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La vida compleja surgió mil millones de años antes de lo que creíamos (y sin oxígeno)
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HALLAZGO HISTÓRICO

La vida compleja surgió mil millones de años antes de lo que creíamos (y sin oxígeno)

Nuevas evidencias adelantan casi mil millones de años el inicio de la vida compleja. El hallazgo propone un marco alternativo y más coherente al origen de la vida en la Tierra

Foto: (Foto: NASA)
(Foto: NASA)

Durante décadas, la historia de la vida en la Tierra se ha enseñado como una obra de teatro con un guion inamovible. En el primer acto, el planeta era un lugar yermo y hostil. En el segundo, aparecieron microbios simples. Y solo en el tercer acto, tras un evento cataclísmico conocido como la Gran Oxidación, la atmósfera se llenó de oxígeno, el cielo se volvió azul y, gracias a ese nuevo combustible, la vida pudo volverse compleja. Según este relato clásico, el oxígeno fue la llave maestra; sin él, la evolución hacia plantas, hongos y animales (incluidos nosotros) habría sido una quimera energética imposible.

Sin embargo, un estudio recién publicado ahora en Nature (Dated gene duplications elucidate the evolutionary assembly of eukaryotes), liderado por la Universidad de Bristol, ha desmontado esta narrativa con precisión quirúrgica: las primeras células complejas comenzaron su evolución casi mil millones de años antes de lo que se creía, en océanos aún carentes de oxígeno.

Este hallazgo no solo trastoca la cronología de los orígenes biológicos, sino que propone un marco alternativo, más coherente con los datos genéticos y geológicos actuales. Lejos de ser un salto repentino impulsado por el oxígeno, la transición de la vida simple a la vida compleja parece haber sido un proceso largo, gradual y profundo, orquestado por las condiciones del planeta primitivo y no por un solo evento atmosférico.

Hasta ayer, el consenso científico situaba la aparición de los eucariotas (células con material genético encerrado en un núcleo y orgánulos complejos) hace unos 1.800 millones de años, en plena Era Proterozoica. Se asumía que este salto evolutivo fue consecuencia directa de la disponibilidad de oxígeno, que permitió a las células adquirir mitocondrias (las centrales energéticas celulares) y crecer en tamaño y complejidad. El nuevo estudio adelanta este reloj hasta los 2.900 millones de años.

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Esto sitúa el nacimiento de nuestros ancestros celulares en el Eón Arcaico, un tiempo remoto en el que la atmósfera terrestre era una mezcla tóxica de metano, amoníaco y dióxido de carbono. "Hasta ahora, las estimaciones sobre cuándo ocurrió esta transformación oscilaban en una franja de incertidumbre enorme, debido a la falta de fósiles intermedios y a lo especulativo del relato", explica en el estudio Davide Pisani, coautor del trabajo y profesor en la Universidad de Bristol.

Para lograr esta precisión inédita, el equipo de investigación desarrolló un método innovador basado en la expansión de los llamados “relojes moleculares”. Esta técnica consiste en calcular cuándo dos especies divergieron a partir de un ancestro común, analizando la tasa de mutación en sus genes. Pero en este caso, el equipo fue más allá: recolectaron datos genéticos de cientos de especies y los cruzaron con evidencia fósil para generar un árbol de la vida calibrado con precisión temporal.

El resultado fue una cronología ajustada del origen de los eucariotas, que sitúa su inicio hace unos 2.900 millones de años, cuando la atmósfera terrestre aún era prácticamente anóxica (sin oxígeno). Sorprendentemente, los investigadores descubrieron que estructuras internas como el núcleo celular comenzaron a surgir mucho antes que las mitocondrias (los orgánulos encargados de la respiración celular), lo cual contradice varias hipótesis previas.

Primero la casa, luego la electricidad

La implicación más profunda de este estudio no es solo el "cuándo", sino el "cómo". Si la vida compleja surgió en un mundo sin oxígeno, luego la teoría de que la mitocondria fue el detonante inicial de la complejidad se desmorona. Los investigadores proponen un nuevo modelo evolutivo bautizado como CALM (Complex Archaeon, Late Mitochondrion, o "Arquea Compleja, Mitocondria Tardía").

placeholder Imagen de un volcán en erupción. (NASA)
Imagen de un volcán en erupción. (NASA)

Según la visión clásica (impulsada en su día por la gran Lynn Margulis), una célula simple se "tragó" a una bacteria capaz de respirar oxígeno (la futura mitocondria) y esa fusión energética permitió que la célula se volviera compleja. El modelo CALM invierte los factores: sugiere que un linaje de arqueas ya había empezado a desarrollar características complejas (como el núcleo, el citoesqueleto y sistemas de transporte interno) antes de adquirir la mitocondria.

