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Exploran las inmediaciones del sistema solar y descubren que nuestros antepasados veían dos estrellas gigantes
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Epsilon Canis y Beta Canis Majoris

Exploran las inmediaciones del sistema solar y descubren que nuestros antepasados veían dos estrellas gigantes

Las estrellas han dejado un rastro medible en las nubes interestelares que rodean nuestro sistema solar. Se habrían situado a solo 30 o 35 años luz del Sol

Foto: Mapa de las nubes interestelares justo fuera del sistema solar (NASA/Adler/U. Chicago/Wesleyan)
Mapa de las nubes interestelares justo fuera del sistema solar (NASA/Adler/U. Chicago/Wesleyan)

Dos estrellas masivas que atravesaron hace millones de años las inmediaciones del sistema solar habrían alterado de forma profunda el cielo que contemplaron nuestros antepasados y dejado un rastro medible en las nubes interestelares que rodean la región solar. La investigación, publicada en The Astrophysical Journal, ofrece una reconstrucción detallada de aquel encuentro estelar y de su influencia en nuestro entorno cósmico inmediato.

El análisis liderado por el astrofísico Michael Shull sitúa a Epsilon Canis Majoris y Beta Canis Majoris a solo 30 o 35 y cinco años luz del Sol hace entre 4 y 5 millones de años. Estas dos estrellas, hoy distantes más de 400 años luz, irradiaban entonces una energía tan intensa que habrían sido, según la nota de prensa que ha dado a conocer el hallazgo, “entre cuatro y seis veces más brillantes que Sirio”, que actualmente es la más luminosa del firmamento.

La presencia de estas estrellas de tipo B ayuda a explicar la elevada ionización que caracteriza a las nubes interestelares locales, grandes estructuras de hidrógeno y helio que envuelven al Sol a lo largo de 30 años luz. Cerca del 20% del hidrógeno y el 40% del helio están ionizados, un fenómeno que desconcertaba a los especialistas y cuya magnitud podría deberse a la radiación ultravioleta extrema y los rayos X emitidos por Adhara y Mirzam durante su aproximación.

Los modelos elaborados por el equipo de Shull incluyen también la influencia de la burbuja local, una cavidad generada por múltiples explosiones de supernova que calentaron el gas restante y mantienen activa una fuente de radiación energética. A pesar de ello, los cálculos señalan que el impacto de las dos estrellas de Canis Major fue comparable o incluso superior en la ionización observada, cuyos efectos persisten porque los átomos tardan millones de años en recuperar electrones en el vacío interestelar.

Trayectorias estelares

La reconstrucción de los movimientos de Adhara y Mirzam requirió datos del satélite Hipparcos, ya que su intenso brillo dificulta las mediciones precisas del telescopio Gaia. A este desafío se suma la complejidad dinámica del entorno: el Sol avanza a más de 93.000 kilómetros por hora y las nubes interestelares también se desplazan, lo que obliga a encajar múltiples elementos móviles en un rompecabezas astronómico.

Ambas estrellas, 13 veces más masivas que el Sol, se encuentran en la etapa final de sus vidas y explotarán como supernovas en unos millones de años. Shull aclara que esas explosiones no representarán una amenaza para la Tierra, pero sí generarán un destello deslumbrante visible desde gran distancia. “Una supernova tan cercana iluminará el cielo con una intensidad extraordinaria, aunque sin consecuencias letales”, indicó el investigador.

Comprender cómo este tipo de encuentros estelares modifican el entorno solar resulta fundamental para evaluar la habitabilidad del planeta y el papel protector de las nubes que rodean la región. Según los especialistas, la ionización residual podría haber contribuido a filtrar parte de la radiación ionizante, favoreciendo un escenario más estable para el desarrollo de la vida terrestre.

Dos estrellas masivas que atravesaron hace millones de años las inmediaciones del sistema solar habrían alterado de forma profunda el cielo que contemplaron nuestros antepasados y dejado un rastro medible en las nubes interestelares que rodean la región solar. La investigación, publicada en The Astrophysical Journal, ofrece una reconstrucción detallada de aquel encuentro estelar y de su influencia en nuestro entorno cósmico inmediato.

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