Hielo sin sal, 'danke'! La receta alemana para derretir la nieve que deberíamos copiar
La sal, usada como descongelante, puede penetrar hasta las reservas de agua dulce y dañar flora y fauna. En muchas ciudades alemanas la prohíben en vías municipales. En España se está investigando
Una ciclista circula ante la Puerta de Brandeburgo de Berlín (EFE/EPA/Filip Singer)
Alemania está bajo las nevadas más intensas de los últimos 15 años y estos días en sus calles se puede ver a vecinos esparciendo sal por la acera para derretir la nieve y evitar que se forme hielo. ¿Lo normal, no? Para nada, allí es atípico e ilegal: en la mayoría de las grandes ciudades alemanas habitualmente está prohibido hacerlo, pero las condiciones meteorológicas extremas han obligado a que en ciudades como Hamburgo se haya levantado de forma excepcional la prohibición.
No es que Alemania se esté quedando sin sal (de hecho, es el sexto productor a nivel mundial), es que allí se preocupan por el medio ambiente hasta bajo una ventisca. Esparcir sal común (cloruro de sodio) contamina suelos y estropea infraestructuras. Esta puede ser arrastrada por la lluvia hacia ríos y lagos, y penetrar hasta aguas subterráneas, lo que puede afectar a los ecosistemas y hasta matar plantas y animales. También puede dañar la salud humana y… tu coche.
Aunque sí está permitido utilizarla en autopistas y grandes carreteras, para minimizar su uso los alemanes experimentan con otros productos, algunos tan sorprendentes como las aguas residuales de la fermentación de conservas de pepinillos. No son los únicos que investigan, porque aunque en España no estemos tan acostumbrados a grandes ventiscas, en invierno gran parte del territorio español también se ve afectado por nieve y hielo. ¿Deberíamos nosotros empezar a prohibir la sal, como los alemanes? Hay científicos que lo están estudiando, y tienen sugerencias.
No es país para sales de deshielo
La cultura alemana modela a sus ciudadanos como personas comprometidas con su comunidad; cuando nieva, no les queda otra: son responsables (bajo obligación legal e instrucciones minuciosas) de limpiar las aceras y accesos frente a sus viviendas. El departamento municipal de saneamiento hace lo propio con las vías municipales, como los carriles bici. En circunstancias normales, el uso de sal para descongelar estas zonas está prohibido en lugares como Berlín, Múnich o la ciudad-estado de Hamburgo. Una medida que genera debate y confusión entre los propios ciudadanos.
Pero las tormentas Elli y Goretti han obligado a cambiar temporalmente la situación legal. El Ministerio de Transporte y Transición de la Movilidad de Hamburgo ha emitido un Decreto General que permite a los vecinos y a los servicios municipales utilizarla hasta el 21 de enero sin miedo a ser multados; eso sí, con un uso moderado. Los entierros se han prohibido (es imposible abrir fosas con la tierra tan helada), pero la restricción a la sal se ha levantado.
El motivo de la prohibición es proteger el medio ambiente. “La restricción se basa en factores medioambientales importantes: el agua salada se filtra en el suelo, daña las raíces de los árboles y provoca una ‘sequía fisiológica’, que puede matar los árboles o hacerlos vulnerables a enfermedades el verano siguiente”, indica a El Confidencial un portavoz del Ministerio de Medio Ambiente, Clima, Energía y Agricultura (BUKEA) de Hamburgo. “También daña las patas de los animales y compacta el suelo”, añade.
Trabajadores echan sal en un puente cubierto de nieve en Fráncfort. (Reuters/Kai Pfaffenbach)
La sal en la ciudad también puede afectar a las infraestructuras urbanas, ya que acelera la oxidación de los metales. Puentes, farolas, estructuras de hierro y acero, y los propios automóviles están expuestos a oxidarse más rápido.
En Alemania, todas estas normas invernales se determinan a nivel municipal, pero la mayoría de las grandes ciudades aplican prohibiciones similares para proteger la vegetación urbana. La ciencia respalda esta decisión porque también los ecosistemas no urbanos se están viendo afectados.
Ecosistemas en salazón
William Hintz es experto en ecología, conservación de agua dulce y contaminación ambiental, y ha investigado durante años sobre el impacto de las sales antihielo. Profesor asociado de la University of Toledo (Ohio, EEUU), explica a El Confidencial que “el uso de sal en las carreteras está provocando un aumento de la salinidad de los ecosistemas de agua dulce, en muchos casos de forma drástica”. Básicamente, “estamos salando la Tierra”, afirma.
Los datos lo confirman. Según estimaciones del informe Cuando el agua dulce se vuelve salada, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), uno de cada tres ecosistemas de agua dulce a nivel global está salinizado. “Esto puede tener implicaciones de gran alcance, ya que todo en la naturaleza está interconectado”, añade Hintz.
Cuando las sales usadas en la carretera se filtran a los arroyos, humedales y lagos, se observan efectos en organismos que van desde los más microscópicos hasta los peces. “Dependiendo de la concentración de sal, algunos efectos son letales y causan mortalidad directa; otros incluyen reducción del crecimiento y la reproducción, y cambios en el comportamiento y en la proporción de sexos”, especifica Hintz.
Uno de cada tres ecosistemas de agua dulce a nivel global está salinizado
Hay estudios científicos que demuestran que estos impactos ya se han producido en todas las regiones frías de América del Norte, Europa y Asia, donde se utilizan sales de deshielo, como su artículo de 2022 publicado en PNAS. “Las especies afectadas son numerosas, desde bacterias importantes en los arroyos hasta peces como truchas arcoíris jóvenes”.
