Ni la vista ni el oído: otro rasgo del ser humano ha evolucionado ante nuestros ojos en Kenia
Una investigación ha identificado alteraciones en el gen STC1 del pueblo turkana. Esto estaría dando a los habitantes la posibilidad de soportar mejor el calor extremo
Dos integrantes del pueblo turkana (Reuters/Thomas Mukoya)
Los humanos están mostrando indicios de evolución en el norte de Kenia, donde un estudio publicado en Science señala que el pueblo turkana presenta variantes genéticas asociadas a la capacidad de soportar el calor extremo y las sequías. Un hallazgo que ha despertado un gran interés en la comunidad científica.
La investigación identifica modificaciones en el gen STC1, una región relacionada con la retención de agua en los riñones. Esta adaptación resulta crucial para quienes recorren a diario varios kilómetros bajo temperaturas muy altas y mantienen una dieta basada principalmente en productos animales, lo que exige una gestión hídrica muy eficiente por parte del organismo.
Scientists discovered genetic variants in the Turkana that help conserve water in deserts, but these variants may now raise disease risks in urban settings, early data suggest. https://t.co/bkKbt3v8Jb
El proyecto, desarrollado junto a miles de participantes turkana, permitió secuenciar el genoma completo de cientos de ellos y localizar zonas del ADN con características singulares. Entre ellas destacó el área cercana al gen STC1, cuya actividad aumenta cuando el cuerpo activa la hormona antidiurética para conservar agua en situaciones de deshidratación.
Adaptación biológica
Los experimentos realizados con células renales humanas mostraron que el gen incrementa su expresión cuando recibe la señal asociada a la falta de líquidos. A partir de modelos informáticos, los expertos estimaron que este proceso evolutivo se habría iniciado hace entre cinco mil y siete mil años, coincidiendo con la expansión del pastoreo y el avance de la aridez en la región.
La situación comenzó a transformarse a partir de los años 80, cuando sequías intensas obligaron a parte de la población turkana a desplazarse a áreas urbanas. Este cambio implicó una modificación profunda de los hábitos alimentarios, pasando de una dieta rica en productos animales a otra basada en harinas y alimentos procesados, lo que parece influir en la eficiencia de su sistema renal.
Las pruebas médicas realizadas a cientos de personas revelaron que quienes viven en zonas urbanas presentan marcadores de menor eficacia renal y mayor actividad en genes relacionados con el estrés y la inflamación. Los investigadores consideran que estas diferencias podrían estar asociadas a la interacción entre sus variantes genéticas y un entorno muy distinto al que originó la adaptación.
Expertos ajenos al estudio consideran que este trabajo constituye un ejemplo significativo de evolución reciente en humanos. No obstante, advierten que muchas adaptaciones dependen de la combinación de múltiples regiones genéticas y no únicamente de un único gen, por lo que será necesario analizar más factores para comprender el fenómeno con precisión.
Los humanos están mostrando indicios de evolución en el norte de Kenia, donde un estudio publicado en Science señala que el pueblo turkana presenta variantes genéticas asociadas a la capacidad de soportar el calor extremo y las sequías. Un hallazgo que ha despertado un gran interés en la comunidad científica.