"España tiene un sistema de vigilancia epidemiológica del siglo pasado"
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Entrevista con Alberto García-Basteiro

"España tiene un sistema de vigilancia epidemiológica del siglo pasado"

El epidemiólogo Alberto García Basteiro, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), pide evaluar la gestión del covid y una visión más global de la pandemia

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El epidemiólogo Alberto García-Basteiro. (Foto: ISGlobal/Marcus Rose/Unison)

Alberto García-Basteiro (Villalba, Lugo, 1982) está enzarzado en la lucha contra las enfermedades infecciosas, pero su trabajo habitual no tiene que ver con el covid, sino con la tuberculosis. Aunque en los países occidentales suene a épocas pasadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) contabilizó 1,4 millones de fallecimientos por esta enfermedad bacteriana en 2019, así que sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. Por eso, este epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) desarrolla su trabajo en Mozambique, donde evalúa pruebas diagnósticas y realiza ensayos clínicos de fármacos contra la tuberculosis. “Es una enfermedad que también hay que visibilizar”, comenta, aunque es consciente de que la pandemia ha arrasado con casi cualquier otra preocupación en Europa.

No obstante, el coronavirus también afecta en su labor en tierras africanas, donde ya se dispone a regresar a pesar de que hace pocas semanas que volvió de allí. Esta dedicación no le impide seguir de cerca lo que ha pasado en España durante este último año. Por eso, el pasado mes de agosto impulsó una comentada carta en la revista científica 'The Lancet' junto a una veintena de expertos en salud pública en la que pedían una evaluación independiente de la gestión española de esta crisis sanitaria. Meses después, sigue sin vislumbrarse esa posibilidad.

Foto: Empleados funerarios en Sudáfrica. (Reuters)

PREGUNTA. Tras año y pico de pandemia, ¿ya tenemos evidencias científicas para saber qué medidas funcionan?

RESPUESTA. Hemos ido conociendo el impacto que han tenido ciertas intervenciones. Por ejemplo, si la movilidad no se limita, en pocos días la transmisión aumenta de manera exponencial y preocupante. Hemos ido aprendiendo muchas cosas, pero en términos de lo que debemos cambiar como país a la hora de dar respuesta, esas conclusiones tienen que ser producto de un análisis multisectorial e independiente. De ahí saldrán las cosas que funcionan y las que no. Es importante echar la vista atrás y ver este periodo como una oportunidad para el aprendizaje. Si hay algo que pueda paralizar el planeta de un día para otro y detener la economía a escala global, eso son las enfermedades infecciosas, y quizá también las amenazas biológicas.

Por lo tanto, es evidente que tenemos que reforzar la inversión en las estructuras de salud pública. Nos hemos fijado en las UCI, en la capacidad hospitalaria y en construir hospitales; pero posiblemente el foco tiene que estar en la prevención, la vigilancia y la Atención Primaria. Por otro lado, o invertimos en ciencia o no habrá herramientas contra pandemias de este tipo y otras. Si ahora vemos la luz al final del túnel, es gracias a las herramientas diagnósticas y a las vacunas.

placeholder Alberto García-Basterio. (Foto: ISGlobal)
Alberto García-Basterio. (Foto: ISGlobal)

P. ¿Quién debe hacer esas auditorías y cómo?

R. Quizás el término auditoría tiene un cariz fiscalizador, es un examen que pasas o no pasas. Más bien sería un análisis de cómo ha respondido España. Hay países que lo están haciendo y la propia OMS se ha sometido a una evaluación sobre su gestión en la respuesta a la pandemia. Por lo tanto, no es un ejercicio particular que estemos pidiendo para este país. Es una buena praxis en salud pública y en cualquier trabajo cada cierto tiempo. Si un acontecimiento ha tambaleado los cimientos del sistema nacional de salud, creo que no está de más entender bien qué ha fallado, qué no y cómo podemos hacerlo mejor. No deberíamos buscar culpables, sino identificar errores. Es verdad que al final hay responsables políticos detrás de todas las decisiones, pero la filosofía de estas evaluaciones va encaminada a estar más preparados para el futuro.

P. Sin embargo, todo se traslada al terreno de la crítica política.

R. Sí, cualquier oportunidad se aprovecha para tirarle los trastos al otro. Siempre nos parece que esto es muy particular de España, pero en casi todos los países se utiliza la gestión de la pandemia. Incluso donde se ha hecho muy bien, como Nueva Zelanda, he visto que la oposición critica al Gobierno. La pandemia está siendo un caladero para la rivalidad política, pero hay que estar por encima de eso. La ciencia y los expertos en salud pública tenemos que ver esto como una oportunidad de aprendizaje para estar mejor preparados de cara al futuro.

