Inquietud ante el virus del Nilo Occidental: la picadura que te puede llevar al hospital
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85 mosquitos por trampa en 2020, 70 este año

Inquietud ante el virus del Nilo Occidental: la picadura que te puede llevar al hospital

España registró ocho muertes de entre los 77 casos de meningoencefalitis provocada por la fiebre del Nilo en 2020. Científicos del CSIC intentan evitar que se produzca otro brote

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'Aedes japonicus', transmisor del virus del Nilo. (ECDC)

Algunos recordarán 2020 por las dramáticas consecuencias que tuvo en sus vidas un virus, pero no fue el pandémico SARS-CoV-2, sino otro transmitido por la picadura de mosquitos. El virus del Nilo Occidental o virus de la fiebre del Nilo provocó 77 casos de meningoencefalitis (57 en Sevilla, 14 en Cádiz y seis en Badajoz), con ocho fallecidos, según un informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES). El foco más importante estuvo en las localidades sevillanas de La Puebla del Río y Coria del Río a principios de agosto y no fue casualidad: por las características del virus y de los insectos portadores hacen que esta época sea la más peligrosa.

Este microorganismo es un virus de ARN perteneciente al género 'Flavivirus', como los que provocan la fiebre amarilla o el dengue. A pesar de su exótico nombre (procede de Uganda, donde se encontró por primera vez en 1937), no es ajeno a España, donde se vigila en animales desde 2001. Sin embargo, solo se habían detectado seis casos esporádicos en humanos a lo largo de dos décadas. Por eso, el brote del año pasado fue impactante e hizo saltar las alarmas. Si estamos ante un virus emergente, ¿fue solo un aviso? Autoridades sanitarias y científicos están en alerta. ¿Qué pasará este verano?

Foto: El virólogo Adolfo García Sastre. (EFE)

Un grupo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD), centro del CSIC ubicado en Sevilla, sigue de cerca el problema monitorizando los mosquitos transmisores. "En 2020 registramos una gran abundancia de 'Culex perexiguus', incluso en zonas donde no se detectaba anteriormente aparecieron miles de ejemplares", explica a Teknautas el investigador Jordi Figuerosal. "El récord fue más de 3.000 en una única trampa una sola noche, eso es una concentración de mosquitos muy elevada", añade.

El virus del Nilo Occidental se propaga gracias a algunas especies de mosquitos del género 'Culex', en concreto, a través de la picadura de las hembras, pero sus hospedadores naturales son las aves. En ellas, la infección apenas dura siete u ocho días, pero basta que en ese periodo las pique un insecto para que el patógeno se multiplique en sus glándula salivales y viaje hasta el siguiente animal víctima de su picadura. "Para que el mosquito lo transmita siempre tiene que picar a una ave infectada, nunca se va a infectar picando a un humano o a otro mamífero, porque el virus del Nilo Occidental no se replica lo suficiente en la sangre de estos animales como para contagiar al insecto", apunta el experto. Este proceso es imprescindible para que el virus circule, ya que no se puede transmitir de caballos a humanos ni entre personas. La única excepción podría ser una transfusión de sangre o trasplantes de órganos.

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Investigadores de la Estación Biológica de Doñana. (EDB-CSIC)

Los científicos del EBD-CSIC tratan de explicar lo que sucedió el año pasado, centrándose en cuáles son las circunstancias más propicias para la expansión de estos mosquitos. Las variables meteorológicas determinan la abundancia de 'Culex perexiguus'. Un problema general, vinculado con el cambio climático, es que los inviernos ya no son tan fríos como antes, de manera que sobreviven más insectos y su temporada de reproducción se alarga, favoreciendo la transmisión del patógeno.

Otra circunstancia particular del año pasado es que "hubo mucha lluvia en primavera y eso facilitó el crecimiento de las poblaciones de mosquitos y que el virus empezara a amplificarse. Además, los pueblos no estaban realizando controles de mosquitos y se juntaron el hambre y las ganas de comer", señala Figuerola. La concentración de virus pudo comenzar en el campo, pero acabó saltando a los mosquitos de zonas urbanas, donde se dispararon las infecciones.

