Analizan el agua de lluvia y encuentran una sustancia ácida que no debería estar ahí: solo hay una opción posible
Hay organismos que aseguran que no supone un riesgo inmediato. En cambio, otros piden clasificarlo como tóxico, especialmente, por su impacto en la reproducción
La presencia de esta sustancia ha sido detectada en varios países (Pixabay)
El ácido trifluoroacético (TFA), una sustancia química fabricada por el ser humano, ha sido detectado en lluvias y nevadas en distintas regiones del planeta. Este compuesto, considerado una de las variantes más simples de los PFAS, también conocidos como químicos eternos, está generando una creciente preocupación por su elevada persistencia en el medio ambiente y su potencial impacto en la salud y los ecosistemas.
El TFA surge a partir de gases fluorados utilizados en sectores industriales como la refrigeración, la producción farmacéutica o los materiales aislantes. Estos gases, al descomponerse en la atmósfera, dan lugar al TFA, que es arrastrado por la lluvia hasta suelos, ríos, cultivos e incluso organismos vivos. Lo alarmante, según han explicado los investigadores en Nature, es su resistencia a degradarse y su presencia creciente en muestras ambientales recogidas en Europa, América del Norte y el océano Atlántico.
There’s a new acid in our #rain — should we be worried? Scientists and regulators are divided over the threat posed by rising levels of a chemical called #TFA . https://t.co/INpWovghVO
En Alemania, los análisis realizados sobre vegetación forestal revelan que los niveles de TFA en hojas y agujas de árboles se han multiplicado por diez desde la década de los ochenta. Además, núcleos de hielo extraídos en el Ártico canadiense muestran que esta sustancia ya estaba presente en 1969, mucho antes de que se generalizara el uso de ciertos gases fluorados. Esto ha llevado a los expertos a considerar que podrían existir otras fuentes de emisión, como medicamentos, pesticidas o productos de consumo que se degradan en el entorno.
Una parte importante del TFA no procede de procesos industriales directos, sino de la descomposición de precursores químicos como los pesticidas o gases anestésicos, que liberan TFA a lo largo del tiempo. Este fenómeno multiplica los puntos de entrada del compuesto al medio natural y dificulta su control regulatorio, especialmente en el ámbito europeo.
Impacto en organismos y ecosistemas
Aunque algunos organismos como el PNUMA sostienen que el TFA no supone un riesgo inmediato, las agencias alemanas han propuesto clasificarlo como tóxico para la reproducción. Esta petición se apoya en estudios realizados con animales, en los que dosis elevadas de TFA provocaron alteraciones en el desarrollo fetal. Aunque los niveles empleados en estos ensayos eran significativamente superiores a los presentes en aguas de consumo, los expertos no descartan efectos acumulativos con el tiempo.
Además, el TFA tiene un comportamiento que lo diferencia de otros contaminantes: las plantas lo absorben con el agua, pero no lo liberan con la transpiración. Esto provoca que el compuesto quede atrapado en su interior, con posibles consecuencias para cultivos y biodiversidad, especialmente en suelos agrícolas donde su acumulación podría dificultar el crecimiento vegetal a medio plazo.
Mientras que países como Estados Unidos no consideran al TFA como un PFAS por su estructura molecular y facilidad de excreción en humanos, científicos europeos alertan de que su creciente presencia ambiental justifica su inclusión en esta categoría. Las autoridades europeas han abierto un proceso de consulta pública, vigente hasta el 25 de julio, para evaluar si deben reforzarse los controles sobre esta sustancia.
Regular el TFA podría tener consecuencias económicas importantes para sectores como el farmacéutico o el de refrigeración, por lo que varias industrias defienden que existe TFA de origen natural. Sin embargo, expertos como Scott Mabury aseguran que no se ha demostrado ningún mecanismo que permita su formación natural en cantidades significativas, por lo que su incremento solo puede explicarse por actividades humanas.
Más allá del origen del TFA, los científicos coinciden en que añadir más cantidad de este compuesto a la atmósfera y a los ecosistemas no es deseable. Como señala Mark Hanson, “aunque parte del TFA fuese natural, eso no lo hace seguro ni justifica seguir liberándolo al medio ambiente”.
El ácido trifluoroacético (TFA), una sustancia química fabricada por el ser humano, ha sido detectado en lluvias y nevadas en distintas regiones del planeta. Este compuesto, considerado una de las variantes más simples de los PFAS, también conocidos como químicos eternos, está generando una creciente preocupación por su elevada persistencia en el medio ambiente y su potencial impacto en la salud y los ecosistemas.