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Examen a la gestión de la pandemia de coronavirus en España: Auditoría Covid-19
Darío Ojeda Antonio Villarreal Formato: EC Diseño.

P. Ya que cita a Nueva Zelanda, usted ha hecho análisis comparativos entre países. ¿Cuáles son las claves de los que han salido airosos?

R. Muy probablemente sea una combinación de muchas cosas, pero creo que el elemento fundamental es responder rápido ante una mínima alerta en los sistemas de vigilancia epidemiológica. Cada día que pasa sin tomar medidas, la movilidad sigue y se producen muchos contagios. A veces se pierde mucho tiempo en la toma de decisiones. También es esencial hacer test para identificar los casos y cortar cadenas de transmisión. Los países que implementaron controles de fronteras y realizaron test masivamente lo han hecho mejor. Asimismo, el entendimiento político entre Gobierno y oposición, sin crispación, facilita la toma de decisiones ágiles, la comprensión por parte de la ciudadanía y la adherencia a las recomendaciones que se hagan. ¿Hay algún estudio científico que lo demuestre? Creo que no, pero todos estos elementos son importantes. Además, destacaría la preparación que tenían los países asiáticos ante otras alertas que han sufrido en el pasado, que también estaban relacionadas con virus respiratorios. Esa experiencia seguramente les ha ayudado a tener sistemas de vigilancia epidemiológica mucho más preparados. Aquí tenemos un sistema de vigilancia epidemiológica del siglo pasado y modernizarlo es un elemento clave.

placeholder El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)

P. ¿Cómo hay que hacerlo?

R. Tenemos que saber lo que está pasando con sistemas de información que sean fiables y en tiempo real. Hay que aprovechar el uso de las nuevas tecnologías que tenemos a nuestra disposición, es decir, medir muy rápido y entender lo que está pasando para poder reaccionar y tomar medidas de salud pública. Me llama mucho la atención que seamos capaces de saber si en una carretera secundaria hay una congestión y cuánto tiempo nos lleva ir de un sitio a otro mediente el uso del GPS y algoritmos de 'big data', pero seamos incapaces de tener a tiempo real el diagnóstico que se realiza en los laboratorios y hospitales de este país a pesar de que están informatizados. Son resultados que vienen de una máquina, pero faltan algoritmos de comunicación rápidos. Hemos utilizado las nuevas tecnologías para muchas cosas, pero en vigilancia epidemiológica seguimos con sistemas muy arcaicos.

P. Algunos expertos también critican la lentitud de las autoridades a la hora de asumir las evidencias científicas y comunicarlas. Estoy pensando en la transmisión por aerosoles.

R. Por un lado, quienes toman decisiones en salud pública siempre quieren tener una evidencia científica robusta. Por otro, la sensación de crisis sanitaria pide que se tomen decisiones con menos evidencia científica de la que nos gustaría. No es una tarea fácil. Cuando tienes una evidencia más limitada, no tienes más remedio que basarte en opiniones de expertos, gente que tenga experiencia en enfermedades similares. Con respecto a la transmisión, la hemos ido entendiendo cada vez mejor. Al principio, parecía que las superficies eran muy importantes, pero al final parece que la transmisión por aerosoles es un mecanismo importante y de esto se derivan medidas de salud pública muy relevantes sobre interiores o calidad del aire. Nos hemos ido adaptando a la evidencia que iba surgiendo de una manera razonable, pero puedo llegar a entender que ciertas instituciones hayan querido esperar a tener más evidencias a la hora de tomar decisiones y muchas veces esto lo juzgamos 'a posteriori', decimos que tal o cual medida era de sentido común, pero a veces el sentido común también te lleva a tomar malas decisiones. A veces hay que hacerlo con menos cantidad de evidencia.

P. En líneas generales, el virus ha castigado a Europa y América más que a otros continentes. Usted que trabaja sobre el terreno, dígame, ¿qué pasa en África?

