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Estudian el sistema inmune y descubren que podrías arrepentirte de haberte hecho un tatuaje
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El problema de las tintas

Estudian el sistema inmune y descubren que podrías arrepentirte de haberte hecho un tatuaje

Los pigmentos utilizados en los tatuajes no son biológicamente inertes. Por tanto, podrían desencadenar respuestas inmunes persistentes, incluso a largo plazo

Foto: Una mujer realiza un tatuaje (EFE/Luis Gandarillas)
Una mujer realiza un tatuaje (EFE/Luis Gandarillas)

Investigadores en inmunología han vuelto a poner el foco sobre los tatuajes y su impacto a largo plazo en la salud tras analizar cómo las tintas para tatuar interactúan con el sistema inmunitario. De ello ha hablado en profundidad Manal Mohammed, microbióloga médica de la Universidad de Westminster, en un artículo publicado en The Conversation. En él advierte de que, según la evidencia científica, estos pigmentos no son biológicamente inertes y pueden desencadenar respuestas inmunes persistentes que van más allá de la piel.

El auge del arte corporal ha normalizado la práctica, pero la ciencia empieza a revelar una realidad menos visible. Cuando la aguja deposita la tinta en la dermis, el organismo reconoce esas partículas como un elemento extraño. A partir de ese momento, se activa una respuesta defensiva que no logra eliminar los pigmentos, lo que explica la permanencia del tatuaje.

Las tintas de tatuaje son mezclas químicas complejas formadas por pigmentos, disolventes y conservantes que pueden acumular impurezas. Muchos de estos colorantes se desarrollaron originalmente para usos industriales como pinturas o plásticos. Algunos contienen metales pesados como níquel, cromo o cobalto, conocidos por su capacidad para provocar alergias y sensibilización inmunológica.

Qué ocurre cuando la tinta entra en el cuerpo

El proceso de tatuar implica introducir la tinta en una capa profunda de la piel. Las células inmunes intentan fagocitar las partículas, pero al no poder degradarlas por completo, estas quedan atrapadas en el tejido. Con el tiempo, parte del pigmento puede desplazarse a través del sistema linfático y acumularse en los ganglios, órganos clave de la defensa del organismo.

Los estudios revisados indican que ciertos compuestos orgánicos presentes en las tintas, como los azo dyes o los polycyclic aromatic hydrocarbons, pueden degradarse por la luz ultravioleta o durante la eliminación con láser. Ese proceso genera subproductos potencialmente tóxicos que mantienen activada la respuesta inflamatoria durante semanas o incluso meses.

Una investigación reciente sugiere además que los pigmentos habituales influyen en la actividad del sistema inmune y pueden alterar la respuesta a algunas vacunas. Los autores observaron que la presencia de tinta en el lugar de inyección modificaba la señalización inmunitaria, con una respuesta reducida frente a la vacuna de la COVID-19 en determinados contextos.

Riesgos conocidos y dudas a largo plazo

Los expertos aclaran que no existe evidencia epidemiológica sólida que relacione directamente los tatuajes con el cáncer en humanos. Sin embargo, los ensayos de laboratorio y en animales muestran que algunos pigmentos pueden generar compuestos carcinógenos con el paso del tiempo. Dado que muchas enfermedades tardan décadas en desarrollarse, el riesgo resulta difícil de evaluar.

Foto: lo-que-tienes-que-saber-antes-de-hacerte-un-tatuaje

Las reacciones adversas más documentadas siguen siendo las alergias y la inflamación crónica, especialmente asociadas a tintas rojas, amarillas y naranjas. Estas respuestas pueden aparecer años después y manifestarse como picor persistente, hinchazón o granulomas. Para personas con enfermedades autoinmunes o defensas bajas, los especialistas recomiendan valorar con cautela hacerse un tatuaje.

Investigadores en inmunología han vuelto a poner el foco sobre los tatuajes y su impacto a largo plazo en la salud tras analizar cómo las tintas para tatuar interactúan con el sistema inmunitario. De ello ha hablado en profundidad Manal Mohammed, microbióloga médica de la Universidad de Westminster, en un artículo publicado en The Conversation. En él advierte de que, según la evidencia científica, estos pigmentos no son biológicamente inertes y pueden desencadenar respuestas inmunes persistentes que van más allá de la piel.

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