Ni tanto, ni tan pronto: Groenlandia no es todavía la mina de oro y tierras raras que anhela Trump
Los depósitos de minerales y metales estratégicos de la isla danesa no son tan abundantes en el cómputo global y extraerlos es un desafío muy costoso: el 80% de su potencial está bajo el hielo y llevará décadas
Vista aérea de la capa de hielo de Groenlandia. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)
En la fábula de la gallina de los huevos de oro, el granjero codicioso mata al animal pensando que tiene un tesoro en su interior. Donald Trump se está convirtiendo en el nuevo granjero impaciente en busca de su propia gallina de los huevos de oro: Groenlandia. Hace siete años que el presidente de EEUU habló por primera vez de comprar la isla que pertenece a Dinamarca. Ahora amenaza con usar la fuerza para hacerlo.
Entre las bondades que se atribuyen a esta gallina no solo hay huevos de oro, también otros metales preciosos. La geología de Groenlandia sugiere la existencia de yacimientos de minerales críticos (cobre, níquel, zinc, uranio) y las llamadastierras raras, esenciales para la tecnología moderna.
Se trata, sin embargo, de una cesta exigua: solo hay dos explotaciones mineras activas en toda la isla; eso sí, ambas tienen participación estadounidense, ya sea a través de capital, tecnología o control estratégico. Además, acceder al interior de esta gallina es muy difícil a día de hoy, prácticamente imposible. Cerca del 80% de Groenlandia está cubierto de una capa de hielo permanente que puede alcanzar hasta tres kilómetros de espesor.
Explorar los recursos minerales que esperan bajo este casquete glaciar implica desplazamientos a zonas inaccesibles, procesos de extracción técnicamente inviables y costes elevadísimos. Por eso, las 136 licencias concedidas por el gobierno groenlandés (muchas de ellas también con participación estadounidense) se reparten a lo largo del territorio restante, principalmente en las zonas costeras al oeste y el sur de la isla, libres de hielo. Sin embargo, las condiciones logísticas allí también son extremas y después de décadas de exploración siguen siendo en su mayoría eso, exploración.
Desde el punto de vista de obtención de minerales, ¿merece la pena hacerse con un territorio en su mayoría inexplorable y de difícil explotación? En el corto medio plazo, los expertos señalan que no, pero en el Ártico hay un factor a futuro: el deshielo acelerado con la crisis climática. Trump acaba de ordenar la retirada de EEUU de los grandes tratados internacionales sobre cambio climático y de organismos clave en la lucha contra el calentamiento del planeta. Mientras, Groenlandia sufre una pérdida de hielo cinco veces mayor que hace 20 años debido al aumento global de la temperatura.
Subsuelo de oro, superficie inhóspita
Pese a los tesoros naturales que encierra, Groenlandia parte de un terreno hostil y de condiciones climáticas extremas donde la maquinaria estándar no funciona. "Hay minería en Alaska que solamente puede trabajarse durante seis meses al año, los otros seis tienen que cerrar porque el frío es tan intenso que no se pueden hacer explotaciones mineras. En Groenlandia pasa lo mismo", explica a El Confidencial José Mangas, geólogo y catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Tampoco ayuda la distribución demográfica. "En muchos sitios no hay infraestructuras porque la población es muy pequeña [57.000 habitantes en total en toda la isla], casi no hay carreteras de acceso, tienes que montar una pequeña ciudad alrededor de una explotación… Las empresas mineras buscan rentabilidad y allí hay que hacer inversiones millonarias. Si yo fuera una empresa minera, iría a sitios más fáciles que Groenlandia", afirma a El Confidencial Manuel Regueiro, geólogo especializado en recursos minerales y asesor técnico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
En ese sentido, el experto señala que la isla es parecida geológicamente a otras zonas menos inhóspitas y de más fácil acceso, como Canadá, Suecia, Finlandia o el norte de Inglaterra. Groenlandia está entre los diez primeros países del mundo con reservas de tierras raras, pero probablemente es más fácil y barato extraerlas en el resto de países del ránking, apuntaba hace un año Javier Blas, coautor del libro The World for Sale: Money, Power and the Traders Who Barter the Earth’s Resources, en una columna en Bloomberg.