Desde los ecosistemas de agua dulce, las sales de carretera pasan al suministro de agua y pueden afectar a la salud humana. “Las personas que siguen dietas restringidas en sal o sodio por motivos de salud podrían estar expuestas a más sodio en el agua potable debido a la contaminación por sal de carretera”, señala el investigador. Además, una vez salada el agua de los ecosistemas, es muy difícil, caro y lento eliminarla. Más vale entonces prevenir.
Si no es sal, ¿qué?
La sal se utiliza porque reduce el punto de congelación de la nieve gracias a un proceso llamado descenso crioscópico. Así, en vez de a 0ºC, cuando tiene sal el agua necesita una temperatura más baja para congelarse (-10ºC o incluso -21ºC), lo que hace que se funda y dificulta que se forme hielo. Por eso y por su bajo coste, su uso está tan extendido. Pero Hintz hace hincapié en que “la sal para carreteras es un contaminante”.
Cuando está prohibida, desde el BUKEA de Hamburgo recomiendan a los ciudadanos que utilicen materiales abrasivos como arena, gravilla o gránulos de arcilla en el caso de las aceras y las entradas de garajes, siempre después de haber retirado la nieve con una pala. Esto es asumible en superficies pequeñas, pero muy complicado en grandes.
Aunque la prohibición de esparcir sal no aplica en las carreteras y otras superficies exteriores en Alemania, se han hecho proyectos para buscar alternativas. El que ha cosechado más éxito se remonta a 2019, cuando la red de carreteras de Baviera se asoció con el fabricante de alimentos Develey para utilizar como descongelante el agua salada que queda del proceso de fermentación de los pepinillos. El aeropuerto de Múnich también usa desde hace varios años esa salmuera en sus carreteras y caminos en zonas públicas. Es un producto residual que se puede reutilizar, por lo que es más barato y, según indican en su web, mejor para el medio ambiente.
El aeropuerto de Múnich bajo una nevada en 2023. (EFE/EPA/Anna Szilagyi)
El líquido de conservar pepinillos no es el único ejemplo. Se han utilizado todo tipo de alternativas orgánicas para prescindir de la sal directa, como subproductos de la destilación o jugo de remolacha. Sin embargo, Hintz alerta de que a veces estas pueden actuar como fuente de nutrientes una vez que llegan a los humedales, arroyos y lagos y, en cualquier caso, la salmuera sigue conteniendo sal. Por eso, el investigador cree que la ciencia debe respaldar estos estudios. En España ya se está haciendo.
Cómo evitar salar España
Gran parte del territorio español se ve afectado en invierno por problemas de nieve o hielo, y la sal se utiliza sobre todo en carreteras y regiones montañosas. Según el informe de la Campaña de Viabilidad Invernal del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible de 2024-2025, el invierno pasado se hicieron tratamientos preventivos contra el hielo en el 85% de la red de carreteras del Estado y de eliminación de nieve en el 46%. Para ello se utilizaron 77.246,72 toneladas de cloruro sódico, 104.426 metros cúbicos de salmuera y 88,58 toneladas de cloruro cálcico.
España también está afectada por la salinización. Datos de las Confederaciones Hidrográficas indican que un 28% de los ríos españoles están salinizados. Este fenómeno ha sido muy estudiado en EEUU y Canadá, donde es uno de los principales problemas ambientales, pero en España no existen estudios para saber qué parte de esa salinización está asociada a los fundentes de carreteras. Hasta ahora. Un grupo de investigadores del organismo IMDEA Agua está estudiando el impacto y la posible mitigación de las sales procedentes de fundentes invernales en ríos y arroyos de Parques Nacionales de Alta Montaña en España en el proyecto REMOTE.
En primavera y otoño de 2025 realizaron muestreos de agua, sedimento y biota (conjunto de fauna y flora) en tres parques nacionales, y observaron que “la aplicación de fundentes para la viabilidad invernal en las carreteras en Parques Nacionales de Alta Montaña sí provoca un aumento de la salinidad en los ríos y arroyos cercanos a estas carreteras”, explica a El Confidencial Paula Redondo, que lidera el proyecto. Este continuará hasta 2027, y la investigadora indica que aún están “analizando las comunidades bentónicas [organismos que viven en el fondo de los ecosistemas acuáticos] para evaluar si este incremento en la salinidad afecta a su composición taxonómica”.
Usar sal en zonas de montaña en España puede aumentar la salinidad de ríos y arroyos
Para evitar estos supuestos escenarios, Redondo coincide en que deben buscarse materiales alternativos más respetuosos, y sugiere la aplicación de “soluciones basadas en la naturaleza, como lechos filtrantes con geomateriales como la dolomita, la caliza o la antracita, que han demostrado ser muy eficientes en la eliminación tanto de sales de deshielo como de metales traza en el agua de escorrentía”. En REMOTE evaluarán el empleo de estos geomateriales mediante ensayos ex situ e in situ en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.
Hasta entonces, los expertos consultados reconocen que los fundentes son necesarios para garantizar la seguridad vial de las personas en las carreteras y que, a día de hoy, la sal es la única opción viable para grandes superficies, pero mejor usarla minimizando su impacto medioambiental.
Esa es la receta alemana actual: no usar sal en aceras y parques, pero sí de forma inteligente en carreteras mientras se investigan otras alternativas. Si no queremos un planeta con la 'tensión' aún más alta, quizá más países deban subirse a este plan; también España.
Alemania está bajo las nevadas más intensas de los últimos 15 años y estos días en sus calles se puede ver a vecinos esparciendo sal por la acera para derretir la nieve y evitar que se forme hielo. ¿Lo normal, no? Para nada, allí es atípico e ilegal: en la mayoría de las grandes ciudades alemanas habitualmente está prohibido hacerlo, pero las condiciones meteorológicas extremas han obligado a que en ciudades como Hamburgo se haya levantado de forma excepcional la prohibición.