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Lo que Europa ha aprendido ya sobre la peste porcina y España está empezando a aplicar
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Seis lecciones aprendidas

Lo que Europa ha aprendido ya sobre la peste porcina y España está empezando a aplicar

Las medidas puestas en marcha reflejan el conocimiento acumulado en Europa y ya están dando resultados iniciales. Sin embargo, la experiencia de otros países de la UE sugiere que no hay lugar para la complacencia

Foto: Un miembro de la UME desinfecta un vehículo durante la presentación de los medios de la UME para el control de la peste porcina en Barcelona. (Europa Press)
Un miembro de la UME desinfecta un vehículo durante la presentación de los medios de la UME para el control de la peste porcina en Barcelona. (Europa Press)
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El brote de peste porcina africana en los jabalíes de la sierra de Collserola, en Barcelona, no es un accidente aislado, ni una rareza local. Encaja, casi al milímetro, en un patrón que científicos y autoridades europeas llevan años describiendo.

Imaginemos un bocadillo envuelto en papel de aluminio en la mochila de alguien que ha subido a caminar un domingo por Collserola. Sus restos terminan en una papelera llena o en el suelo, donde un jabalí curioso se ha acercado. Ese gesto trivial ha podido convertirse, según plantean ahora los investigadores, en el primer eslabón de una cadena que ha puesto en jaque a uno de los sectores ganaderos más potentes del país.

"Es lo que pasó en República Checa y en Suecia, así como probablemente en Italia. Es la hipótesis más sensata. Además, se produce donde lo predecían los mapas de riesgo”, apunta Christian Gortázar, responsable del Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio).

Y es que, si ampliamos el foco, Europa ya ha visto varias versiones de este relato. En 1957, el virus de la peste porcina africana salió por primera vez del continente africano y se instaló en una granja de las afueras de Lisboa. La investigación posterior señaló un origen muy parecido al que ahora se baraja en Cataluña: restos de comida de aviones procedentes de África, tirados como basura y usados después para alimentar a los cerdos. Lo que ha pasado en Collserola, por tanto, no es nuevo. Más bien forma parte de un viejo patrón.

Foto: peste-porcina-sector-carnico-espanol-carrera-vacuna

Solo en 2023, catorce Estados miembros de la Unión Europea resultaron afectados por la peste porcina africana (PPA), la mayoría con focos en jabalíes. Los análisis de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria muestran dos velocidades distintas de expansión. Cuando el virus se ha desplazado solo con los jabalíes, el avance ha sido relativamente lento, del orden de unos pocos kilómetros al año. Cuando han entrado en juego los humanos, con restos de comida, vehículos o prácticas de alimentación con desperdicios, han tenido saltos bruscos de decenas o cientos de kilómetros.

Ese dato desmonta el imaginario de que los jabalíes cruzan países como si fueran peregrinos virales. En realidad, múltiples estudios basados en rastreo GPS indican que los desplazamientos naturales de estos animales son demasiado cortos para explicar algunos brotes. Lo que sí los explica es lo que los epidemiólogos denominan “transmisión mediada por humanos”. Un concepto técnico para una imagen muy sencilla: el virus va donde va nuestra comida, nuestra basura y nuestros zapatos.

La explicación de fondo es bastante sencilla. La peste porcina africana es un virus de alta resistencia ambiental. Puede permanecer semanas en barro, sangre seca o restos de carne. Cada cadáver de jabalí en el monte es un almacén de virus. Por ello, en varios países se han desplegado equipos especializados que rastrean bosques en busca de cuerpos, a veces con ayuda de drones y cámaras térmicas, máxime en una situación donde las poblaciones de jabalíes han aumentado.

La experiencia Europea

Europa ha ido ensayando un catálogo de medidas que ahora empieza a desplegarse en Collserola. Las vallas perimetrales han sido una de las primeras respuestas en países como Alemania o Bélgica, pero los informes de la EFSA son claros: las vallas ayudan, aunque no bastan por sí solas, tal y como advierte Joaquín Vicente Baños, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Castilla-La Mancha: “Las vallas solo tienen sentido cuando se puede distinguir con claridad una zona infectada de otra que permanece limpia. Su función es impedir que el virus escape hacia el exterior, pero esa barrera necesita ir acompañada de un trabajo constante de detección y retirada de cadáveres. Lo que se busca dentro del perímetro es crear un vacío sanitario”.

placeholder Aragón ha reforzado las inspecciones y el control de bioseguridad en las explotaciones porcinas tras los casos de peste porcina africana detectados en Cataluña. (EFE)
Aragón ha reforzado las inspecciones y el control de bioseguridad en las explotaciones porcinas tras los casos de peste porcina africana detectados en Cataluña. (EFE)

Como la mortalidad de la peste porcina africana roza el cien por cien, la zona vallada termina quedándose sin animales vivos. Aun así, es imprescindible retirar los cuerpos, porque el virus persiste durante mucho tiempo en los restos orgánicos y el jabalí.

