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Estudian el cerebro y descubren que hacer amigos puede ayudarte a vivir más años
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Factor decisivo

Estudian el cerebro y descubren que hacer amigos puede ayudarte a vivir más años

El aislamiento social haría que el cuerpo interpretase que estamos frente a una amenaza. Por ello, podría generar un estado de alarma perpetuo con graves implicaciones para la salud

Foto: La soledad es un elemento que influye negativamente en la longevidad (iStock)
La soledad es un elemento que influye negativamente en la longevidad (iStock)

La neurociencia social ha identificado un factor decisivo para la longevidad que va más allá de la genética o los hábitos físicos: la amistad y los vínculos sociales. Estudios recientes sobre el cerebro muestran que mantener relaciones cercanas puede reducir el riesgo de muerte prematura y mejorar la respuesta del organismo frente a enfermedades.

Esta evidencia se apoya en investigaciones publicadas en revistas científicas internacionales revisadas por pares, donde se analizan datos de cientos de miles de personas. Los resultados indican que el aislamiento social tiene un impacto equiparable al de otros factores de riesgo conocidos, lo que ha llevado a los expertos a examinar sus bases neurológicas y biológicas.

El cerebro frente a la soledad

El neurocientífico Ben Rein, profesor universitario y divulgador especializado en conexión social, explica en The Guardian que la falta de interacción activa un mecanismo de estrés crónico en el cerebro. “Cuando estamos aislados, el cuerpo interpreta que existe una amenaza y pone en marcha una respuesta de alarma”, señala el investigador, aludiendo a un proceso heredado de la evolución.

Ese estado prolongado provoca una liberación sostenida de cortisol, una hormona que, con el tiempo, favorece la inflamación crónica. Según Rein, “el problema surge cuando ese estrés no desaparece, porque entonces la inflamación empieza a dañar órganos y dificulta la recuperación tras enfermedades graves”, una relación observada tanto en humanos como en modelos animales.

La química de la conexión social

La situación cambia cuando existe contacto frecuente con otras personas. La interacción social estimula la liberación de oxitocina, una hormona vinculada al apego y la confianza. “La oxitocina actúa como un freno natural del estrés y tiene efectos protectores sobre el organismo”, afirma Rein, destacando su papel en la salud cardiovascular y neurológica.

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Este proceso activa además circuitos relacionados con la dopamina y la serotonina, responsables de la motivación y el bienestar emocional. Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro refuerza así conductas que aumentan las probabilidades de supervivencia, lo que explica por qué socializar resulta placentero y beneficioso a largo plazo.

Los especialistas subrayan que no existe un modelo único de sociabilidad, pero coinciden en que todas las personas necesitan cierto grado de conexión. La evidencia científica sitúa hoy la amistad al nivel de otros pilares de la salud, reforzando la idea de que cuidar las relaciones personales no solo mejora la calidad de vida, sino que puede ayudar a vivir más tiempo.

La neurociencia social ha identificado un factor decisivo para la longevidad que va más allá de la genética o los hábitos físicos: la amistad y los vínculos sociales. Estudios recientes sobre el cerebro muestran que mantener relaciones cercanas puede reducir el riesgo de muerte prematura y mejorar la respuesta del organismo frente a enfermedades.

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