Hay algo en el espacio profundo disparando dos chorros de plasma a la vez. Y eso es algo muy inusual
La observación fue posible gracias al telescopio espacial James Webb. La estructura se sitúa a unos 15.000 años luz de la Tierra y su masa supera en 10 veces a la del Sol
Representación gráfica de la nebulosa Sharpless 2-284 (NASA)
Una observación inédita en el espacio profundo ha puesto en alerta a la comunidad científica tras detectarse dos chorros de plasma expulsados de forma simultánea desde un mismo objeto. El fenómeno, registrado por el telescopio espacial James Webb, destaca por su rareza y por las implicaciones que tiene para comprender la formación de estrellas masivas.
El origen de estas emisiones se sitúa a unos 15.000 años luz de la Tierra, en el extremo de la Vía Láctea, dentro de la nebulosa Sharpless 2-284. Allí se localiza una protoestrella que, pese a encontrarse en una fase muy temprana, ya alcanza una masa superior a 10 veces la del Sol, un rasgo poco común en objetos tan jóvenes.
Un fenómeno excepcional en estrellas jóvenes
Los chorros estelares no son desconocidos para la astronomía, ya que se han observado en cientos de estrellas en formación. Sin embargo, la mayoría aparecen en cuerpos de menor tamaño y con estructuras más irregulares. En este caso, la combinación de potencia, tamaño y simetría convierte al sistema en un ejemplo extraordinario.
Las imágenes muestran flujos de hidrógeno molecular altamente energizado que se extienden en direcciones casi opuestas, con una alineación cercana a los 180 grados. Esta geometría tan definida resulta inusual en estrellas de gran masa, donde los procesos de acreción suelen ser más caóticos y desordenados.
El estudio de este objeto ha sido elaborado por el Observatorio Astronómico Nacional de Japón y está publicado en The Astrophysical Journal, una de las revistas científicas de referencia en el ámbito de la astrofísica. Los datos obtenidos permiten analizar con gran precisión la dinámica del sistema y reconstruir la historia reciente de su formación.
Pistas sobre el origen de las estrellas masivas
La localización de la protoestrella añade un valor adicional a la investigación. En concreto, se encuentra en una región con baja metalicidad, es decir, con escasez de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Estas condiciones son similares a las que dominaban el universo primitivo, poco después del Big Bang.
Este contexto convierte a Sharpless 2-284 en un laboratorio natural para estudiar cómo pudieron formarse las primeras estrellas masivas. Además, los datos respaldan la hipótesis de que estos objetos pueden nacer mediante procesos estables y ordenados, en lugar de escenarios dominados por el caos gravitatorio.
Más allá del debate teórico, el hallazgo refuerza la importancia de las estrellas masivas en la evolución de las galaxias. Su influencia sobre el entorno interestelar y la creación de nuevos sistemas estelares explica por qué descubrimientos como este resultan clave para entender la historia y el futuro del cosmos.
Una observación inédita en el espacio profundo ha puesto en alerta a la comunidad científica tras detectarse dos chorros de plasma expulsados de forma simultánea desde un mismo objeto. El fenómeno, registrado por el telescopio espacial James Webb, destaca por su rareza y por las implicaciones que tiene para comprender la formación de estrellas masivas.