Los casos graves, la punta del iceberg

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 80% de las personas contagiadas no presentan síntomas. En el otro 20%, la infección se caracteriza por fiebre, dolores de cabeza, cansancio, dolores corporales, náuseas, vómitos y, a veces, erupciones cutáneas y agrandamiento de ganglios linfáticos. En la mayoría de los casos se trata de problemas pasajeros que también pasan desapercibidos. Sin embargo, en un 1% las complicaciones pueden ser muy graves. De hecho, es la mayor causa de encefalitis (inflamación del cerebro) víricas en el mundo.

Si en España se detectaron 77 casos, es lógico suponer que fueron los más graves y, si solo representaban el 1%, es fácil echar la cuenta y concluir que fueron la punta del iceberg: alrededor de 8.000 personas se habrían infectado tras la picadura del mosquito y la inmensa mayoría ni se enteró. ¿Por qué los efectos pueden ser tan dispares? La mayoría de los diagnósticos de la fiebre del Nilo se realizaron en personas mayores. Según el (CCAES), la mediana de edad se situó en los 65 años. "En muchos casos se trata de personas inmunodeprimidas", apunta el investigador de la EBD (por ejemplo, que tomen medicación para tolerar trasplantes de órganos), "o que tienen otras enfermedades importantes, aunque hay una gran variedad de situaciones".

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Un operario fumiga unos jardines en Coria del Río. (EFE)

Lo cierto es que a cualquiera le puede picar un mosquito, por eso la prevención es esencial y después del susto del año pasado algunos municipios sevillanos se han puesto las pilas. Algunos ya realizaban programas de control, como Isla Mayor, que se encuentra en la zona de las marismas, cerca del Parque de Doñana, y está muy vinculado al arroz. Este cultivo requiere mucha agua y los campos encharcados son el ambiente ideal para la proliferación de mosquitos. De ahí que la preocupación por el control de los insectos venga de lejos en algunos pueblos. Un buen referente es el Servicio de Control de Plagas de la Diputación de Huelva, que trabaja para reducir las poblaciones de mosquitos desde hace décadas. La provincia onubense, limítrofe con Sevilla, Badajoz y Cádiz, no registró casos del virus.

En cambio, "en la gran mayoría de los lugares no hay programas" de este tipo, lamenta Figuerola. ¿Qué deberían hacer? Para evitar que los mosquitos del género 'Culex' se reproduzcan en las vías públicas es imprescindible realizar tratamientos periódicos. El más recomendable se denomina Bti (siglas que proceden del nombre científico 'Bacillus thuringiensis' subespecie 'israelensis' ), una bacteria natural del suelo que produce una toxina que mata a las larvas de los mosquitos de forma muy específica, sin que afecte a otros insectos. "Lo llevamos recomendando desde el año pasado y en muchos sitios lo están utilizando", apunta el investigador.

Lo mismo sucede en las zonas agrícolas, donde es recomendable intervenir, sobre todo en los arrozales más cercanos a las poblaciones. Sin embargo, evitar que haya mosquitos en zonas privadas es más complejo y depende de que cada propietario conozca el problema y se comprometa a afrontarlo. "Si tengo agua estancada en el jardín, le estoy dando facilidades al mosquito para que se reproduzca. Las piscinas abandonadas o no tratadas pueden ser otro foco importante de proliferación", destaca el experto.

PCR a los mosquitos

Así que, al margen de esas acciones de control, los científicos de la EBD-CSIC realizan labores de vigilancia epidemiológica hasta donde su presupuesto les permite. "Cuando tenemos un proyecto de investigación realizamos muestreos con mayor frecuencia y en más localidades; cuando no, no podemos hacerlo", confiesa. En la actualidad monitorizan cada semana la zona donde tuvo lugar el brote principal el año pasado, La Puebla del Río y Coria del Río, localidades limítrofes y que están a poco más de 20 minutos en coche del centro de la capital sevillana. "Tenemos 15 trampas en cinco localidades distintas, capturamos los mosquitos y los clasificamos según su especie y el lugar donde han sido localizados, separamos a las hembras y realizamos una PCR para ver si el virus está presente", explica.

