La ciencia ha resuelto el asesinato del duque Béla de Macsó. El problema es que ha tardado 753 años
El episodio sucedido en la Edad Media tuvo graves repercusiones a nivel social, político y económico. Sus restos descansaban en un monasterio de isla Margarita
El cráneo del duque de Béla de Macsó (Universidad Eötvös Loránd)
La confirmación científica de que los restos localizados en Budapest pertenecen al duque Béla de Macsó ha permitido resolver uno de los episodios más oscuros del medievo húngaro. La investigación, basada en técnicas genéticas, antropológicas e isotópicas, ha validado los relatos que describían su asesinato en 1272, un suceso clave para la historia de la dinastía Árpád.
El hallazgo original se produjo en 1915, cuando se recuperó un esqueleto juvenil en el antiguo monasterio dominico de la isla Margarita. Las hipótesis apuntaban a que podía tratarse del noble húngaro, aunque la desaparición de parte del material dificultó durante décadas cualquier comprobación. La reaparición inesperada de varios huesos en 2018 impulsó un proyecto internacional dirigido por el antropólogo Tamás Hajdu, que reunió a especialistas de distintas áreas para examinar nuevamente las pruebas.
Scientists Analyzed 750-Year-Old DNA—And Solved a 100-Year-Old Cold Case https://t.co/B1uymJvYQ6
Los estudios realizados sobre los huesos indicaron que pertenecían a un varón de entre 20 y 25 años. Las primeras dataciones mediante radiocarbono parecían situarlo antes de lo esperado, aunque mediciones posteriores evidenciaron que el consumo frecuente de pescado había generado un efecto reservorio que alteró los valores originales. Esta información, acompañada de la revisión del cálculo dental, permitió identificar microfósiles de cereales cocinados y restos compatibles con panes y sémolas habituales en la dieta aristocrática.
Comprobación genética
La comparación de isótopos de estroncio reveló que la persona no creció en la misma región donde se produjo el enterramiento. La firma isotópica apuntaba a una infancia en el área de Syrmia antes de desplazarse a zonas cercanas a la actual Budapest, un recorrido coherente con la biografía del duque Béla, cuya familia controlaba amplios territorios del reino húngaro.
Las pruebas de ADN antiguas determinaron vínculos directos con las casas Árpád y Rúrika. La elevada proporción de ascendencia escandinava reforzó la conexión paterna con los Rúrikidas, mientras que componentes procedentes del Mediterráneo oriental coincidían con la rama bizantina de su linaje materno. Además, el cromosoma Y mostró el mismo patrón documentado en estudios de otros miembros históricos de la familia.
Reconstrucción de la muerte
Estas coincidencias consolidaron la identificación del esqueleto como el del noble asesinado en 1272. La validez de los resultados fue revisada por genetistas como Anna Szécsényi-Nagy y Noémi Borbély, quienes subrayaron la importancia de combinar técnicas biomoleculares con fuentes históricas para resolver casos que permanecían abiertos desde la Edad Media.
El análisis forense detalló 26 lesiones perimortem distribuidas en el cráneo y el torso. Las heridas defensivas sugerían que el ataque fue repentino, pero que la víctima intentó protegerse. Según los expertos, participaron al menos tres agresores que emplearon armas distintas y actuaron de forma coordinada. Las características de los cortes y la ausencia de señales de armadura apuntan a una emboscada realizada sin previo aviso.
La confirmación científica de que los restos localizados en Budapest pertenecen al duque Béla de Macsó ha permitido resolver uno de los episodios más oscuros del medievo húngaro. La investigación, basada en técnicas genéticas, antropológicas e isotópicas, ha validado los relatos que describían su asesinato en 1272, un suceso clave para la historia de la dinastía Árpád.