Un ejemplo ilustrativo de buena gestión es la de Bélgica y la República Checa, que lograron erradicar el virus en jabalíes sin que este llegara a las granjas. Como explica Vicente Baños, allí confluyó una mezcla muy concreta de factores: una detección relativamente temprana y el despliegue rápido de todos los recursos necesarios para encapsular la zona infectada: “En la República Checa el brote fue pequeño y muy localizado. En cierto modo, recuerda a lo que se ha visto ahora en Cataluña, aunque es una comparación provisional porque siguen apareciendo datos. El caso belga fue más complejo porque el brote tuvo mayor extensión, aunque aun así se pudo contener gracias a un esfuerzo muy intenso”.

Bélgica introdujo por primera vez la llamada zona blanca, un perímetro que va más allá de la zona de vigilancia. En las áreas donde se sabe que la enfermedad no está presente se aplica un control poblacional muy agresivo del jabalí. “Además, dentro de los sectores vallados se instalan líneas de vallas paralelas separadas unos cinco kilómetros para delimitar esa franja blanca y reforzar el aislamiento. Con suficiente dedicación, este tipo de arquitectura epidemiológica puede funcionar”.

En definitiva, esa combinación de reacción temprana, confinamiento territorial y reducción selectiva de la fauna silvestre ha dado resultado en estos países, especialmente en Bélgica, donde la intervención fue más delicada. “La zona blanca levantada en la frontera con Francia evitó incluso que el virus cruzara al país vecino”, añade Vicente Baños.

España se está adaptando

Europa ha acumulado medidas que han funcionado contra la PPA y que España puede reforzar o incorporar, más ahora que Collserola se ha convertido en un laboratorio involuntario de urgencia. Varias ya se han aplicado de forma parcial, pero hay recorrido para afianzarlas y coordinarlas mejor.

La primera lección es el cinturón sin jabalíes (la llamada zona blanca). En Collserola se ha delimitado un perímetro y se ha intensificado la búsqueda de cadáveres, pero no se ha implantado aún una zona blanca estricta. Tiene sentido mantenerla como opción condicionada a la evolución del brote.

placeholder Un miembro de la UME desinfecta vehículos. (Europa Press)
Un miembro de la UME desinfecta vehículos. (Europa Press)

Segunda lección: control poblacional sostenido. La explosión demográfica del jabalí en España desde los noventa ha devuelto al animal un papel de vector prioritario. Toca consolidar un esfuerzo continuo en áreas de riesgo como Cataluña, Aragón o la franja pirenaica próxima a Italia y Francia, con cacerías intensivas y selectivas, eliminación de la alimentación suplementaria en cotos y gestión estricta de entornos urbanos y periurbanos para cortar el bucle jabalí-basura.

Tercera: tecnología integrada en el protocolo. España ha empezado a usar drones térmicos con la UME en Collserola, pero conviene institucionalizar su uso (drones, fototrampeo, sensores, visión térmica para agentes rurales, formación específica y turnos nocturnos) y convertir la búsqueda de cadáveres en una rutina de alta frecuencia. En países como Alemania esto ya forma parte del procedimiento estándar.

Cuarta: bioseguridad rigurosa en entradas y salidas. Desinfectar ruedas de vehículos oficiales se queda corto. La experiencia europea invita a instalar puntos de descontaminación obligatoria en las salidas del perímetro infectado (arcos pulverizadores, alfombrillas virucidas, controles personales y de equipos), y a reforzar protocolos en puertos, aeropuertos y pasos fronterizos.

Quinta: velocidad decisoria y escalabilidad. La respuesta inicial en Collserola ha sido ágil, pero cualquier nuevo positivo debería activar de inmediato la ampliación del perímetro y de las restricciones asociadas. Si el virus alcanzase granjas, se tendría que valorar sin demoras el sacrificio preventivo de cerdos domésticos (medida dolorosa, pero estándar en sanidad animal).

"Solo con medidas sostenidas España podrá asegurar que este episodio quede como una anécdota puntual y no el inicio de una endemia"

Y sexta lección: músculo social y mando único. Suecia ha atribuido parte de su éxito a la colaboración constante con cazadores, vecinos y ganaderos. Aquí sería relevante el mantener la tensión informativa en el tiempo (evitar la falsa sensación de “ya ha pasado” tras unas semanas sin detecciones), insistir en no dejar restos de comida al aire libre, no acceder a las zonas restringidas y notificar animales enfermos o cadáveres.

Tal y como concluye Christian Gortázar, España ha reaccionado de forma ágil y alineada con las mejores prácticas europeas frente al brote de PPA en jabalíes de Bellaterra. Muchas medidas puestas en marcha reflejan el conocimiento acumulado en Europa y ya están dando resultados iniciales. Sin embargo, la experiencia de otros países de la UE sugiere que no hay lugar para la complacencia: es pronto para conocer la situación real y definir el perímetro exacto de la zona afectada. Podrían considerarse ciertas estrategias adicionales (como las zonas blancas) en función de la evolución de la situación. Y será fundamental mantener el esfuerzo en el tiempo. Solo con medidas sostenidas y, si es preciso, adicionales, España podrá asegurar que este episodio quede como una anécdota puntual y no el inicio de una endemia de PPA en la península.

El brote de peste porcina africana en los jabalíes de la sierra de Collserola, en Barcelona, no es un accidente aislado, ni una rareza local. Encaja, casi al milímetro, en un patrón que científicos y autoridades europeas llevan años describiendo.

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