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Es más probable que heredes la inteligencia de tus padres antes que su personalidad
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INVESTIGACIÓN EN NATURE

Es más probable que heredes la inteligencia de tus padres antes que su personalidad

Un nuevo estudio sobre la heredabilidad de los rasgos humanos sugiere que la inteligencia fluida y el nivel educativo están más determinados por los genes que la mayoría de los demás atributos psicológicos y conductuales

Foto: Foto: EFE (Kiko Huesca)
Foto: EFE (Kiko Huesca)

Cuando una madre observa cómo su hijo resuelve un rompecabezas con la misma rapidez y gesto ceñudo que su abuelo, tal vez no imagine que, en ese instante trivial, se manifiesta una de las transferencias más profundas de la biología humana. No se trata solo de un parecido, sino de un eco molecular que viaja entre generaciones.

Y es que la genética no solo dibuja el contorno de nuestros rostros o la estatura con la que habitamos el mundo: también esculpe, en parte, la arquitectura invisible de nuestras capacidades cognitivas. Así lo constata de nuevo un estudio reciente publicado en la revista Nature, uno de los más ambiciosos jamás realizados sobre heredabilidad humana, basado en los genomas completos de 347.630 personas del biobanco británico. Su conclusión más llamativa es, también, la más reveladora: es más probable que heredes la inteligencia y la educación de tus padres que su forma de ser, su número de hijos o incluso su tendencia a fumar.

A partir del análisis de más de 40 millones de variantes genéticas (comunes y raras, codificantes y no codificantes), el equipo internacional ha logrado estimar con alta precisión la heredabilidad de 34 rasgos complejos, desde el nivel de colesterol hasta la presión arterial, pasando por la densidad ósea o la inteligencia. El estudio no se limita a los genes más conocidos o frecuentes, sino que explora el terreno esquivo de la herencia ausente, esa porción del legado genético que hasta ahora escapaba a los radares de la ciencia.

33 % de heredabilidad

Los resultados permiten trazar una cartografía jerárquica de qué rasgos son más o menos heredables. En este mapa destaca, por encima de todos, la inteligencia fluida, que alcanza una heredabilidad estimada del 33 %, seguida de cerca por el nivel educativo con un 35 %. En ambos casos, se trata de valores que superan a muchos rasgos médicos o fisiológicos tradicionalmente considerados altamente heredables. En contraste, la religiosidad, la impulsividad o la duración del sueño tienen una heredabilidad mucho menor, lo que apunta a una mayor influencia del entorno.

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Este enfoque permite entender que, si bien todos los rasgos humanos tienen una base genética, no todos están igual de determinados por ella. La inteligencia fluida (entendida como la capacidad para resolver problemas nuevos y adaptarse mentalmente a situaciones inéditas) se revela como un atributo con un componente genético más marcado de lo que muchos estudios anteriores habían estimado.

Más aún: al comparar los resultados obtenidos con la secuenciación completa del genoma con los estimados clásicos de estudios con gemelos y familias, los investigadores muestran que el 88 % de la heredabilidad atribuida al parentesco puede explicarse ya por las variantes genéticas identificadas. En otras palabras, la "herencia ausente" empieza a dejar de ser un misterio. En al menos 15 de los 34 rasgos analizados, las estimaciones genéticas actuales explican prácticamente toda la heredabilidad observada en estudios familiares.

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También se desvela que las variantes raras (aquellas presentes en menos del 1 % de la población) explican hasta un 22 % de la heredabilidad total de los rasgos, y que muchas de ellas no se encuentran en regiones codificantes, sino en zonas no codificantes del ADN. Es decir, las regiones "invisibles" del genoma tienen un peso mayor del que se había pensado en atributos como la inteligencia, el colesterol o incluso ciertas enfermedades.

