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En 1986, la Voyager 2 sobrevoló Urano: ahora sabemos que ocurrió algo muy extraño
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Niveles extraordinarios de radiación

En 1986, la Voyager 2 sobrevoló Urano: ahora sabemos que ocurrió algo muy extraño

La sonda recogió unos datos extraños relacionados con la magnetosfera del séptimo planeta del sistema solar. Un nuevo estudio arroja una nueva explicación

Foto: Imagen de Urano en falso color tomada por la Voyager 2 (NASA)
Imagen de Urano en falso color tomada por la Voyager 2 (NASA)

La intensa actividad registrada por la Voyager 2 durante su paso por Urano en 1986 vuelve a ser objeto de análisis gracias a una revisión científica del Southwest Research Institute, que propone una explicación más sólida para los niveles extraordinarios de radiación detectados entonces. El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, sugiere que la sonda atravesó el planeta coincidiendo con un episodio excepcional del viento solar.

Los datos recopilados mostraban un cinturón de electrones de una potencia inusual, muy por encima de lo esperado en un entorno donde apenas se detectaba plasma. La sonda, además, no registró la presencia de iones procedentes de los satélites principales, algo que en otros gigantes helados es habitual. Esta combinación de elementos alimentó la idea de que Urano funcionaba bajo dinámicas distintas a las del resto de planetas exteriores del sistema solar.

La nueva interpretación se basa en que una estructura del viento solar conocida como co-rotating interaction region habría impactado en el entorno magnético del planeta justo en el momento del sobrevuelo. Este fenómeno puede generar ondas de plasma extremadamente energéticas, similares a las observadas en la Tierra durante las tormentas solares severas responsables de variaciones en los cinturones de radiación terrestres.

Paralelismos con un fenómeno registrado en la Tierra

Entre estas ondas destacan las chorus waves, capaces de dispersar o acelerar electrones dependiendo de las condiciones del entorno. En los años 80 se creía que únicamente actuaban como mecanismo de pérdida de partículas, por lo que la presencia de electrones tan energéticos en Urano desconcertaba. Según la investigación, estas ondas habrían contribuido a reforzar el cinturón electrónico observado por la nave.

El análisis señala similitudes claras entre lo observado por la Voyager 2 y un episodio detectado en la Tierra en 2019. Ambos sucesos coincidieron con un mínimo solar y con el tránsito de estructuras similares del viento solar sobre sus respectivas magnetosferas. Además, se registraron electrones relativistas junto a emisiones intensas de ondas de plasma, un patrón que respalda la nueva hipótesis.

Los investigadores destacan que esta explicación sitúa a Urano dentro de un marco físico más coherente y reduce la percepción de que el planeta actúa como una excepción extrema dentro del sistema solar. Sin embargo, reconocen que persisten dudas sobre la secuencia exacta que conduce a la generación y propagación de estas ondas en un entorno tan peculiar.

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El equipo recuerda que la única visita al planeta se limitó a unas pocas horas y que resulta imprescindible una misión dedicada para caracterizar su magnetosfera con continuidad. La investigación refuerza, por tanto, la petición de enviar una nave que permita comprender un sistema que podría ofrecer claves esenciales para estudiar otros mundos, incluido Neptuno, y avanzar en la modelización del clima espacial en regiones lejanas.

La intensa actividad registrada por la Voyager 2 durante su paso por Urano en 1986 vuelve a ser objeto de análisis gracias a una revisión científica del Southwest Research Institute, que propone una explicación más sólida para los niveles extraordinarios de radiación detectados entonces. El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, sugiere que la sonda atravesó el planeta coincidiendo con un episodio excepcional del viento solar.

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