"Necesitamos una Agencia de Salud Pública independiente de los políticos"
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entrevista a Helena Legido-Quigley

"Necesitamos una Agencia de Salud Pública independiente de los políticos"

Esta investigadora española ha participado en el Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia de la OMS y confía que España también analice sus aciertos y errores

Foto: La investigadora Helena Legido-Quigley. (Cedida)
La investigadora Helena Legido-Quigley. (Cedida)

Helena Legido-Quigley (Barcelona, 1977) es una de las grandes expertas mundiales en políticas de salud pública. Esta profesora de la London School of Hygiene and Tropical Medicine (Reino Unido) y de la Saw Swee Hock School of Public Health de la Universidad Nacional de Singapur se ha pasado gran parte de la pandemia estudiando la gestión del covid con el objetivo de realizar recomendaciones para resolver esta crisis y evitar una catástrofe similar en el futuro. De hecho, se hizo muy conocida cuando en verano de 2020 impulsó la publicación de una carta en 'The Lancet' en la que solicitaba, junto a otros destacados expertos, una evaluación independiente sobre la respuesta de España ante la emergencia sanitaria.

Su trabajo dentro del Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia, que puso en marcha la Organización Mundial de la Salud (OMS), le ha permitido hablar con especialistas de todos los continentes y comparar lo que ha ocurrido en 28 países. El informe final se hizo público el pasado mes de mayo y ahora se dedica a compartir esta experiencia y a reflexionar sobre los aciertos y los errores de todo el mundo. La semana pasada lo hizo con los asistentes a la reunión anual de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), que se celebró en León y reunió a cientos de especialistas, entre los que no faltó el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad, Fernado Simón.

Foto: El virólogo Adolfo García Sastre. (EFE)

En una entrevista con Teknautas, explica que la relación entre los investigadores que buscan evidencias en Salud Pública y los políticos que deben tomar las decisiones es mucho más compleja de lo que parece, ya que viven en mundos diferentes. “Tenemos incentivos distintos y es complicado trabajar juntos, pero en salud pública es fundamental”, afirma. “A los investigadores nos evalúan por las publicaciones, pero no por nuestra influencia sobre las políticas, eso es algo difícil de cuantificar. A su vez, los gobernantes tienen otro tipo de intereses. Sí que se basan en la evidencia, pero no siempre, y les parece muy arduo leer nuestros artículos, porque son farragosos. Creo que no hemos sabido comunicar bien”, reconoce.

Algunos países montaron paneles de expertos para responder a la pandemia y, según Legido-Quigley, el caso de Uruguay ha sido especialmente exitoso con un modelo transparente en el que hacían públicas sus actas. Sin embargo, “lo ideal es tener una institución independiente” como la Public Health England (Reino Unido) o el Robert Koch Institute de Alemania. Precisamente, en España se está hablando de la posible creación de una nueva Agencia de Salud Pública, que en su opinión sería muy necesaria. Sin embargo, “hay que pensar un modelo”, comenta. “Sería bueno que integrara el centro que lidera Fernando Simón, pero a la vez debería tener un grupo de investigación con suficientes especialistas en salud pública, porque hace falta mucho más personal”. En cualquier caso, esa entidad “tiene que ser independiente de los gobernantes, algo que no es fácil” y debe aportar evidencias en momentos de crisis como una pandemia, en situaciones ordinarias como la tramitación de una nueva ley relacionada con la salud o en el abordaje de problemas de fondo, como el reto que supone la resistencia a los antibióticos.

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Foto: Reuters.

Esta cuestión está muy relacionada con la petición de una “auditoría” de la gestión de la pandemia (aunque a los expertos no les gusta llamarla así). Legido-Quigley recuerda que cuando plantearon esta cuestión hace más de un año Salvador Illa, entonces ministro de Sanidad, “tuvo una reacción positiva” y este asunto llegó al Consejo Interterritorial, que incluye a las comunidades autónomas. Sin embargo, aún sigue pendiente. “Tenemos la esperanza de que se haga. Hubiese sido mejor antes, pero estamos a tiempo y el modelo podría ser nuestro Panel Independiente de la OMS”, apunta la experta. De hecho, sacar adelante aquel informe internacional “no fue fácil porque había muchos temas políticos de por medio, pero la publicación fue bien recibida y nadie dudó de nuestra independencia”. En el caso de España, el objetivo debe ser el mismo: “Hay que documentar lo que ha pasado y mirar hacia delante, no buscar culpables, y centrarnos en las recomendaciones para construir el futuro”.

