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En 2006, un cazador mató a un oso muy extraño: hoy sabemos que no debió existir (y que la culpa fue nuestra)
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Un 'pizzly'

En 2006, un cazador mató a un oso muy extraño: hoy sabemos que no debió existir (y que la culpa fue nuestra)

Lo que se consideró un caso sorprendente de hibridación ha empezado a repetirse con mucha frecuencia. La mano del hombre está detrás de este problema

Foto: Uno de los ejemplares, expuesto en un museo de Canadá (Wikimedia Commons)
Uno de los ejemplares, expuesto en un museo de Canadá (Wikimedia Commons)

Un extraño oso abatido en 2006 en los Territorios del Noroeste de Canadá terminó siendo la primera prueba científica de un híbrido entre oso polar y grizzly. Este hallazgo, confirmado mediante análisis genético, se ha convertido en un símbolo de cómo el cambio climático está transformando el Ártico.

El ejemplar presentaba un pelaje claro con manchas marrones y rasgos que no encajaban del todo con ninguna de las dos especies. Tras las pruebas, los investigadores determinaron que era descendiente de un oso polar (Ursus maritimus) y un oso grizzly (Ursus arctos horribilis), lo que dio nombre popular a estos animales: pizzlies. Durante años, comunidades inuit ya habían reportado la presencia de osos de aspecto inusual.

Dos especies obligadas a compartir territorio

Las diferencias entre progenitores son notables. Los osos polares alcanzan hasta 800 kilogramos y más de 3 metros en posición erguida, mientras que los grizzlies suelen situarse entre 200 y 300 kilogramos (eso sí, poseen un carácter mucho más violento). Además, el hocico largo y el cráneo estrecho distinguen al polar, frente a la cabeza más robusta y las garras curvas propias del grizzly.

placeholder Un oso pizzly en el Zoológico de Osnabrück (Wikimedia Commons)
Un oso pizzly en el Zoológico de Osnabrück (Wikimedia Commons)

Sin embargo, el deshielo del océano Ártico empuja a los osos polares hacia el sur en busca de alimento, coincidiendo en zonas donde los grizzlies avanzan hacia el norte debido al aumento de temperaturas. Este solapamiento ha provocado encuentros que, además de conflictos por recursos, también han resultado en cría entre especies.

La amenaza de la hibridación

Un estudio de 2017 identificó ocho híbridos vinculados a una misma hembra polar que se había apareado con dos machos de grizzly. Posteriormente, se hallaron descendientes de segunda generación, con proporciones genéticas aún más cercanas al grizzly. Estos casos indican que no se trata de sucesos aislados, sino de una tendencia que podría repetirse con mayor frecuencia.

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Aunque osos polares y grizzlies están separados por alrededor de 500.000 años de evolución, la presión ambiental está forzando una interacción insólita. Algunos expertos advierten que, si los cruces se intensifican, los osos polares podrían terminar absorbidos genéticamente por la población de grizzlies, poniendo en riesgo su supervivencia como especie.

El papel del deshielo en los cruces

El retroceso del hielo marino obliga a los osos polares a desplazarse hacia el sur en busca de alimento, mientras que el aumento de temperaturas empuja a los grizzlies hacia el norte. Este solapamiento de hábitats ha multiplicado los encuentros entre ambas especies, que en algunos casos derivan en enfrentamientos y en otros en reproducción.

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Los investigadores destacan que estos encuentros son consecuencia directa de la acción del ser humano. "Estas dos especies que antes apenas coincidían ahora se ven obligadas a compartir territorio", advirtió la periodista especializada Gloria Dickie al analizar la situación.

Un extraño oso abatido en 2006 en los Territorios del Noroeste de Canadá terminó siendo la primera prueba científica de un híbrido entre oso polar y grizzly. Este hallazgo, confirmado mediante análisis genético, se ha convertido en un símbolo de cómo el cambio climático está transformando el Ártico.

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