Más allá de la franja costera de Groenlandia, donde se centra a día de hoy la exploración, el resto del 80% también puede esconder minerales estratégicos. Pero estos están sepultados por una barrera helada de más de 2 kilómetros de grosor de media.
Para empezar no es nada fácil llegar al interior de la isla ni la consiguiente logística para transportar lo que se consiguiera explotar: habría que usar helicópteros y crear carreteras en el hielo. Una vez allí, no hay rompehielos que valga para llegar hasta las tierras raras y los metales preciosos, porque no se trata de abrirse camino para navegar por el Ártico, sino de buscar hacia abajo, y ahí hay roca.
Los minerales que busca Trump están sepultados por una barrera de 2 kilómetros de hielo
"Tendrías que romper el hielo superficial y luego excavar esas rocas, que son ígneas y metamórficas. Bastante difícil es minar en la superficie agreste como para tener que hacerlo después de romper hielo y mantener esa explotación", sentencia Regueiro. Adolfo Maestro, investigador científico en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) que ha participado en campañas oceanográficas en la Antártida, está de acuerdo. "Puede que haya maquinaria técnica adaptable para ir y picar el hielo, pero la cuestión es si es económicamente rentable habiendo opciones en otros sitios donde es mucho más accesible", señala a El Confidencial.
El experto describe que no se trata simplemente de "hacer un sondeo con una máquina de rotopercusión en la vertical que atraviese el hielo y el sustrato rocoso", para hacer una explotación hay que abrir una zona muy amplia, descubrir el hielo para poder acceder al afloramiento rocoso y empezar a realizar la explotación. "No lo veo factible ahora mismo", asegura.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters/Kevin Lamarque)
La doctora en Geología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Elena Crespo, coincide en que sería "una barbaridad en costes" trasladar todo allí y comenzar a generar la mina, pero da a El Confidencial el ejemplo del yacimiento de Kiruna, en Suecia, que en invierno está bajo el hielo y consiguen explotar pese a las condiciones climáticas.
En el escenario actual, los geólogos consultados creen que no es rentable hacer ninguna exploración a través de una cubierta de hielo. Otra cosa es que lo que acabe con el hielo sea el calentamiento global. "Desde hace años se está observando un retroceso muy importante del casquete helado del hemisferio norte. Esto está afectando no solamente al hielo que está flotando sobre el Ártico, también al casquete helado de Groenlandia", indica Maestro.
Las proyecciones prevén que en las próximas décadas seguirá sucediendo. Es un tiempo ínfimo desde el punto de vista geológico, pero una eternidad geopolítica y económica para EEUU.
Un beneficio que no verá Trump
Con estos factores, Groenlandia no es una opción inmediatamente atractiva, pero sí puede ser una inversión a (muy) largo plazo. "Con el aumento de la temperatura y el deshielo que lamentablemente se está produciendo, puede que extraer recursos minerales en Groenlandia sea factible de aquí a 20 o 30 años", estima Maestro. Así, "si al final EEUU se quedara con Groenlandia, a lo mejor en unas décadas sería rentable comenzar a explorar".
Hielo o no de por medio, Regueiro añade que, en cualquier caso, "nada en minería es llegar y excavar al momento, se necesitan 15 años para explorar, analizar y poner en marcha una mina", aún más en el caso de Groenlandia, donde su información geológica es parcialmente desconocida. "Trump ya no estará cuando algunos de sus yacimientos en Groenlandia se pongan en explotación", predice.
¿Y qué beneficio espera bajo el hielo? Es difícil estimarlo con precisión por la falta de cartografías detalladas y cada organismo usa sus criterios. Según datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), Groenlandia tiene 1,5 millones de toneladas métricas de reservas de tierras raras viables de extraer, menos que EEUU (1,9 millones de toneladas). Están prácticamente sin tocar por la dificultad de su extracción y son valiosas, pero incluso aunque Trump consiguiera hacerse con la isla danesa y explotarla, el total de las reservas de tierras raras no se acercaría ni a los talones de China (44 millones de toneladas, casi la mitad del total mundial estimado) o Brasil (21 millones).