Como un iceberg: la parte oculta de las medidas

El covid ha sido una oportunidad para cambiar las cosas. “Los líderes tienen que estar informados y tomar decisiones basadas en la evidencia científica”, destaca, pero la pandemia ha evidenciado que también deben tener en cuenta otros aspectos, como la economía. “Los países que acompañan las medidas de salud pública con medidas económicas, como dar dinero para que la gente se pueda quedar en casa durante el confinamiento, han tenido mucho más éxito que los que han dejado solos a las personas”. En ese sentido, “hay un cambio de paradigma, hay que tener mucho más en cuenta a la comunidad” y tener claros los determinantes sociales de la salud. “Al principio se decía que no importaba si eras rico o pobre, pero luego hemos visto que según donde vivas o según tu condición social tenías más o menos posibilidades de infectarte”, explica.

Por eso, el análisis del Panel Independiente de la OMS es mucho más complejo de lo que parece. Las medidas contra la pandemia han sido como un iceberg: la parte visible son las reacciones inmediatas; la parte oculta, una larga serie de factores que explican por qué se ha actuado de forma diferente en cada país. “De primeras, no vemos el contexto, la historia, la geografía o la demografía, pero todo eso condiciona cómo decidieron apretar el botón de emergencia y poner en marcha los mecanismos burocráticos para tomar decisiones”, apunta la experta. Algunos ejemplos de buena gestión pueden resultar sorprendentes, pero responden, precisamente, a las experiencias particulares de cada región del mundo: “En Liberia se habían enfrentado al ébola y tenían clarísimo lo que tenían que hacer”.

En cambio, países con más recursos pero menos conciencia de la situación tomaron peores decisiones y casi ninguno contaba con la preparación que Legido-Quigley ha conocido de cerca en Singapur, donde incluso se habían llegado a realizar ejercicios de simulación colectivos para enfrentar una posible emergencia de estas características. “La parte del iceberg que no vemos es lo fundamental para anticiparnos y prepararnos, hay que tener stock y capacidad para monitorizar y evaluar lo que sucede”, apunta.

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Helena Legido-Quigley. (SEE)

Sin embargo, la idea de que los países asiáticos, además de Australia o Nueva Zelanda, han tomado mejores decisiones está ahora en entredicho. La estrategia de 'covid cero' se tambalea coincidiendo con la variante delta. De hecho, los australianos están viviendo ahora el peor momento de la pandemia, asombrados por cómo se disparan los casos. “Mi percepción, que aún no está basada en evidencia, es que durante el primer año, cuando no había vacuna, las estrategias de estos países fueron más efectivas. Si miramos el número de muertes, es evidente que actuaron mejor. El problema es que, una vez que tenemos la vacuna, ¿cómo haces la transición? No puedes mantener para siempre una estrategia de 'cero covid'. Nueva Zelanda, Australia y Hong Kong continúan con confinamientos muy severos, pero han tenido el fallo de no haber vacunado de forma masiva a su población”, apunta.

El punto intermedio lo marca de nuevo Singapur, que “ahora ya acepta que el covid va a ser endémico y que hay que abrir”, pero después de inmunizar ampliamente a su población. Curiosamente, “la gente mayor no se quería vacunar, porque la mayoría de los casos surgieron entre inmigrantes y no lo percibían como un riesgo. Ha habido que hacer campañas intensas para convencerles”, destaca. Tras una vacunación elevada, Singapur encara la apertura, aunque “hay preocupación porque los casos se están disparando, así que puede haber marcha atrás”.