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Foto: EFE.

Toda esta información está disponible en la web del Observatorio de Mosquitos del Guadalquivir. Según los datos que recoge, este año aún no se han detectado grupos de mosquitos infectados. Sin embargo, los investigadores no están tranquilos, porque las poblaciones de 'Culex perexiguus', que dependen mucho del cultivo del arroz, "están creciendo de manera rápida". Todavía no es tan abundante como el año pasado, pero el número de ejemplares empieza a ser importante. De hecho, las cifras del último control que se puede comparar con las del año pasado a estas alturas no difieren tanto: en 2020 se detectaba una media de 85 mosquitos de esta especie por cada trampa y este año son 70.

Aunque este proyecto de investigación está centrado en una zona concreta de Andalucía que es la única que realiza esta vigilancia intensiva, el problema del virus del Nilo Occidental no está tan localizado como parece. Los brotes en caballos afectan también a Extremadura, Cataluña y la Comunidad Valenciana, así que el patógeno está presente. Lo cierto es que los veterinarios están más atentos cuando aparecen casos en humanos, pero algunas comunidades tienen programas específicos de detección del virus en équidos. "Cuando hay un brote importante en una zona, en los mosquitos suele detectarse unos 15 días antes que en caballos y en caballos unos 15 días antes que en humanos", señala el experto.

En toda Europa este virus supone una amenaza creciente. El año pasado se detectaron los primeros casos humanos en Alemania y en Países Bajos, pero en Italia y Grecia no son novedad. España no había vivido un gran brote hasta 2020, aunque sí registró la enfermedad en 2004 (un caso grave en Badajoz), 2010 (dos en Cádiz) y 2016 (tres en Sevilla). El mayor pico registrado en Europa tuvo lugar en 2018, cuando se contabilizaron unas 150 muertes, sobre todo al este y al sur del continente, pero España se libró. El problema parece mayor en EEUU, donde se identificó en 1996 y ya ha provocado cientos de fallecimientos.

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Foto: EFE.

El misterio del invierno

El hecho de que la circulación del virus y la presencia de los mosquitos estén vinculadas a las altas temperaturas, hace que los científicos se pregunten qué sucede en invierno. Esa es otra de las vertientes de la investigación de Figuerola y su equipo. Una de sus hipótesis es que, simplemente, los mosquitos se ocultan pero no desaparecen por completo en los meses más fríos. "En Sevilla, en cuanto hace un par de días de sol en enero, te encuentras con mosquitos. Evidentemente, estaban refugiados en algún lado y salen con el aumento de la temperatura", apunta el experto. Así que es posible que el virus se mantenga activo en esos ejemplares que sobreviven al invierno.

Otra posibilidad es que el microorganismo sea viable en las larvas del insecto. "Los mosquitos ponen huevos y puede haber cierto grado de transferencia vertical, es decir, que el virus pasa de la hembra al huevo y del huevo a la larva, que después se desarrolla hasta dar lugar a un ejemplar adulto", explica. Los investigadores de la EBD-CSIC están estudiando si esto es así, pero es no es fácil de comprobar. "Durante el invierno buscamos hembras y larvas en el campo, en las zonas donde puedan estar refugiadas, para ver si somos capaces de detectar el virus", comenta. El problema es que es como buscar una aguja en un pajar. En 2020, durante el momento álgido de la epidemia, uno de cada 125 ejemplares de 'Culex perexiguus' estaba infectado. Sin embargo, en condiciones normales la infección está presente en uno de cada mil o incluso menos.

Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Mosquitos Parque de Doñana Badajoz Hospitales
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