El error de España si quiere ser relevante en IA: un 'apagón nuclear' a contracorriente
El fin de la energía nuclear puede lastrar la competitividad de España justo cuando la inteligencia artificial dispara la demanda eléctrica y hay mucha inversión en juego
En medio de la batalla internacional protagonizada por la estadounidense OpenAI y la china DeepSeek, Europa ha decidido ponerse las pilas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció el martes la puesta en marcha de InvestAI, una iniciativa para movilizar 200.000 millones de euros para inversiones en inteligencia artificial que incluye un nuevo fondo de 20.000 millones de euros para gigafactorías.
La noticia se produjo en la Cumbre de Acción sobre Inteligencia Artificial celebrada en París, un gran evento internacional en el que Emmanuel Macron ejerció de anfitrión y que dejó un bombazo similar y no menos relevante: el presidente francés también decidía apostar por la IA con un plan propio dotado con 109.000 millones de euros. Días antes, Emiratos Árabes Unidos acordó invertir entre 30.000 y 50.000 millones para construir un gran centro de datos de IA en Francia.
Algunos analistas han visto claramente un movimiento geopolítico de mucho calado. La Unión Europea, aunque llegue tarde, quiere mantener su independencia frente a EEUU y China en un sector que ya es estratégico, pero Macron pretende que convertir a Francia en el líder económico del continente aprovechando sus ventajas competitivas frente a Alemania. El tradicional motor económico europeo está en horas bajas y el momento es decisivo. Los franceses no solo están bien posicionados en la materia (la empresa Mistral es el mejor ejemplo), sino que cuentan con una herramienta mucho más relevante de lo que parece: su producción de electricidad se basa en las centrales nucleares en más de un 70% y esto significa que tiene un enorme caudal de energía fiable, barata y libre de emisiones de CO₂.
La IA es energía
Es difícil hacerse una idea del consumo energético que supone la IA. En 2024, Google reconoció que sus emisiones de carbono habían aumentado un 48% en solo cinco años debido al auge de esta tecnología, pero hay estudios que pronostican un crecimiento vertiginoso. La inteligencia artificial generativa ya demanda unas diez veces más que los algoritmos tradicionales porque utiliza grandes volúmenes de datos y el entrenamiento de los modelos conlleva miles de millones de operaciones matemáticas. Por eso, la importancia de un centro de datos "ya no se mide en almacenamiento, sino en potencia energética”, afirma en declaraciones a El Confidencial César Franco, presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales (CGCOII).
No obstante, el gasto energético depende mucho de los modelos de IA. "A medida que se vuelven más sofisticados y grandes, como el caso de GPT-4, las demandas de energía para entrenar y operar estos modelos aumentan considerablemente", comenta Sergi Simón, coordinador de los programas de gestión de riesgos y sostenibilidad de EALDE Business School. Sin embargo, "modelos más eficientes, como DeepSeek, están impulsando el debate sobre cómo hacer que la IA sea más sostenible". La inteligencia artificial china que ha conmocionado al sector sería hasta un 75% más eficiente en términos energéticos. En ese sentido, España cuenta con un Programa Nacional de Algoritmos Verdes para tratar de impulsar una tecnología más sostenible. En cualquier caso, si el crecimiento de los próximos años es como se prevé, ni el mejor de los modelos evitará que el consumo de energía se dispare.
En EEUU, las grandes tecnológicas ya están pensando en construir pequeños reactores modulares (SMR) para dar suministro a sus centros de datos. Estas instalaciones compactas, que apenas han empezado a desarrollarse en los últimos años, tienen menos potencia que una central nuclear convencional, pero garantizarían un suministro estable, barato y libre de emisiones. La apuesta de China por la construcción de plantas nucleares es mucho más ambiciosa: ya tiene tantos reactores como Francia (segundo productor mundial hasta ahora) y solo es superada por EEUU.
El apagón nuclear español
El adalid de la tendencia contraria es Alemania, que tras el accidente de Fukushima decidió prescindir de la energía nuclear y cerró su última central en 2023. El problema es que las renovables no ha cubierto el hueco y el país germano ha tenido que quemar más carbón y gas en las centrales de ciclo combinado, aumentando sus emisiones de CO₂. España, sin tanta prisa, también está en esa senda: entre 2027 y 2035 dejarán de funcionar los siete reactores ubicados en las cinco centrales del país. En enero, miles de personas se manifestaron en Almaraz (Cáceres) contra el primero de estos cierres.
