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Por qué se produce ahora el peor incendio de la historia de España: esto es lo que viene
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UN CAMPO ABANDONADO

Por qué se produce ahora el peor incendio de la historia de España: esto es lo que viene

Cada vez hay más vegetación y cada vez está más seca, un combustible listo para generar fuegos imposibles de apagar: no es un problema de medios, sino de gestión del territorio

Foto: Un animal muerto tras el incendio de la Sierra de la Culebra. (EFE/Brais Lorenzo)
Un animal muerto tras el incendio de la Sierra de la Culebra. (EFE/Brais Lorenzo)

Es la España vacía, vaciada, vacilada; y ahora, calcinada. Zamora lidera las estadísticas de despoblación y acaba de sufrir un golpe que duele especialmente. El mayor incendio forestal de la historia de España arrasó hace unos días 30.000 hectáreas en la Sierra de la Culebra. Con el terreno aún humeante, miles de personas se manifestaron en la capital de la provincia, indignadas por la falta de medios, ya que el operativo de extinción de la Junta de Castilla y León se pone en marcha el 1 de julio. Los ciudadanos creen que se puede hacer mucho más contra el fuego que sufren, precisamente, las zonas más abandonadas. Ya no es que no quede gente: es que no quedan árboles, lobos ni setas.

Lo peor es ver venir la tragedia. Aunque la Sierra de la Culebra tenga ahora el récord, los 'megaincendios' empiezan a ser más que habituales. En agosto de 2021, el de Navalacruz (Ávila) se llevó por delante 22.000 hectáreas. Al mes siguiente, Sierra Bermeja (Málaga) ardió de forma incontrolable durante días hasta devastar 10.000 hectáreas; y menos de un año después la situación se volvió a repetir, a comienzos de este mes, con otras casi 5.000 hectáreas calcinadas. Aún así estamos teniendo suerte, porque los grandes incendios han sido aún más dramáticos en otros países de nuestro entorno, como Grecia y Portugal, incluyendo la pérdida de decenas de vidas humanas. ¿Es esto lo que nos espera? ¿Se puede evitar? ¿Es cuestión de contratar más bomberos y avionetas?

Foto: Los bomberos trabajan en Sierra Bermeja en las labores de extinción de incendios. (Reuters)

Lo cierto es que los grandes incendios forestales han existido desde siempre. Aunque el origen de la mayoría de los que sufrimos en la actualidad está relacionado con negligencias humanas, la tragedia de la Sierra de la Culebra, sin ir más lejos, fue provocada por los rayos de una tormenta. "Son un proceso natural del que tenemos constancia desde hace 350 millones de años", explica a Teknautas Víctor Resco de Dios, profesor de Incendios y Cambio Global en la Universidad de Lleida. Sin embargo, en nuestra memoria colectiva estos sucesos son muy recientes porque hasta hace pocas décadas éramos una sociedad agrícola, con mucho terreno de cultivo, sin grandes zonas de arbolado y ganado que se comía la maleza. En definitiva, los fuegos de grandes dimensiones eran imposibles.

Todo cambió con el éxodo rural. En España, hay estadísticas oficiales sobre incendios desde 1968 y las peores décadas desde el punto de vista de la superficie total quemada fueron las de los años 80 y 90. 'Todos contra el fuego', cantaba en televisión Joan Manuel Serrat rodeado de niños en el año 1990. Desde entonces, el área anual devastada por las llamas ha descendido, no porque el cantautor nos convenciera, sino porque "hemos aprendido a apagar incendios forestales e invertimos mucho más en medios", señala el experto de la Universidad de Lleida. Entonces, ¿cuál es el verdadero problema ahora? "Esa disminución en el área quemada es solo un espejismo, no es un buen indicador de la gravedad del problema. Desde la última década los grandes incendios son cada vez mayores y algunos escapan de nuestros dispositivos de extinción", comenta. Aunque solo representan un 0,18% de todos los que se producen, "se están volviendo cada vez más intensos, más voraces y son prácticamente inextinguibles".

