAT NG, durante el viaje hacia su posición orbital definitiva. Tras dos semanas de silencio e incertidumbre, Indra, socio mayoritario de Hisdesat (la empresa española detrás del proyecto), lanzó un comunicado reconociendo lo peor: los daños impiden que pueda realizar la misión prevista y hay que sustituirlo. Es muy poco frecuente que un microimpacto así acabe con con la pérdida de un satélite, pero no es imposible.

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