Sin embargo, el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) es más optimista y estima, en base a proyecciones geológicas, 36,1 millones de toneladas potenciales de tierras raras en la isla, según un informe publicado por el Centro Danés de Inteligencia Mineral (D-MIC).
El periodista y analista británico Ed Conway, autor del libro Material World, se inclina más por un análisis prudente ante el hype de los tesoros de Groenlandia: "Tiene muchos minerales, pero no en cantidades que cambien el mundo. Estados Unidos ya tiene acceso a cantidades extraordinarias de minerales tanto en su propio territorio como al norte, en Canadá. Si Trump quiere Groenlandia sólo por los minerales, no es algo muy inteligente", dijo en una entrevista a El Orden Mundial. También la analista científica Anjana Ahuja reflexiona en Financial Times que la imagen de “paraíso congelado repleto de gemas” de la isla podría ser exagerada.
Los minerales que quitan el sueño americano
El registro federal de EEUU lista 60 minerales críticos para el país, que definen como esenciales para la estabilidad económica, la resiliencia de la cadena de suministro y la seguridad nacional, esa que tanto menciona Trump para justificar hacerse con Groenlandia. Para identificarlos, evalúan riesgos económicos y la exposición a interrupción comercial. En 2025 determinaron que el rodio, el galio, el germanio, el tungsteno, el niobio, el magnesio metálico, la potasa y varias tierras raras presentan mayor riesgo.
Varias de ellas se han encontrado en Groenlandia en cantidades significativas, como en el caso del niobio. Este elemento, utilizado en aceros de alta resistencia y superconductores en construcción, medicina y ciencia, industria aeroespacial y automovilística, y hasta en reactores atómicos, se obtiene actualmente en Brasil, que concentra el 94% de las reservas conocidas (unos 17 millones de toneladas). Según el GEUS, la isla danesa tendría 5,9 millones de toneladas en depósitos ya identificados, lo que rompería el monopolio mercado del niobio. También hay presencia confirmada de tungsteno, uno de los metales más valiosos para la industria militar y de defensa, del que China controla más del 80% de la producción mundial.
EEUU identifica tierras raras críticas para el país de las que no dispone en sus yacimientos
Las tierras raras que aparecen en la lista de riesgo alto de EEUU (samario, lutecio, terbio, disprosio, gadolinio e itrio) son tierras raras pesadas, de las que “EEUU no tiene yacimientos y Groenlandia sí”, indica Elena Crespo. Son de gran atractivo para la industria tecnológica, sobre todo en defensa. “Se usan en guiado de misiles y láseres; el gadolinio también se utiliza en reactores nucleares. El yacimiento que más cerca tenía EEUU estaba en Canadá, pero dejó de explotarse y ahora todos estos elementos provienen de China, así que entiendo que Trump quiera cubrirse”, analiza la experta.
El interés por estas tierras raras se suma al resto de valores estratégicos de Groenlandia a los que ha apuntado el gobierno estadounidense (apertura de rutas marítimas en el Ártico, zona estratégica a nivel defensivo, otros recursos naturales como petróleo y gas) y, cómo no, al oro.
En la isla danesa hay en total 166 ubicaciones en las que se ha encontrado o se espera encontrar este metal precioso, según el gobierno danés. Las zonas con mayor potencial de esta reserva se encuentra al sur, alrededor del fiordo Sermiligaarsuk. Allí se salpican distintos asentamientos y diminutas poblaciones. No sabemos si alguna de las personas que vive allí será un granjero impaciente, pero seguro que a partir de ahora sabrá quién es Donald Trump.
En la fábula de la gallina de los huevos de oro, el granjero codicioso mata al animal pensando que tiene un tesoro en su interior. Donald Trump se está convirtiendo en el nuevo granjero impaciente en busca de su propia gallina de los huevos de oro: Groenlandia. Hace siete años que el presidente de EEUU habló por primera vez de comprar la isla que pertenece a Dinamarca. Ahora amenaza con usar la fuerza para hacerlo.