R. Al principio, parecía que no había casos. No se notificaban y los hospitales no estaban llenos, pero esto no quiere decir que no tuvieran covid. Los sistemas de salud son más frágiles y la capacidad de diagnosticar es mucho más limitada. En octubre y noviembre, salieron estudios de seroprevalencia que decían que se había infectado un 5% o un 6% de la población de países como Mozambique, Kenia y Uganda; y eso evidenció que la detección había sido mínima. Con el repunte de Navidad, el 40% de las PCR salían positivas en Mozambique y eso se traduce en una transmisión tremenda. A finales de enero, se llenaron los hospitales, que tampoco tienen mucha capacidad. De todas formas, durante nuestra primera ola, muchos países cerraron las fronteras y los responsables de salud de los países africanos tomaron buenas decisiones, y esto hay que ponerlo en valor. Están acostumbrados a actuar de forma más vertical y tienen más presentes las enfermedades infecciosas.

No obstante, con la pirámide poblacional que tienen y siendo la edad el gran factor de riesgo, no lo sufren tanto. La mediana de edad en Mozambique es de 16,5 años, lo que quiere decir que la mitad de la población tiene menos de esa edad y la otra mitad tiene más. Por eso, tienen menos casos graves y menos muertes. Sin embargo, la economía es más frágil, así que el cumplimiento de ciertas restricciones es imposible, porque la gente come de lo que gana en el día, no se pueden quedar en casa sin ir a trabajar. En ese aspecto, las consecuencias pueden ser peores que en Europa.

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Reuters.

P. Aquí jugamos continuamente con el equilibrio entre economía y salud. ¿El gran error de España fue abrir en diciembre y provocar la tercera ola?

R. España ha cometido muchos errores y ha repetido varios. En diciembre, se hablaba de que habría un repunte y de que la movilidad del periodo vacacional iba a conllevar un aumento de infecciones, pero la verdad es que se hizo poco por intentar limitarla. Eso trajo hospitales tensionados en enero y febrero. Se sabía, no es un sesgo 'a posteriori', teníamos la evidencia de dos olas anteriores y perdimos la oportunidad de ser más restrictivos. No es una medida popular y se entiende por qué no la tomaron, pero perdimos la oportunidad de evitar muchos contagios.

P. Esta vez parece que aprendimos, porque las restricciones de Semana Santa son más fuertes.

R. Sí, pero no hay que bajar la guardia. No podemos caer en la complacencia de que ya estamos vacunando, porque la población vacunada o que ha pasado la infección sigue siendo una minoría, hay mucha gente susceptible de infectarse y sufrir consecuencias negativas. Es de esperar menor mortalidad en los mayores de 80, que van estando vacunados, pero tenemos amplios sectores de la población con factores de riesgo que aún están desprotegidos.

P. ¿Estamos condenados a sufrir olas sucesivas hasta completar ese proceso de vacunación?

R. Va a depender de las medidas que se tomen y de la velocidad de la vacunación. Mientras no haya un sector muy amplio vacunado, habrá oscilaciones en el número de infectados en función de las restricciones. Posiblemente, la dimensión de las curvas de contagios será cada vez menor si no hay un cambio muy abrupto, porque la tasa de vacunación irá aumentando y las medidas no se van a levantar de golpe.

P. Para volver a una vida normal, ¿hará falta vacunar a todo el mundo en todos los países?

R. Hasta que no haya amplios sectores de la población mundial vacunados no podremos volver a la normalidad que conocíamos, porque siempre estaremos en riesgo de que se introduzcan virus en forma de cepas nuevas. Si sigue habiendo sitios con transmisión, se favorece la posibilidad de que surjan variantes contra las que las vacunas podrían dejar de funcionar. No vacunar a las poblaciones vulnerables de otros países antes de vacunar a los jóvenes de los países que tienen más recursos es un error, porque no vamos a poder relajarnos completamente, siempre estaremos a expensas de que el virus pueda volver a transmitirse en un futuro si hay focos importantes en algún lugar del planeta. Sería preferible vacunar a más grupos vulnerables del mundo e ir más lentos con la población joven europea; una apuesta más equitativa y, a la larga, mejor.

P. ¿Tendremos una visión más global de la salud tras la pandemia?

R. Soy un poco escéptico por naturaleza y tal vez por deformación profesional, pero creo que al menos en Europa, con la excepción del Reino Unido, hemos sido capaces de despertar una conciencia conjunta para dar respuesta a la pandemia de una manera coordinada. Tenemos que amplirla más allá de la Unión Europea y que pueda abarcar a todo el mundo, que no es tan grande como nos parecía, porque todo está hiperconectado. Iniciativas como Covax, para intentar hacer llegar la vacuna a países que no la pueden producir o pagar, han sido respuestas importantes que hay que respaldar, pero aún hay camino que recorrer para que tengamos una conciencia de especie y dar respuestas con más equidad.

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