Exploran la superficie del Sáhara y encuentran varias 'mesetas' negras: son el resultado de un fenómeno muy inusual
Las estructuras modificarían el movimiento del viento y condicionarían la generación de las dunas. Están recubiertas por un 'barniz de roca' que necesita miles de años para formarse
Tres de las 'manchas' negras fotografiadas en el Sáhara (NASA/ISS Program)
Unas enigmáticas mesetas negras localizadas en el corazón del Sáhara han despertado el interés de la comunidad científica tras aparecer como amplias manchas oscuras en imágenes captadas desde el espacio. Estas estructuras, ubicadas en Mauritania, modifican el movimiento del viento y condicionan la generación de dunas, creando un paisaje que destaca por su singularidad geológica.
Las formaciones se sitúan en las proximidades de Guérou y se elevan varios cientos de metros sobre una vasta llanura árida. Estas mesetas paleozoicas están constituidas por arenisca y cubiertas por un revestimiento mineral oscuro conocido como barniz de roca. El Observatorio de la Tierra de la NASA detalla que ese barniz aparece tras miles de años de deposición de óxidos de manganeso y hierro sobre superficies expuestas a condiciones extremas.
Mesetas negras y relieve ancestral
El barniz, fijado parcialmente gracias a microorganismos presentes en la roca, forma delgadas capas que otorgan a los montículos su color tan característico. Esta tonalidad contrasta con la arena rojiza del entorno, lo que facilita su identificación en las fotografías tomadas desde astronautas. Las imágenes muestran estructuras de contorno casi circular, aisladas sobre una llanura donde predominan las tonalidades cálidas.
Otra perspectiva más alejada de las mesetas (NASA/ISS Program)
Las mesetas actúan como obstáculos naturales que transforman la dinámica de la arena. En su vertiente oriental se observan dunas trepadoras, acumulaciones que ascienden por la pendiente gracias al empuje del viento dominante. Más alejadas aparecen las dunas barján, reconocibles por su forma curvada y su patrón de desplazamiento, que deja tras de sí una estela ondulante perfectamente visible desde el aire.
Zonas sin arena y huellas de erosión
Resulta especialmente llamativa la ausencia de arena en la parte occidental. Este fenómeno responde al llamado barrido del viento, un proceso en el que se generan vórtices de aire que expulsan la arena hacia el exterior, evitando que se acumule junto a la roca. Este vacío geométrico crea un contraste notable frente al resto del paisaje desértico, donde la arena suele extenderse sin interrupciones.
Una fotografía tomada años atrás evidencia que estas mesetas pertenecieron, durante el Paleozoico, a un único sistema rocoso que quedó fragmentado por la erosión del agua y del viento a lo largo de millones de años. Los especialistas comparan este complejo con el Ojo del Sáhara, aunque destacan que presenta forma y dimensiones distintas dentro de la geología mauritana.
Las imágenes de la NASA permiten comprender mejor cómo estas estructuras rocosas antiguas influyen en el comportamiento atmosférico y modelan la estructura del desierto. Las mesetas negras funcionan como un laboratorio natural desde el que estudiar la interacción entre roca, viento y arena, ofreciendo una visión privilegiada de procesos que continúan activos hoy en día en uno de los entornos más extremos del planeta.
Unas enigmáticas mesetas negras localizadas en el corazón del Sáhara han despertado el interés de la comunidad científica tras aparecer como amplias manchas oscuras en imágenes captadas desde el espacio. Estas estructuras, ubicadas en Mauritania, modifican el movimiento del viento y condicionan la generación de dunas, creando un paisaje que destaca por su singularidad geológica.