Éxitos y fracasos de España

En cambio, España ha sufrido mucho, pero ha llevado a cabo una campaña de vacunación ejemplar. “Ha sido uno de los grandes éxitos y era de esperar porque teníamos factores muy positivos. Aunque la sanidad está dañada por las medidas de austeridad, tenemos una Atención Primaria de alta calidad y bien organizada, con enfermeras que hacen un trabajo excelente. Hay que tener en cuenta que la Atención Primaria en muchos países es privada y eso lo ha complicado todo”, destaca Legido-Quigley.

Además de los centros de salud, “los responsables de Salud Pública de las comunidades autónomas han sido los grandes invisibles, casi no se ha hablado de ellos, pero han hecho una gran labor”. Mientras trabajaba en el informe de la OMS reconoce que se emocionó con uno de los testimonios españoles. “Es impresionante cómo trabajaron y se coordinaron. Aplaudimos a los médicos y a las enfermeras, pero los expertos en Salud Pública lo han pasado muy mal y se han dejado la piel”, asegura.

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Foto: (SEE).

Sin embargo, su labor aún no ha terminado. “Hay que continuar con los seguimientos de los infectados, realizar test y cuarentenas, aunque cambiando los protocolos”, comenta. Además, a largo plazo, “hay que mejorar muchísimo”, porque es necesario “invertir más en salud y fortalecer el sistema, centrándolo en las personas”. En ese sentido, uno de los grandes retos será integrar las residencias en el sistema de salud, junto con hospitales y la Atención Primaria. Como en otros países, los determinantes sociales se han dejado de lado en España, que necesitaría “crear un sistema para monitorizar mejor la pandemia”.

Lo cierto es que “la vigilancia epidemiológica tiene que mejorar mucho” en todo el mundo. Para la experta, es llamativo que las cifras oficiales indiquen que hay poco más de 4,5 millones de muertos por covid en el mundo, cuando algunos cálculos elevan la cifra hasta los 15 millones. “La OMS puede tener un papel fundamental, pero hay que optimizar la recogida de datos, poner en común los indicadores, que todo el mundo recoja la misma información y se pueda comparar entre países”, reclama. De hecho, “hemos aprendido en todas partes, incluyendo España, que ha mejorado mucho la manera de recoger los datos”.

La próxima pandemia

Sin embargo, quedan demasiadas cuestiones por analizar. “Para mí, uno de los grandes errores de la pandemia, y aquí los investigadores debemos reconocer nuestro fallo, es que se han hecho estudios maravillosos sobre vacunas, incluso sobre tratamientos; pero muy pocos sobre medidas no farmacológicas. Aún no tenemos clara la evidencia sobre la protección que ofrecen las mascarillas o de lo que sucede en las escuelas. Todo el mundo está de acuerdo en que funcionó el confinamiento duro, en España ayudó a salvar muchas vidas, pero hay que tener en cuenta los efectos que ha tenido en cuanto a la salud mental o en la economía informal de los países africanos”, comenta.

"Hasta que no vacunemos a todo el mundo, nadie va a estar a salvo"

Con las lecciones que deja el covid, ¿cuando llegue otra pandemia estaremos mejor preparados? “Intuimos en qué hemos fallado pero hay que hacer más estudios rigurosos”, destaca. “Si las recomendaciones no se implementan, volveremos a cometer los mismos errores”, asegura. Antes del Panel Internacional del que ha formado parte, han existido otros 12 a raíz del ébola o del SARS y las recomendaciones habían sido muy similares, pero nadie hizo caso. “Una vez que pasa el problema, la mayoría son ignoradas”, lamenta.

No obstante, ahora cree que existen razones para el optimismo, sobre todo porque el impacto del covid no tiene precedentes. “La ciudadanía quiere ver cambios”, afirma, y esas transformaciones deberían ser de fondo para acabar con las inequidades en salud, especialmente en asuntos primordiales como el acceso a la vacuna. “Hasta que no vacunemos a todo el mundo, nadie va a estar a salvo”, recuerda. Su esperanza es que la salud pase a ser un asunto esencial para todos los gobiernos y que se imponga el concepto de 'One Health', “la idea de que tenemos que estudiar de forma conjunta la salud humana, la sanidad animal y el medio ambiente”.

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