Es decir, la evolución construyó primero la estructura de la mansión (la célula compleja) y solo mucho más tarde, cuando los niveles de oxígeno en el planeta subieron, instaló el sistema eléctrico de alta potencia (las mitocondrias). "Este enfoque revierte la causalidad que muchos científicos daban por sentada", explica Philip Donoghue, del Departamento de Ciencias de la Tierra de Bristol. "En lugar de que el oxígeno permitiera la vida compleja, fue la vida compleja la que empezó a configurarse antes de su llegada. Fue un proceso de transformación interna, de ensayo y error molecular".

La importancia de este descubrimiento trasciende la mera corrección de fechas. Implica repensar los escenarios plausibles para el surgimiento de la vida tal como la conocemos y, en última instancia, replantea nuestras hipótesis sobre cómo podría surgir la vida compleja en otros planetas. Si la complejidad puede aparecer en ambientes pobres en oxígeno, la probabilidad de hallar vida extraterrestre claramente aumenta.

Una reescritura de los primeros capítulos de la Tierra

Si el estudio de Nature reescribe el capítulo de la complejidad, otro estudio publicado el pasado 28 de noviembre en Nature Communications ha obligado a reescribir el prólogo: el origen mismo de la vida. Mientras los biólogos de Bristol miraban al pasado genético, un equipo de geoquímicos de la Universidad de Alberta (Canadá) miraba al fondo del mar, concretamente a rocas extraídas a 200 metros de profundidad bajo el lecho del Mar de China Meridional. Allí encontraron la pieza que faltaba en el rompecabezas del origen de la vida: el nitrógeno.

Para que la vida surja, se necesita amonio, una forma de nitrógeno que actúa como "fertilizante" primordial para crear aminoácidos y ADN. El problema es que, en la Tierra primitiva, sin una capa de ozono y con un Sol joven y débil, no estaba claro cómo se producían estos nutrientes en cantidad suficiente.

placeholder El nuevo estudio señala que el origen de la vida compleja en la Tierra no requirió la intervención de la fotosíntesis, como hasta ahora se creía. (Fuente: iStock)
El nuevo estudio señala que el origen de la vida compleja en la Tierra no requirió la intervención de la fotosíntesis, como hasta ahora se creía. (Fuente: iStock)

El equipo liderado por Long Li descubrió pruebas geológicas de un proceso llamado reducción abiótica de nitrógeno (ANR). Este mecanismo permite que los respiraderos hidrotermales submarinos conviertan el nitrógeno gas en amonio utilizando únicamente minerales, calor interno y presión. Lo revolucionario de este segundo hallazgo es que elimina al Sol de la ecuación. "La gente ha buscado esta reacción durante mucho tiempo, pero esta es la primera vez que tenemos pruebas convincentes de que ocurre en la Tierra", afirma Li.

Esto significa que la chispa de la vida no necesitó la superficie iluminada ni la fotosíntesis. Pudo encenderse en la oscuridad perpetua de los fondos oceánicos, alimentada por la propia geología del planeta. El estudio de Alberta provee los "ladrillos" químicos en la oscuridad, y el estudio de Bristol nos dice que esos ladrillos formaron "edificios" complejos mucho antes de que hubiera aire respirable.

Así, ambos trabajos convergen en una idea revolucionaria: la Tierra primitiva no era un lugar estéril a la espera de que el Sol o el oxígeno hicieran su trabajo. Ya fuera mediante el "fertilizante" químico generado en las profundidades oscuras o mediante la evolución temprana de células complejas en mares anóxicos, la vida encontró su camino mucho antes y con herramientas más rústicas de lo que la ciencia clásica había imaginado.

Durante décadas, la historia de la vida en la Tierra se ha enseñado como una obra de teatro con un guion inamovible. En el primer acto, el planeta era un lugar yermo y hostil. En el segundo, aparecieron microbios simples. Y solo en el tercer acto, tras un evento cataclísmico conocido como la Gran Oxidación, la atmósfera se llenó de oxígeno, el cielo se volvió azul y, gracias a ese nuevo combustible, la vida pudo volverse compleja. Según este relato clásico, el oxígeno fue la llave maestra; sin él, la evolución hacia plantas, hongos y animales (incluidos nosotros) habría sido una quimera energética imposible.

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