Una roca lunar traída por la Apolo 16 le dice a la NASA que no va a tener fácil establecer bases lunares permanentes
La NASA ultima los preparativos para sus misiones Artemis, que volverán a llevar a la Luna al ser humano. Este estudio pone otra piedra en el camino para que eso suceda
La muestra traída a la Tierra por la misión Apolo 16 (NASA/James Stuby)
Los preparativos del programa Artemis de la NASA avanzan hacia el objetivo de establecer una base permanente en la Luna. Sin embargo, los científicos han identificado una amenaza que podría poner en peligro las futuras misiones: una lluvia constante de micrometeoroides que impacta la superficie lunar a gran velocidad, afectando tanto a los equipos como a los hábitats humanos.
Lejos de los efectos de la radiación solar o la falta de oxígeno, el verdadero riesgo proviene de estas diminutas partículas de polvo cósmico. Como se explica en el artículo científico, que se encuentra disponible en arXiv, viajan a más de 70 kilómetros por segundo y, al no existir atmósfera lunar que las frene, golpean directamente con una fuerza capaz de perforar metal y alterar los sistemas tecnológicos. Este fenómeno, invisible a simple vista, supone un reto técnico que obliga a repensar los materiales y el diseño de las futuras estructuras en el satélite.
Un estudio que revela cifras alarmantes
El investigador Daniel Yahalomi, junto a su equipo, utilizó el Meteoroid Engineering Model de la NASA para calcular el alcance de esta amenaza. El modelo analiza la cantidad de impactos que podría recibir una base lunar de tamaño similar a la Estación Espacial Internacional. Los resultados indican entre 15.000 y 23.000 impactos cada año, procedentes de partículas que varían desde una millonésima de gramo hasta los diez gramos.
Estos diminutos proyectiles liberan una energía que, pese a su escala, puede dañar los sistemas de comunicación, los paneles solares o las paredes de los módulos presurizados. A diferencia de la Tierra, donde la atmósfera actúa como un escudo natural, la Luna no ofrece protección alguna frente a estos fragmentos espaciales. La exposición directa convierte el entorno lunar en un campo de riesgo permanente para cualquier estructura humana.
El impacto varía según la zona lunar
El estudio de Yahalomi también señala que el nivel de exposición a los micrometeoroides no es uniforme. Las áreas polares, en especial el polo sur lunar, presentan menores tasas de impacto, lo cual coincide con los planes de la NASA para instalar allí su primera base estable. En cambio, las regiones que siempre miran hacia la Tierra registran una incidencia hasta un 60% mayor, lo que incrementa las probabilidades de daño estructural en esas zonas.
Estas diferencias se explican por la relación orbital entre la Luna, la Tierra y el Sol, que influye en el modo en que las corrientes de meteoroides atraviesan el espacio cercano. Comprender estos patrones será esencial para elegir los lugares más seguros donde construir los hábitats, garantizando tanto la protección física como el acceso a recursos estratégicos, como el hielo de agua o la comunicación directa con nuestro planeta.
Para minimizar el riesgo, los científicos evaluaron el uso de los escudos Whipple, un sistema multicapa empleado en la Estación Espacial Internacional. Estos paneles funcionan fragmentando las partículas en una capa exterior, reduciendo así la energía del impacto antes de que alcance las zonas habitables. El análisis permitió calcular la cantidad de impactos que podrían atravesar las defensas según su grosor y ubicación, ofreciendo una base precisa para diseñar refugios más seguros.
Los datos obtenidos ayudarán a definir la resistencia que deberán tener las futuras bases lunares sin aumentar el peso de los materiales transportados desde la Tierra. Los expertos insisten en que convivir con esta amenaza invisible formará parte de la vida cotidiana de los astronautas. Aunque la Luna se encuentra a tan solo 384.000 kilómetros de distancia, sigue siendo un entorno hostil que exigirá innovación, cálculo y una ingeniería sin margen de error.
Los preparativos del programa Artemis de la NASA avanzan hacia el objetivo de establecer una base permanente en la Luna. Sin embargo, los científicos han identificado una amenaza que podría poner en peligro las futuras misiones: una lluvia constante de micrometeoroides que impacta la superficie lunar a gran velocidad, afectando tanto a los equipos como a los hábitats humanos.