Aunque España no pueda hacer una apuesta tan importante como la que ha presentado Macron, sí podría llevarse su parte del pastel de los 200.000 millones de la Comisión Europea. La cuestión es si el desmantelamiento de las centrales nucleares lastra esa posibilidad. Aunque este sector solo supone un 5,5% de la capacidad instalada, en 2023 generó un 21,4% de la electricidad. "El hecho de que la energía nuclear vaya a echar el cierre en España no supone un riesgo desde la perspectiva del suministro de hogares y de industrias", aclara el presidente del CGCOII.
Sin embargo, ¿nos podemos subir al tren de la IA perdiendo esta herramienta? "No sin riesgo", destaca, "porque la energía nuclear sirve de base". La eólica y la solar dependen de las condiciones meteorológicas y, "al menos a medio plazo, no tendremos una capacidad de almacenamiento eficaz y rentable". Por lo tanto, la única manera de respaldar un suministro constante sin sobresaltos serán las centrales de ciclo combinado (gas) o las interconexiones con Francia, lo que "sería un contrasentido". Además, podríamos enfrentarnos a un problema de precios y, por lo tanto, de competitividad.
En cambio, la estabilidad del país vecino es lo que "le permite atraer inversiones en inteligencia artificial y centros de datos". Lo mismo ocurre con países que abanderan las energías verdes, como los nórdicos. Por ejemplo, aunque la mayor parte de la electricidad de Suecia procede de las energías hidroeléctrica y eólica, casi un tercio es nuclear. Por el contrario, en el caso de España, los expertos vaticinan un incremento de las emisiones, como ha ocurrido en Alemania, contradictorio con los objetivos medioambientales de Europa.
Las oportunidades que se perderán
Sin embargo, ¿no debería España cerrar sus nucleares, en cualquier caso, por motivos de seguridad? Lo cierto es que se diseñaron para operar en condiciones óptimas durante 40 años y, cuando dejen de funcionar, todas los habrán superado. Sin embargo, los ingenieros creen que esto no es un problema. "En Francia y en EEUU hay reactores idénticos al de Almaraz que han prolongado su autorización hasta los 60 años y, en algunos casos, con las inversiones adecuadas, ya se habla de 80", afirma César Franco. Con labores de mantenimiento y modernización, "desde la perspectiva técnica no hay nada que impida su continuidad". En cualquier caso, el Consejo de Seguridad Nuclear, un organismo independiente, está encargado de autorizar o no la extensión de la vida útil en función de si cumplen unos exigentes requerimientos.
En la actualidad, prorrogar su funcionamiento "nos daría la capacidad para hacer una transición energética más tranquila y de planificarla de manera más adecuada", asegura el experto, especialmente si las nuevas tecnologías suponen un aumento de la demanda. No obstante, este problema no solo está relacionado con el auge de la IA, sino que tiene muchas más implicaciones. En el pasado, la moratoria nuclear española, que paralizó la construcción de más centrales, "muchos profesionales dedicados a su desarrollo terminaron por marcharse a otros países".
Según el presidente del CGCOII, si el abandono de esta energía es completo mientras otros países siguen apostando por ella, perderemos talento. Ingenieros y científicos buscarán oportunidades fuera, algo que afectaría a las capacidades tecnológicas españolas más allá de este sector concreto. "La ciencia de base relacionada con la tecnología nuclear se aplica incluso en tratamientos médicos", comenta. Además, a medio y largo plazo, las potencias también están compitiendo por el desarrollo de la fusión nuclear, que tiene muchos aspectos relacionados.
Por otra parte, si en un futuro cercano la solución pasara por la instalación de los pequeños reactores SMR, un apagón nuclear previo tampoco ayudaría. "La ventaja es que se pueden ubicar en cualquier sitio, pero la pérdida de conocimiento nos dejaría en una mala situación en relación con los suministros, el acopio de combustible y el tratamiento de los residuos. Los países nucleares tienen resuelto ese problema, pero si nosotros dejamos de invertir, después tendríamos que acudir a un mercado más competitivo y complicado", añade.
En medio de la batalla internacional protagonizada por la estadounidense OpenAI y la china DeepSeek, Europa ha decidido ponerse las pilas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció el martes la puesta en marcha de InvestAI, una iniciativa para movilizar 200.000 millones de euros para inversiones en inteligencia artificial que incluye un nuevo fondo de 20.000 millones de euros para gigafactorías.