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Sangre, saliva y conciertos: este experimento desvelará cómo afecta la música a tus genes
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¿HACIA UNA NUEVA TERAPIA?

Sangre, saliva y conciertos: este experimento desvelará cómo afecta la música a tus genes

En un experimento inédito, científicos gallegos van a analizar cómo cambia la expresión de los genes antes y después de un concierto celebrado este viernes en Santiago

Foto: Real Filarmónica de Galicia. (EFE/Salvador Sas)
Real Filarmónica de Galicia. (EFE/Salvador Sas)

La música tiene un gran efecto sobre nosotros. Si coinciden el estilo y el momento más adecuados, puede relajarnos en el sofá o desatar nuestra euforia y hacernos saltar entre la masa que asiste a un gran concierto. Muchos se han preguntado si, más allá del aspecto psicológico, este arte tiene otro tipo de influencia. De hecho, hay profesionales que utilizan la musicoterapia para mejorar el bienestar de ciertos grupos de pacientes, aunque generalmente no se considera que tenga un efecto curativo directo, sino más bien que desencadena procesos mentales que pueden resultar beneficiosos. En cualquier caso, desde el punto de vista científico, el gran problema es poder medir y demostrar que, en efecto, una melodía ejerce algún tipo de cambio en nosotros.

Por eso, el experimento que tuvo lugar este viernes en Santiago de Compostela no tiene precedentes. Los promotores del proyecto Sensogenoma22 se hicieron una pregunta que ya en sí misma resulta sorprendente: ¿la música puede cambiar la expresión de nuestros genes? Para responderla organizaron un concierto en el Auditorio de Galicia con la Real Filarmónica de Galicia, 1.200 asistentes y 200 profesionales sanitarios que les tomaron muestras de sangre y saliva antes y después del evento. La idea es analizar posibles cambios moleculares inducidos por la música. Suena arriesgado y casi increíble, pero quién sabe si podemos estar ante el primer paso de nueva disciplina científica y terapéutica.

Foto: Prueban la musicoterapia en los bebés prematuros

"No pretendemos descubrir que la música nos afecta, que nos emociona y nos hace sentir cosas, eso es obvio. Incluso en determinadas patologías puede ser un instrumento terapéutico, eso ya es conocido", afirma en declaraciones a Teknautas Federico Martinón Torres, uno de los líderes de este proyecto, científico del Instituto de Investigación Sanitaria (IDIS) del Hospital Clínico Universitario de Santiago y del Grupo de Investigación en Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría (GENVIP). En lo que sí va a resultar innovador su estudio es en la aplicación de "técnicas de vanguardia para analizar específicamente cuáles son las bases moleculares que se ven influidas por el estímulo musical y ver si son las mismas en personas sanas y en las que tienen patologías".

En concreto, tras la recogida de muestras, van a medir específicamente cómo se expresan los genes; es decir, la respuesta del ARN mensajero. Este campo se conoce como transcriptómica. "Los genes son estáticos en el sentido de que nacemos con los que nos tocan, por herencia materna y paterna; pero luego hay regulaciones epigenéticas y factores ambientales que influyen en su expresión. En el día a día, nuestros genes ejecutan órdenes ante cualquier estímulo", comenta. En una metáfora muy oportuna para este proyecto, es como si cada uno tuviéramos un piano y cada tecla fuera un gen. "Todos tenemos 20.000 teclas, pero se estimulan o se inhiben en función del ambiente y generan una melodía única", explica. De hecho, "sabemos que cada infección genera un sonido distintivo". Es decir, dependiendo de cómo se expresan los genes, "podemos saber si una persona está infectada por covid o por gripe, y esa misma estrategia es la que vamos a aplicar en el contexto de la música", afirma.

placeholder Joven al piano. (EFE)
Joven al piano. (EFE)

A partir de lo que encuentren no descartan que la música pueda ser utilizada desde el punto de vista terapéutico. "Podría ser directamente a través de estímulos musicales o incluso farmacológicamente", en función de las rutas moleculares que descubra el estudio. Nunca se ha hecho algo así con la música, pero Martinón y su equipo son especialistas en el análisis de la expresión de los genes en otros campos, particularmente, en las infecciones y las vacunas, su campo de trabajo habitual. De hecho, a raíz de la pandemia ya han publicado una docena de artículos sobre covid, utilizando el análisis molecular de la respuesta genética a la infección y a las vacunas. En este caso, el contexto es completamente distinto, pero confían en encontrar al menos alguna pista para futuras terapias.

La complejidad de un experimento inédito

El proyecto tiene el aliciente de explorar una ruta nueva, inédita en ciencia, aunque abrir nuevos caminos siempre resulta arriesgado. En este caso, la posibilidad de que un estímulo auditivo tenga efectos biológicos puede ser controvertida. "Somos conscientes de que nos movemos en arenas movedizas, casi al límite de conceptos de la pseudociencia, pero lo que queremos, precisamente, es ofrecer una visión absolutamente racional. Entendemos que nuestros sentidos son vías de acceso a nuestro sistema nervioso central y que la música es una de las posibilidades. A partir de ahí, veremos cuáles son los resultados", asegura. Al final, "si no hay nada, publicaremos que no hay nada; y, si encontramos algo, seguiremos avanzando". En ese sentido, el experimento del concierto es una auténtica prueba de concepto.

