Sudáfrica ha situado el foco de la comunidad científica internacional tras la identificación de unas singulares formaciones llamadas microbialitas. Descritas como “rocas vivas”, son capaces de crecer y de capturar grandes cantidades de dióxido de carbono. El descubrimiento, recogido en un estudio publicado en Nature Communications, abre nuevas preguntas sobre su papel en el ciclo global del carbono.
Estas estructuras, que a simple vista parecen rocas cubiertas de una fina pátina verdosa, están formadas por comunidades microbianas activas. Durante años fueron consideradas restos casi fósiles, útiles para comprender el origen de la vida, pero irrelevantes en el presente. Los nuevos datos contradicen esa visión y muestran sistemas mucho más dinámicos de lo esperado.
La investigación ha sido liderada por la científica Rachel Sipler, de la Universidad de Rhodes, quien subraya el carácter inesperado del descubrimiento en una nota de prensa: "Estas formaciones antiguas que los libros describen como casi extintas están vivas y, en algunos casos, prosperan en lugares donde no se esperaba encontrar vida".
Rocas vivas que crecen y fijan carbono
Las microbialitas se desarrollan a partir de tapetes microbianos que transforman sedimentos blandos en carbonato cálcico, dando lugar a estructuras rocosas muy densas. En las zonas costeras del sureste de Sudáfrica analizadas, los investigadores han medido tasas de crecimiento de hasta 23 milímetros al año, muy superiores a las observadas en otros enclaves similares.
Ese crecimiento implica una notable capacidad para almacenar carbono. Según el estudio, estas comunidades pueden fijar entre 9 y 16 kg de CO₂ por metro cuadrado y año. A diferencia de los bosques o humedales, el carbono queda atrapado mayoritariamente en forma inorgánica, lo que lo convierte en un depósito especialmente estable a largo plazo.
Un fenómeno prometedor con límites claros
A pesar de su eficiencia local, los propios autores advierten de que estas “rocas vivas” no representan una solución global al cambio climático, al menos en su estado natural. ¿El motivo? Su distribución es muy limitada y depende de condiciones específicas, como la presencia de aguas ricas en calcio procedentes de dunas costeras, lo que reduce su impacto a escala planetaria. Sin embargo, el estudio abre la puerta a su cultivo, lo que sí permitiría usarlas como amortiguadores del efecto invernadero.
Otro aspecto que ha sorprendido al equipo científico es que estas microbialitas siguen retirando CO₂ incluso durante la noche. Sipler lo resume así: "No dependen solo de la luz solar; combinan la fotosíntesis con otros procesos químicos". Esta capacidad refuerza la idea de que se trata de sistemas altamente resilientes, cuya investigación puede aportar claves valiosas sobre la historia y la evolución del planeta.
Sudáfrica ha situado el foco de la comunidad científica internacional tras la identificación de unas singulares formaciones llamadas microbialitas. Descritas como “rocas vivas”, son capaces de crecer y de capturar grandes cantidades de dióxido de carbono. El descubrimiento, recogido en un estudio publicado en Nature Communications, abre nuevas preguntas sobre su papel en el ciclo global del carbono.