Las otras variantes del covid que preocupan: por qué todas se parecen y es buena noticia
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De la californiana a la nigeriana

Las otras variantes del covid que preocupan: por qué todas se parecen y es buena noticia

Aparecen nuevos linajes de SARS-CoV-2, pero todos tienden a tener las mismas mutaciones y su capacidad para cambiar puede ser limitada, facilitando las vacunas

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Ilustración: Irene de Pablo.

Con el horizonte de que las vacunas vayan inmunizando en los próximos meses a la mayor parte de la población frente al covid, el obstáculo más importante para recuperar una cierta normalidad son las variantes. No es nada que a estas alturas sorprenda a los científicos. El virus, a medida que hace copias y copias para replicarse en nuestras células, comete errores y genera nuevas mutaciones. Cuando alguna de ellas le permite tener alguna ventaja para seguir reproduciéndose —porque se contagia con mayor facilidad o porque esquiva las defensas del sistema inmunitario—, esa ‘nueva versión’ del SARS-CoV-2 se extiende más fácilmente entre la población.

El problema es que esos cambios conviertan el coronavirus en un patógeno tan distinto que ni los anticuerpos de las personas ya infectadas ni los de las vacunadas puedan reconocerlo y atacarlo si vuelve a llamar a la puerta. Por eso, una de las labores más importantes de la ciencia en torno al covid es vigilar las mutaciones a través de la secuenciación genética de muestras del virus. La plataforma internacional Gisaid acumula ya más de 620.000 secuencias de todo el mundo.

En los últimos dos meses, las bases de datos han crecido más que durante el resto de la pandemia, impulsadas por la preocupación de los países en torno a tres variantes concretas: la inglesa (B.1.1.7), la sudafricana (B.1.351) y la brasileña (P.1). Sin embargo, el SARS-CoV-2 no deja de evolucionar, así que no son las únicas que hay que seguir de cerca. El último informe sobre variantes del Ministerio de Sanidad ha incluido otras cuatro de interés. ¿La amenaza se multiplica? ¿Qué consecuencias tiene para la pandemia?

Foto: Una joven se vacuna en País Vasco. (EFE)

“Hay muchísimos cambios, pero no todos tienen una trascendencia importante para el funcionamiento del virus, por ejemplo, para que se transmita más o para que tenga una mayor resistencia a ser neutralizado por los anticuerpos que producen las vacunas”, explica a Teknautas el virólogo Rafael Delgado, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. Las modificaciones del genoma de SARS-CoV-2 que realmente preocupan son las que afectan a la proteína de la espícula (o proteína S, del inglés Spike), porque es la que se une a las células humanas y la referencia de las vacunas, ya que están pensadas para que los anticuerpos la reconozcan y ataquen al virus.

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Las tres variantes conocidas

Lo cierto es que “hay novedades casi constantes”, explica el experto, pero “incluso en las variantes que conocemos mejor, la información todavía es limitada”. La B.1.1.7 se encontró en el Reino Unido y ha causado una gran alarma desde diciembre, cuando este país informó de su mayor transmisibilidad. Después, se ha especulado incluso con que pueda ser más letal. Algunos datos indican que la enfermedad que produce podría ser más grave en edades avanzadas, pero no se ha podido confirmar.

Foto: Personal de ambulancia, en el exterior del Hospital Royal London, en la capital británica. (EFE)

En cambio, “no hay ninguna duda de que se transmite con una mayor facilidad, pero todavía no sabemos muy bien por qué”, reconoce Delgado. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard realizado dentro de la estrategia de seguimiento de la NBA a sus equipos de baloncesto apunta una posible causa: al analizar siete casos de la variante británica, vieron que los pacientes tienen una mayor cantidad de partículas infectivas —es decir, que el virus se replica más en su cuerpo—, pero además comprobaron que se mantiene durante más tiempo. Ambos factores contribuirían a aumentar los contagios. La buena noticia con respecto a esta variante es que “no compromete de manera importante la protección de las vacunas”.

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Foto: EFE.

En cambio, ese es el gran problema de las variantes de Sudáfrica y Brasil, que “son muy parecidas”, apunta Delgado. Ambas acumulan mutaciones en una zona concreta de la proteína S que se denomina RBD y que sirve para reconocer al receptor de las células humanas. En particular, la mutación E484K parece ser la más relevante. “Estos cambios hacen que los anticuerpos identifiquen peor al virus”, advierte el virólogo. De hecho, la vacunación con el fármaco de AstraZeneca se interrumpió en Sudáfrica porque los resultados iniciales indicaban que la protección era muy baja frente a la variante surgida en su territorio, que allí supone más del 90% de las infecciones.

Las cuatro nuevas variantes

Curiosamente, dentro de las cuatro nuevas variantes de interés sobre las que llama la atención el Ministerio de Sanidad, tres también incluyen la mutación E484K. En el Reino Unido ha aparecido una nueva variante que es muy similar a la ya conocida B.1.1.7, pero que añade este cambio. Así que, en teoría, “permite al virus escapar a la acción neutralizante de los anticuerpos generados frente a las secuencias anteriores”, comenta el experto del Hospital 12 de Octubre. Por el momento, su dispersión es muy limitada.

Foto: Foto: Reuters.

Algo similar ocurre con una nueva variante brasileña, que ha sido denominada P.2, y está vinculada a Río de Janeiro. Hay casos aislados en algunos países, todos vinculados con viajes. Desde el punto de vista de la secuenciación genética, nuevamente lo más destacado es la mutación E484K en la proteína S. En cualquier caso, este linaje está en estudio y se sabe muy poco de cuál puede ser su impacto.

