Y la colada llegó por fin al mar: un peligroso "tobogán" de lava imposible de predecir
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¿NUEVOS CAMINOS DE LAVA?

Y la colada llegó por fin al mar: un peligroso "tobogán" de lava imposible de predecir

A pesar de que la colada ha encontrado su camino al océano, los vulcanólogos temen que la destrucción en tierra aumente porque las nuevas lavas pueden discurrir por cauces alternativos

placeholder Foto: La lava del volcán llega al mar. (Alejandro Martínez Vélez)
La lava del volcán llega al mar. (Alejandro Martínez Vélez)

Por fin llegó la lava al mar. Casi desde el principio de la erupción del volcán de Cumbre Vieja, el choque entre agua y fuego parecía inevitable e incluso inminente, pero con el paso de los días la colada se ralentizó y hubo muchas dudas al respecto. Sin embargo, el impulso que ha cobrado esta semana, con la emisión de más cantidad de lava y más líquida, ha sido definitivo. Diez días más tarde, desde esta pasada noche, la zona de los acantilados de la costa de Tazacorte es testigo de cómo se vierte la colada en el océano, generando una pirámide de decenas de metros y provocando intensas emanaciones de gases.

El esperado momento marca un antes y un después, pero ¿realmente estamos ante un punto de inflexión en este episodio volcánico? ¿Tiene algún efecto sobre el conjunto de la erupción? Para algunos científicos se abre otra fase en la que tendrán la oportunidad de analizar los nuevos acontecimientos, especialmente el impacto de la lava en el mar y los cambios en la calidad del aire. Para los medios de comunicación será la oportunidad de mostrar imágenes aún más espectaculares e inéditas de La Palma. Sin embargo, ¿qué cambia para la población de la isla? Además de los confinamientos de los vecinos más próximos por el temor al efecto de los gases y de los problemas que genera el corte total de las vías de comunicación en el suroeste de la isla, ¿pueden estar más tranquilos ahora que la lava ha encontrado su camino para morir en el océano?

placeholder Vista del volcán de Cumbre Vieja. (Alejandro Martínez Vélez)
Vista del volcán de Cumbre Vieja. (Alejandro Martínez Vélez)

Las coladas ha sepultado cerca de 600 viviendas y deja 6.200 evacuados tras arrasar, según la última estimación, anterior a su llegada al mar, 258 hectáreas. La pregunta que muchos se hacen es si a partir de ahora discurrirá por ese mismo camino hasta morir en el Atlántico o seguirá destruyendo nuevas construcciones, infraestructuras y cosechas. La impresión general de los expertos es que pocas cosas cambian y que el carácter errático que ha demostrado el volcán, especialmente en estos últimos días, puede seguir causando estragos en lugares que hasta ahora se habían salvado.

En tierra: lenguas imprevisibles

José Luis Barrera, vulcanólogo del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, explica que la derivación de las coladas no tiene mucho que ver con la llegada al mar, puesto que viene determinada desde más arriba. “La dirección de la colada la marca el punto de emisión y la pendiente que haya a la salida. Si se abre una boca y la pendiente está dirigida hacia otro lado, se irá por ahí”. Precisamente, en la madrugada del martes Raúl Pérez, geólogo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) grababa junto a la Unidad Militar de Emergencias (UME) imágenes que mostraban la formación de una nueva lengua de lava que, según explicaba, se ubicaba más al norte de las dos principales. Es el ejemplo gráfico de lo que comenta Barrera.

Por su parte, el jefe del Servicio de Detección Sismográfica del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Juan Rueda, confirma que “el hecho de que llegue al mar no significa que en la parte más alta la lava pueda hacer otra cosa distinta” e inicie un camino nuevo, no recorrido por coladas anteriores. El camino que tome y la forma de recorrerlo, de manera más rápida o más lenta, “depende de la topografía y de si la lava nueva circula por encima de otras coladas ya existentes”, pero en general se puede afirmar que “el comportamiento del material en las zonas altas no tiene que ver con que haya llegado al mar o no”.