placeholder Manifestación en Zamora tras el incendio. (EFE)
Manifestación en Zamora tras el incendio. (EFE)

La intensidad de estos grandes fuegos va en aumento y hay dos razones principales: el abandono del campo es cada vez más pronunciado y el cambio climático ha modificado las condiciones ambientales. Tener menos superficie dedicada a la agricultura y a la ganadería se traduce en que hay más combustible, es decir, más vegetación. "Estamos perdiendo los campos de cultivo, que rompían la continuidad del bosque haciendo de cortafuegos", destaca. Además, ese combustible cada vez está más seco. Un motivo es la competencia entre las plantas, que cada vez son más numerosas y se tienen que repartir el agua disponible. Otro es el propio cambio climático, que trae más olas de calor y sequías prolongadas.

La superficie forestal de España ha crecido un 33% desde 1990, según cifras del Banco Mundial. Aunque parece un buen dato para el medio ambiente, si lo pensamos en términos de incendios forestales, el peligro aumenta. Principalmente, porque desaparecen los espacios abiertos, según explica Rosa María Canals, profesora de la Universidad Pública de Navarra. El campo se convierte en una masa uniforme y poco diversa. Para colmo, en un 80% la gestión forestal es deficiente, según calcula un informe de la Universidad de Santiago de Compostela. Aunque en la superficie pública las administraciones están obligadas a tener planes de ordenación y prevención, la mayor parte de la propiedad forestal es privada. A todo ello, según la experta, se suma el peligro de construir casas y urbanizaciones en plena naturaleza, sobre todo en la zona mediterránea.

placeholder Fuego en la Sierra de la Culebra. (Reuters)
Fuego en la Sierra de la Culebra. (Reuters)

¿Más medios de extinción o una gestión diferente?

Con buena lógica, podemos suponer que para combatir un problema más grande lo que hace falta es poner más medios. Sin embargo, la situación es mucho más compleja. Los bomberos catalanes han calculado que más del 75% de todas las descargas aéreas son ineficientes. De hecho, en el incendio de Sierra Bermeja de 2021 llegó a haber 50 aeronaves actuando de forma simultánea y el resultado no fue muy satisfactorio. Para entender las dimensiones de un operativo de este tipo, el servicio de extinción de California (CalFire), que habitualmente se enfrenta a incendios gigantescos en un estado cuya extensión es poco menor que la de toda España, tiene un total de 60 aeronaves.

Para Víctor Resco, "se invierte en medios porque los políticos lo consideran una estrategia electoral exitosa, pero lo que realmente hacen es malgastar fondos públicos". En su opinión, "los anuncios grandilocuentes de que se invertirá mucho en medios para la extinción no son más que un fraude", porque la verdadera clave está en la gestión del territorio. Una de las consignas más repetidas en la manifestación de Zamora y después de este tipo de tragedias es que los incendios se apagan en invierno y, en efecto, por ahí van los tiros.

"Los incendios inextinguibles son cada vez más frecuentes porque hay más combustible y está más seco", insiste, así que la solución pasa por ir a la raíz del problema, "corrigiendo las ingentes acumulaciones de combustible y mitigando el cambio climático". Ambos objetivos parecen muy ambiciosos, pero según el experto, no deberían suponer un gran coste. "Hay que redirigir la inversión en incendios forestales, asignar más recursos a gestión del territorio y menos a extinción", propone. Por otra parte, se pueden lograr nuevos recursos para la gestión del territorio con medidas que también combatan el cambio climático. Por ejemplo, incentivar el consumo de madera en lugar de hormigón para la construcción, o en lugar del gas para la energía.

placeholder Zona quemada en la Sierra de la Culebra. (EFE)
Zona quemada en la Sierra de la Culebra. (EFE)

Para expresar esta misma idea, Fernando Pulido, investigador de la Universidad de Extremadura, habla de "cortafuegos productivos". En concreto, en sus estudios propone infraestructuras que permitan evitar la propagación del fuego al mismo tiempo que dinamizan los territorios rurales despoblados que favorecen los incendios gigantescos. El objetivo sería extraer esa vegetación antes de que se convierta en combustible y hacerlo de forma rentable, a través de explotaciones de madera, ganaderas o agrícolas. Al igual que ocurría hace décadas, antes del abandono del campo, estos cortafuegos se mantendrían por la propia economía que generan en lugar de tener que gastar dinero público.