La tercera de las nuevas variantes, llamada B.1.525, está algo más extendida, ya que ha sido secuenciada en Dinamarca, Reino Unido, Países Bajos, Noruega, EEUU y Canadá, aunque todos los casos parecen tener algún vínculo con Nigeria, así que ya ha recibido la denominación informal de variante nigeriana. Aunque acumula otros cambios importantes, tampoco le falta la E484K. El campo de las mutaciones de SARS-CoV-2 que pueden llegar a ser relevantes “empieza a adquirir cierta complejidad”, admite Delgado, “pero si hay algo en común es la aparición de la E484K, y si se produce, “es porque supone una ventaja para el virus”.

El campo de las mutaciones de SARS-CoV-2 que pueden llegar a ser relevantes "empieza a adquirir cierta complejidad"

La excepción a la norma es una variante californiana que ha ido ganando peso en el resto de EEUU. Su cambio más relevante parece ser la mutación L425R, que al parecer “le confiere una mayor capacidad de transmisión, pero todavía no tenemos información muy completa”. Aparentemente, se está expandiendo a la vez que la británica y “habría una cierta competencia entre las dos, que dominan la transmisión en California”. No obstante, esta irrupción ha coincidido con una drástica bajada de los contagios allí y en todo el mundo, así que su penetración no es tan importante en números totales, a pesar de que acapara un gran porcentaje de los casos.

A pesar de que haya tantas variantes que preocupan, desde el principio se sabe que, comparativamente, el SARS-CoV-2 “muta menos que otros virus de ARN”, destaca Ester Lázaro, investigadora del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), que estudia la evolución de los virus. No obstante, “sigue mutando más que los virus con genoma de ADN o que el ADN de nuestras células”. De hecho, cada individuo infectado contiene “una población inmensa de virus que se diferencian en algunas mutaciones, aunque la mayoría serán irrelevantes”.

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Sin embargo, de vez en cuando, surge alguna que ofrece una ventaja, por ejemplo, unirse un poco mejor al receptor celular y mejorar así la transmisión. “Cuando eso sucede, los virus que tengan esa mutación comienzan a ser más abundantes y podrá hablarse de una nueva variante viral”, señala. Esto puede suceder en cualquier paciente, pero hay algunos estudios que señalan específicamente casos de pacientes inmunosuprimidos. En ellos, “el virus va a poder permanecer multiplicándose más tiempo”. Y cada vez que un virus se multiplica muta, con lo cual aumentan las oportunidades de generar alguna de esas variantes.

La capacidad para mutar es limitada

El hecho de que haya cambios que coinciden, a pesar de que el virus haya evolucionado de forma independiente en distintos lugares, lleva a los expertos a hablar de convergencia evolutiva. “Sucede cuando un virus se adapta a un nuevo ambiente, que en el caso del SARS-CoV-2 son las células humanas”, explica la experta. “Lo esperable es que se haya ido optimizando para multiplicarse y transmitirse mejor en nuestra especie”, añade. Por eso, “si hay mutaciones que se repiten machaconamente”, probablemente es porque están “entre las pocas que le aportan un beneficio”.

Esto hace pensar a los científicos que el número de cambios puede ser limitado. “Hemos observado un número de mutaciones y es posible que no se produzcan muchas más”, explica Delgado. Su razonamiento no procede solo de los datos epidemiológicos, a partir de la secuenciación de casos clínicos, sino también de estudios ‘in vitro’. “Cuando en el laboratorio se expone el virus a los anticuerpos neutralizantes, genera las mismas mutaciones que aparecen en los pacientes”, asegura.

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Foto: Reuters.

En ese sentido, “aunque no estamos completamente seguros, es posible que la variabilidad pueda tener un límite, sobre todo en la región principal de reconocimiento del receptor”. La región RBD de la proteína S es la que interacciona con el receptor de las células y está compuesta por “poco más de 100 aminoácidos”. El virus puede cambiar algunos de ellos, pero tiene que seguir reconociendo al receptor de las células para poder entrar en ellas y replicarse. Por eso, es probable que la capacidad de variación de esa pequeña zona de la proteína S sea escasa.

Qué significa para las vacunas

Si esta posibilidad se confirma, estaríamos ante una gran noticia de cara a la neutralización del coronavirus. En el caso de que alguna mutación o combinación de mutaciones del virus reduzca la eficacia de las vacunas o aumente el riesgo de reinfecciones, “habrá que tenerlas en cuenta en el diseño de las nuevas vacunas”, apunta Lázaro. Sin embargo, si las mutaciones que permiten al virus eludir parte de la respuesta inmune son limitadas, “el proceso de actualización de la vacuna será más sencillo que si circulasen variantes que tuvieran, cada una, un conjunto particular de mutaciones”. Según Delgado, “podríamos adaptar las vacunas, pero no tendríamos que estar modificándolas indefinidamente”, precisamente porque la capacidad de generar nuevas mutaciones por parte del virus tiene un tope.

No obstante, a medida que aumente la vacunación, también se incrementará la presión selectiva sobre el SARS-CoV-2. Esto significa que las variantes que puedan eludir mejor la respuesta inmune tendrán más ventajas sobre el resto de virus que estén en circulación. Sin embargo, “aunque un virus mute mucho, no se puede adaptar a todo”, comenta la investigadora del Centro de Astrobiología. “A veces mejorar en algo supone empeorar en otra cosa y el hecho de que la proteína que el virus utiliza para unirse al receptor celular sea la misma hacia la cual se dirige la respuesta inmune impone ciertas restricciones. Por ejemplo, puede suceder que las variantes que sean peor neutralizadas por los anticuerpos no puedan interaccionar con el receptor, con lo cual, no podrían entrar en nuestras células y no tendrían ningún éxito a largo plazo”, explica. Como las mutaciones se producen al azar, podrían surgir variantes de este tipo, pero nunca serían mayoritarias.

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