En cualquier caso, el avance de las nuevas coladas también va a depender de las características de la propia lava, que en las últimas horas está siendo mucho más líquida. De hecho, muchos expertos han comenzado a hablar de que la erupción, que desde el principio era de tipo estromboliano, con momentos explosivos y emisión de materiales sólidos (piroclastos), ha pasado a ser de tipo hawaiano, mucho más fluida. El vulcanólogo del CSIC Vicente Soler habla de que estas nuevas lavas, al fluir por encima de las anteriores coladas, ya solidificadas, se encuentran con una especie de “tobogán”, que acelera su marcha hacia el mar, tal y como se ha visto en los dos últimos días. Es decir, que se encuentran con un lecho en el que ya no tienen obstáculos y por el que fluyen más rápidamente, en este caso, en dirección a los acantilados del suroeste de la isla.

placeholder Un coche con cenizas del volcán en la zona de Tacante de Abajo, el 29 de septiembre de 2021. (Alejandro Martínez Vélez)
Un coche con cenizas del volcán en la zona de Tacante de Abajo, el 29 de septiembre de 2021. (Alejandro Martínez Vélez)

Sin embargo, eso no quiere decir que no se vaya a salir del camino marcado. “Lo que nos explican los vulcanólogos es que cuando va sobre la colada ya formada su avance es rápido, pero a veces se desparrama, es decir, que se esparce, cae hacia los laterales y puede coger otro rumbo, causando más destrucción que la colada original”, comenta el delegado del CSIC en Canarias, Manuel Nogales. “Eso no es una buena noticia”, añade. En general, “los canales de lavas son sistemas difíciles de predecir y más en un escenario incierto como el que vivimos, con parones y arranques”, apunta.

placeholder La colada cae al mar (EFE).
La colada cae al mar (EFE).

En la costa: más isla ganada al mar

Muy diferente es lo que se vive en la costa. Desde el pasado fin de semana los científicos del buque oceanográfico Ramón Margalef, que pertenece al Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), se encuentran en la zona para analizar el antes y el después y han sido testigos privilegiados de cómo la lava se precipitaba en el océano y comenzaba a crear una pirámide de decenas de metros de altura junto al acantilado. Tal y como explicó a este periódico hace días Eugenio Fraile, miembro del IEO-CSIC y responsable de la campaña de investigación, pretenden hacer una cartografía del avance de las lavas en el mar a través de una batimetría de alta resolución, es decir, una reconstrucción en 3D del subsuelo oceánico. Lo esperable es que la isla comience a ganarle metros al mar a medida que llega la colada.

Otra parte fundamental del trabajo del Ramón Margalef es el análisis de las anomalías físico-químicas y biológicas del agua. La ventaja es que muchos de estos científicos ya tienen experiencia con el volcán submarino Tagoro, que emergió junto a la isla de El Hierro en 2011. Las dos zonas son muy similares, así que los investigadores ven una nueva oportunidad para tomar datos de temperatura, pH, conductividad, oxígeno disuelto, clorofila, bacterias, zooplancton, fitoplancton y otros elementos que habrá que seguir analizando con el tiempo. Así averiguarán cómo el ecosistema marino soporta un impacto tan fuerte y cómo afecta a un recurso económico tan importante como la pesca.

La destrucción será importante. Los científicos prevén que muchas especies mueran no solo por el efecto directo de la lava, sino por la llegada de azufre y la disminución del oxígeno, así que probablemente se verán peces muertos. Sin embargo, los estudios que se han realizado en el entorno del volcán submarino Tagoro durante esta última década apuntan a que la vida marina se recuperará de una forma bastante rápida una vez que se detenga la erupción. “En tres años, tendríamos un ecosistema marino recuperado e incluso más rico y más productivo que antes”, según Fraile.

placeholder Zona arrasada por el volcán (EFE).
Zona arrasada por el volcán (EFE).

Vigilando el aire

Por otra parte, desde el comienzo de la erupción se ha especulado mucho sobre los efectos que tendría el choque entre la lava y el mar en cuanto a la emisión de gases. En primer lugar, se espera una reacción hidrotérmica: el fluido que viene del volcán supera los 1000º C y el agua, que ronda los 20ºC, se evapora a partir de 100º C, así que las nubes de vapor están garantizadas. El problema es que también habrá una reacción química por los componentes del agua marina, lo que se traduce en la emisión de gases tóxicos, por lo que tanto en tierra como en el mar se ha delimitado una zona de exclusión. Algunos expertos no descartan incluso que se produzca algún episodio aislado de lluvia ácida.

No obstante, el delegado del CSIC en Canarias pide tranquilidad. “El equipo que mide la calidad del aire estudia todos los parámetros. Si en algún momento es aconsejable para la población el uso de otro tipo de mascarillas, lo sabremos con antelación”. En cualquier caso, Nogales considera que “hay que poner las cosas en su contexto” y pone el ejemplo del volcán Kīlauea, en Hawái, uno de los más activos del mundo en las últimas décadas: “Allí, una de las grandes atracciones es llevar turistas al encuentro de la lava con el mar”.

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