Los terremotos de La Palma pueden ir a más: qué nos dicen sobre la evolución del volcán
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LA PROFUNDIDAD ES CLAVE

Los terremotos de La Palma pueden ir a más: qué nos dicen sobre la evolución del volcán

Los vulcanólogos vigilan cambios en la sismicidad que indiquen un posible nuevo centro eruptivo, aunque por ahora consideran poco probable esta posibilidad

Foto: El volcán, de fondo al barrio de El Paso, en La Palma. (Reuters)
El volcán, de fondo al barrio de El Paso, en La Palma. (Reuters)

Lejos de aplacarse, la erupción de La Palma parece no tener límite. No deja de sorprender por su intensa actividad y por sus consecuencias: la lava ha arrasado ya en torno a 900 hectáreas y se ha llevado por delante casi 1.300 edificaciones. Aunque lo más espectacular sean las explosiones, las coladas y los cambios en el cono volcánico —como la impresionante ruptura que tuvo lugar en la tarde del lunes—, científicos y vecinos están muy atentos a la monitorización constante de la sismicidad. Los terremotos, sentidos por la población de toda la isla, no solo pueden afectar la vida diaria, sino que anticiparían posibles cambios en el proceso eruptivo.

Así que no es de extrañar que en los últimos días haya crecido la inquietud. Un terremoto registrado a 38 kilómetros de profundidad en la zona de Villa de Mazo el pasado fin de semana marca el récord de magnitud (4,9) desde que comenzó la erupción. La sismicidad está al alza en los últimos días, no solo porque se alcanzan estos registros, sino por el número de temblores, que ha llegado a los 264 en una sola jornada, según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), aunque la inmensa mayoría se quedan en una magnitud de entre 2 y 4 y no llegan a ser percibidos.

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Para explicar este aumento de la sismicidad, hay que analizar el fenómeno en su conjunto, según comenta para Teknautas Vicente Soler, vulcanólogo del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC). Desde su punto de vista, es un error pensar que estamos ante un gran reservorio de magma que va saliendo hasta agotarse, como el aire de un neumático pinchado. Si fuera así, “sería muy difícil de interpretar lo que está pasando”, apunta. Un modelo más acorde con la realidad es el de “un sistema de varias bolsas de magma que van ascendiendo desde una profundidad probablemente superior a los 100 kilómétros”.

En este caso, parece encontrarse con una dificultad en la ascensión cuando llega a entre 30 y 40 kilómetros, de manera que “tiene que romper algo para abrirse camino y esa es la sismicidad profunda que observamos en La Palma desde 2017”, señala. En torno a los 10 o 15 kilómetros vuelve a ocurrir lo mismo y por eso también se registran terremotos a esa distancia de la superficie desde unos días antes del comienzo de la erupción, el pasado 19 de septiembre. En cambio, de ahí hasta la salida ya no se producen nuevos movimientos sísmicos porque el fluido conecta con la vía de alimentación del volcán.

Colapso hacia dentro del cono del volcán de La Palma

No obstante, Alicia Felpeto, vulcanóloga del IGN, aclara que “donde se producen los terremotos no tiene que ser, necesariamente, donde está el magma”, ya que en su ascensión a la superficie “produce un cambio de presiones y de esfuerzos en la zona que hacen que se rompan determinadas estructuras”. Aun así, está claro que existen dos lugares con comportamientos distintos, con una mayor intensidad de los terremotos que se producen a mayor profundidad. “Podría corresponder a dos zonas diferentes de almacenamiento de magma, eso es algo bastante común: un reservorio más superficial que alimenta la erupción y otro más profundo que surte al superficial”, confirma la experta, aunque no se sabe si se encuentran exactamente en el lugar de los terremotos.

En cualquier caso, ¿por qué en los últimos días se han producido terremotos de mayor magnitud? La hipótesis más sólida parece ser la llegada de nuevo magma que realimenta el sistema y que se traduce en nuevas fases efusivas, con más flujo de lava que de explosiones. Así lo confirmarían la deformación del terreno registrada por el IGN que dio a conocer este martes (una elevación de 10 centímetros) y también el incremento del tremor volcánico, es decir, las vibraciones en la zona de la erupción que se relacionan con la salida del magma, los gases y los demás elementos que expulsa el volcán. “Es una señal directamente asociada al proceso de alimentación de la erupción, en los últimos tres kilómetros”, apunta Soler, “y nos confirma que existe un nuevo empuje que alimenta el sistema”.

placeholder Volcán. (EFE)
Volcán. (EFE)

Según Felpeto, la sismicidad durante una erupción es un elemento normal, que se explica tanto por ese proceso de realimentación de magma como por los reajustes en el sistema, ya que los cambios son constantes. En su opinión, teniendo en cuenta los datos que se van recabando, cabe esperar que el récord de 4,9 de magnitud sea superado. “Es posible que tengamos un poco más”, sobre todo porque durante varios días “ha estado subiendo de forma paulatina”. La pregunta es hasta dónde puede llegar.

La portavoz del Comité Científico del Pevolca (Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias), María José Blanco, llegó a comentar que es posible que se produzca un terremoto de intensidad 6, lo que ha generado cierta confusión, ya que habitualmente se confunde la intensidad con la magnitud, pero son parámetros muy distintos. La magnitud es la medida que se suele difundir oficialmente y hace referencia a la energía. En cambio, la intensidad tiene que ver con la percepción humana: un seísmo que llegue al 6 en esta escala sería sentido por la población y puede haber daños leves, con objetos que vibran y se rompen o pequeños desperfectos en las construcciones más frágiles.