¿Cómo recuperar una zona arrasada?

Todas estas ideas llegan tarde para la Sierra de la Culebra. Sin embargo, además de pensar en la recuperación, ya ha comenzado la cuenta atrás para evitar el siguiente incendio. Después de un desastre de esta magnitud, hay que comenzar por lo más básico: el suelo. "Es la base sobre la que se construye el bosque y lo primero es tener en cuenta el potencial erosivo, es decir, evitar que se pierda suelo y aplicar las medidas correctoras de ingeniería forestal necesarias para ello", comenta Víctor Resco. La buena noticia es que la vegetación mediterránea está adaptada a los incendios. Algunas especies, como los robles o los castaños, están preparadas para rebrotar después del fuego. Otras tienen auténticos "bancos de semillas" en la tierra cuya germinación se activa tras el incendio (los matorrales) o incluso "bancos de semillas aéreos", porque liberan sus semillas con el incendio (algunos pinos). Además, hay que tener en cuenta que el avance del fuego deja islas que no se han quemado y que también son fuente de regeneración.

Foto: Vacas 'Holstein', como las que fueron sujeto de estudio. (iStock)

¿Significa todo esto que no es necesario repoblar? Cada caso es diferente, según el profesor de Incendios y Cambio Global. "Las repoblaciones son una técnica de ingeniería que puede ser necesaria en algunas zonas. Por lo general el problema en España es que tenemos demasiados árboles, no demasiado pocos, pero ello no quita para que en algunos sitios no sea necesaria una restauración", afirma. En otros casos, en lugar de plantar árboles, lo ideal será "acometer acciones puntuales para lograr la vegetación que buscamos”. Ahora bien, "lo que no podemos hacer es usar las repoblaciones como un mecanismo de compensación de las emisiones de CO2, como buscan algunas empresas; eso es una falacia sin base científica".

Algunos entornos naturales, como la zona quemada en Zamora, no solo se trata de vegetación, sino que la fauna también es un elemento fundamental. "Es evidente que algunos animales mueren calcinados, pero eso no tiene por qué representar un problema para sus poblaciones. Los lobos, por ejemplo, son resilientes a los incendios", indica el experto. De hecho, "los estudios realizados indican que sus poblaciones son particularmente comunes en lugares quemados porque son zonas abiertas donde les resulta más fácil encontrar presas. Lo mismo pasa con las aves rapaces, que tienen más facilidad de cazar en las áreas incendiadas", explica.

Por todo ello, considera que, a día de hoy, los incendios no son tanto un problema ecológico como un problema de protección civil, de salud pública y hasta de seguridad nacional: causan muertes y problemas respiratorios, consumen una gran cantidad de recursos y afectan a las comunicaciones. Por eso, "es urgente abordar estructuralmente el problema de los incendios forestales si queremos evitar males mayores". En cualquier caso, la probabilidad de prevenir el siguiente incendio "depende de cómo gestionemos la vegetación que surja tras el incendio y de qué hagamos con ella en los próximos 10 o 20 años".

Es la España vacía, vaciada, vacilada; y ahora, calcinada. Zamora lidera las estadísticas de despoblación y acaba de sufrir un golpe que duele especialmente. El mayor incendio forestal de la historia de España arrasó hace unos días 30.000 hectáreas en la Sierra de la Culebra. Con el terreno aún humeante, miles de personas se manifestaron en la capital de la provincia, indignadas por la falta de medios, ya que el operativo de extinción de la Junta de Castilla y León se pone en marcha el 1 de julio. Los ciudadanos creen que se puede hacer mucho más contra el fuego que sufren, precisamente, las zonas más abandonadas. Ya no es que no quede gente: es que no quedan árboles, lobos ni setas.

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