No obstante, hacer que un experimento de este tipo sea escrupulosamente científico es bastante complicado. Para empezar, resulta imprescindible que el ensayo pueda ser reproducido por otros investigadores para confirmar o refutar las conclusiones, así que las características del concierto o la recogida de muestras fueron aspectos escrupulosamente bien definidos. Por ejemplo, la extracción de sangre y saliva fue inmediata tras la finalización del evento y para ello se requería la participación de tantos sanitarios.

placeholder Federico Martinón Torres. (EFE)
Federico Martinón Torres. (EFE)

Aun así, los científicos son conscientes de que hay una gran cantidad de variables que pueden influir en los resultados. "Puedes estar de mal humor porque te duele una muela", pone como ejemplo el investigador. Sin embargo, a pesar de que existen muchas posibles señales, los procedimientos bioinformáticos permiten diferenciar (de entre todas esas melodías simultáneas que suenan en nuestro piano genético) cuál es la que se corresponde con el estímulo musical. "Si se produce una señal específica en todas las personas sanas, la encontraremos, más allá de otras que se estén produciendo simultáneamente. Es igual que cuando te infectas por un patógeno, tenemos otras señales de otros problemas de salud, pero podemos encontrar la melodía específica que buscamos", declara Martinón.

En cualquier caso, hacer que el experimento ofrezca información útil implica recoger muchos datos del público, además de su sangre y su saliva. Previamente, todos los participantes fueron informados de forma pormenorizada de lo que iba a suceder y fueron entrenados sobre el proceso de toma de muestras. Además, tuvieron que anotar sus enfermedades y aportar muchos datos personales. "Aparte de la visión global, podríamos encontrar cómo varía la expresión de los genes por género, por edad o por la existencia de determinadas patologías de base", justifica el experto.

Con un ojo puesto en el alzhéimer

La ventaja es que, para entrenar la parte logística, ya hubo un concierto piloto en junio, con poco más de un centenar de personas. Además, se eligió un público específico muy particular: personas con alzhéimer y sus familiares. Por eso, aparte de ser un ensayo para el concierto principal, permitió obtener algunas pistas sobre el impacto de la música que ya están ofreciendo datos. "Estamos en la fase de análisis, pero vemos que, efectivamente, esta metodología nos sirve para medir lo que queremos, porque observamos cambios en más de 300 genes", adelanta. A pesar de todo, Martinón reconoce que todavía es demasiado pronto para saber si esas modificaciones tienen alguna relevancia o no.

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Paciente de alzhéimer. (Reuters)

En cualquier caso, la elección del público no fue casual. Uno de los campos en los que más expectativas ha generado la musicoterapia ha sido el alzhéimer. Los profesionales que trabajan con estos enfermos llevan años recabando datos sobre efectos positivos, pero ¿es posible que haya una repercusión biológica directa y medible? "Eso es lo que queremos ver. Quizá los pacientes con alzhéimer tienen una especial sensibilidad musical o quizá, simplemente, se trata de que esa vía tarda más en atrofiarse. No lo sabemos, pero, antes de poder analizar esta cuestión en contextos patológicos, también necesitamos saber cuál es la base en personas sanas", señala el investigador del Hospital Clínico Universitario de Santiago.

En el peor de los casos, encontrarán que no hay nada. En el mejor, este proyecto podría dar paso a alternativas terapéuticas. Por si acaso, los investigadores gallegos ya hablan de una nueva disciplina que podría denominarse "sensogenómica". De hecho, ya han acuñado ese término en un artículo científico. "Es un poco pretencioso por nuestra parte", reconoce Martinón, pero también un punto de partida para avanzar. "La ciencia consiste en realizar apuestas arriesgadas, si ya supiéramos la respuesta, no merecería la pena intentarlo. Eso es lo bonito", añade.

Foto: La culpa no la tienes tú, la tiene la genética. (iStock)

El proyecto no solo resulta interesante y oportuno, sino que "a la gente le ilusiona y le emociona". La mejor prueba es que para el concierto de este viernes se habían apuntado como voluntarias muchas más personas de las necesarias, el triple del aforo posible. Lo que no sobra, como suele ser habitual, es la financiación. Aunque también el personal sanitario ha participado desinteresadamente, las pruebas genéticas son muy caras, así que los promotores de Sensogenoma22 buscan patrocinadores para poder ampliar estos estudios.

Y ampliar no significa solo hacer más conciertos, sino explorar la desconocida relación entre los estímulos sensoriales en su conjunto, más allá de la música. "Por eso hemos llamado a este campo 'sensogenómica' y no 'musicogenómica", apunta el investigador. Es probable que otras artes y otras vías que tienen que ver con los cinco sentidos puedan tener un impacto biológico y terapéutico, al menos, si se confirma que la expresión musical lo tiene. No obstante, "este era el mejor punto de partida y, en función de los resultados, podremos seguir".

La música tiene un gran efecto sobre nosotros. Si coinciden el estilo y el momento más adecuados, puede relajarnos en el sofá o desatar nuestra euforia y hacernos saltar entre la masa que asiste a un gran concierto. Muchos se han preguntado si, más allá del aspecto psicológico, este arte tiene otro tipo de influencia. De hecho, hay profesionales que utilizan la musicoterapia para mejorar el bienestar de ciertos grupos de pacientes, aunque generalmente no se considera que tenga un efecto curativo directo, sino más bien que desencadena procesos mentales que pueden resultar beneficiosos. En cualquier caso, desde el punto de vista científico, el gran problema es poder medir y demostrar que, en efecto, una melodía ejerce algún tipo de cambio en nosotros.

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