Foto: Tres semanas de erupción en La Palma, y subiendo. (EFE)

Los expertos consideran que, teniendo en cuenta que el origen de estos terremotos es volcánico y dadas las características de La Palma, es poco probable que puedan registrarse movimientos sísmicos que superen la magnitud 5 y la intensidad 6. Además, la profundidad es clave. Un terremoto de magnitud 5 a 40 kilómetros de profundidad es menos perceptible por la población que un terremoto de magnitud 4 a 10 kilómetros. Por ejemplo, el terremoto de Lorca de 2011 fue de una magnitud de 5,1, pero se produjo a una profundidad de tan solo un kilómetro, casi en la superficie, por eso causó una gran destrucción. En este caso, los de mayores magnitudes se están situando a más de 30 kilómetros de profundidad, así que es muy poco probable que se produzca un terremoto importante.

¿Un nuevo centro eruptivo?

Sin embargo, hay otra cuestión con respecto a los terremotos que mantiene en alerta a los vulcanólogos. En profundidad, una magnitud superior a 5 podría abrir un camino al magma distinto al actual, es decir, que podría generar un nuevo centro eruptivo en otro punto de la isla. “Eso lo que más me preocupa”, confiesa Soler. Del mismo modo, en la parte más cercana a la superficie (en torno a los 10 kilómetros), un terremoto de magnitud superior a 4 también “podría dar paso a un nuevo escenario”, explica.

Así ha cambiado la morfología del cono en las últimas horas

No obstante, si se produjese esa modificación sustancial de las condiciones actuales, cabe esperar que las señales geofísicas y geoquímicas dieran una alerta temprana. “El peor de los escenarios posibles ahora mismo es que se abra un nuevo centro eruptivo lejos del actual, por ejemplo, en la otra vertiente de la isla”, de manera que la lava arrasara nuevos terrenos hacia el suroeste de La Palma. Sin embargo, “nunca ocurriría de forma silenciosa e imperceptible, las redes instrumentales detectarían con antelación el proceso”.

Esa hipotética nueva intrusión magmática sí que provocaría una sismicidad cercana a la superficie (entre los cero y los 10 kilómetros de profundidad) que en estos momentos es inexistente. Ese fenómeno ya se produjo entre el 11 y el 19 de septiembre, algo más de una semana antes de la erupción de Cumbre Vieja, porque el magma se estaba abriendo camino. Si volviese a ocurrir, se produciría un proceso similar que permitiría pronosticar dónde, con mayor o menor margen de error.

placeholder La UME, en La Palma. (EFE)
La UME, en La Palma. (EFE)

Por el momento, estos movimientos sísmicos se localizan en las mismas zonas que los registrados antes de la erupción. Por eso, nada hace pensar en nuevos centros eruptivos. “Ahora tenemos un conducto abierto por donde sale el magma de forma continua. Si hay un camino fácil, la naturaleza no gasta energía en balde, no necesita romper por otro lado, así que lo más probable es que siga saliendo por el mismo sitio, tenga una boca o tenga una decena”, comenta la vulcanóloga del IGN.

Un episodio que ya es incomparable

En septiembre no teníamos ni idea, a mí me han sorprendido muchas cosas de este volcán”, reconoce Soler. Entre lo más llamativo, para los expertos está la rapidez con que se desencadenó el proceso, con los primeros terremotos superficiales apenas ocho días antes de la erupción (del 11 al 19 de septiembre), y el tamaño del propio volcán, ya que “es el que más territorio ha ocupado en la isla de La Palma en la serie histórica”, es decir, desde que la presencia humana ha dejado constancia documental. El volumen de las cenizas esparcidas —aunque difícil de calcular, debe estar ya por encima de los 10 millones de metros cúbicos— es otro de los datos más inesperados.

placeholder Vecinos, ante el volcán. (Reuters)
Vecinos, ante el volcán. (Reuters)

“Nadie esperaba todo esto”, según el experto del CSIC, entre otras cosas, porque “no hay un relato histórico detallado” de otros episodios. Precisamente, este martes 26 de octubre se cumplieron 50 años del comienzo de la erupción del Teneguía, pero “fue un volcán pequeño y afectó al cono sur de la isla, que estaba deshabitado, así que no produjo nada similar a esto”. De la erupción de 1949 hay aún menos datos, pero se sabe que el espesor medio de las coladas fue muy inferior. “No tenemos elementos de referencia, porque desde el punto de vista de la tecnología, en 1971, “el país no estuvo en condiciones de monitorizar la erupción”, como se está haciendo ahora, sostiene el experto, cuando se está generando una enorme cantidad de datos.

Felpeto confirma que la erupción actual está siendo más explosiva que la del Teneguía, “pero lo más duro es el impacto que está teniendo sobre las propiedades”. Ese cambio, reflexiona, “no depende solo de la erupción, sino que refleja cómo ha cambiado nuestra forma de vivir y de habitar el territorio. El Teneguía salió en una zona en la que no había nada, no afectó a ninguna vivienda, pero si ocurriera hoy, sí que afectaría. Poblamos el territorio y nos volvemos más vulnerables”.

Por el momento, nada hace pensar en un final próximo. “Si en un momento dado vemos que baja la sismicidad, que no tenemos deformación o que incluso tenemos deflación del terreno, que el dióxido de azufre está disminuyendo y vemos que la columna eruptiva es más pequeña, entonces podríamos pensar que nos estamos acercando al final”, comenta la investigadora del IGN. Aun así, nada es seguro: “A veces, los finales son muy progresivos; y otras, tremendamente bruscos”.

Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Canarias
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