Un hallazgo particularmente relevante es que, para rasgos relacionados con los lípidos como el colesterol LDL y HDL, ya se han identificado variantes raras concretas que explican más de una tercera parte de su heredabilidad rara. Estos resultados abren la puerta a nuevas formas de diagnóstico y predicción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Algunas limitaciones

Sin embargo, no todo está dicho. A pesar de la solidez del análisis, algunos expertos señalan que el estudio no agota todas las explicaciones posibles sobre la herencia del nivel educativo (EA). Uno de ellos es el genetista chino Shi Huang, creador de la teoría de la diversidad genética mixta (MGD), quien introduce una crítica de calado: "El estudio de Nature indica que aún falta por explicar parte de la heredabilidad del rasgo EA. Esto tiene sentido, ya que la diversidad genética o heterocigosidad general de un individuo también está relacionada con EA, como explica la teoría MGD".

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Según Huang, el modelo estadístico utilizado (lineal, aditivo y centrado en variantes independientes) deja fuera mecanismos más complejos, que podrían contribuir de forma significativa. No tiene en cuenta cómo interactúan entre sí distintas regiones del ADN, ni cómo influye el equilibrio general de diversidad genética en todo el genoma. Tampoco considera que diferentes poblaciones o especies pueden tener límites naturales a esa diversidad.

Esta observación sugiere una cuestión de fondo: tal vez la biología de ciertos rasgos complejos no se deje capturar con modelos basados exclusivamente en la suma de efectos independientes. La inteligencia, el nivel educativo o incluso algunos comportamientos sociales podrían emerger de dinámicas no lineales, y no tanto de una agregación simple de genes. Tal y como abunda en ello Roberto Colom, catedrático de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los principales expertos en inteligencia humana en el ámbito hispanohablante: "es altamente dudoso que explorando solamente el genoma podamos dar cuenta del proceso de desarrollo que está detrás de las variaciones en esos fenotipos. Lo que esta investigación revela es que cuanta más información se tenga, tanto mejor, pero no cierra el caso".

Más allá del determinismo

Este tipo de investigaciones despierta de inmediato el temor de quienes ven en ellas un eco inquietante de las viejas derivas eugenésicas que marcaron algunos de los episodios más oscuros del siglo XX. Colom, sin embargo, advierte que ya estamos haciendo una selección por genes en este sentido. "Existen compañías que están recurriendo a los mismos datos del UK Biobank que se usan en el estudio para seleccionar embriones según sus índices poligénicos asociados a la inteligencia. La oferta actual es elegir aquel que presentará probablemente 8 puntos más de CI. Su argumento es que una mayor inteligencia ofrece ventajas generalizadas en la vida de las futuras criaturas."

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Con todo, si bien la inteligencia y la educación aparecen como los rasgos más heredables, los autores del estudio insisten en que la heredabilidad no significa determinismo. La genética puede predisponer, pero no predestinar. De hecho, uno de los puntos críticos del estudio es que rasgos como la inteligencia están influidos por estructuras geográficas y sociales, lo que puede sesgar los resultados si no se ajustan cuidadosamente esos factores. Es decir, la inteligencia no viaja sola por el genoma, sino que se ve afectada por el lugar donde se nace, se cría y se educa.

En conjunto, pues, este estudio marca un punto de inflexión en nuestra comprensión de cómo los genes configuran nuestra mente y nuestro cuerpo. No se trata solo de qué se hereda, sino de cuánto, y sobre todo, de qué margen queda para el entorno, la educación, la cultura. Saber que la inteligencia fluida tiene una heredabilidad más alta que el número de hijos o la duración del sueño no debería inquietarnos, sino hacernos más conscientes del poder que tenemos para moldear el contexto en que ese potencial se desarrolla o se malogra.

Cuando una madre observa cómo su hijo resuelve un rompecabezas con la misma rapidez y gesto ceñudo que su abuelo, tal vez no imagine que, en ese instante trivial, se manifiesta una de las transferencias más profundas de la biología humana. No se trata solo de un parecido, sino de un eco molecular que viaja entre generaciones.

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