Sin enfermos, no hay vacuna efectiva contra la gripe: el inesperado problema del covid
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La efectividad depende de los pacientes

Sin enfermos, no hay vacuna efectiva contra la gripe: el inesperado problema del covid

En España, solo se han detectado siete casos de virus gripales en toda la temporada y la consecuencia es que no hay datos de cómo serán las cepas del próximo invierno

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Foto: EFE.

El coronavirus ha borrado del mapa otras infecciones respiratorias este invierno, especialmente la gripe. El distanciamiento social, la mascarilla y el resto de las medidas que hemos tenido que adoptar para frenar la pandemia han repercutido en otros virus menos transmisibles hasta casi provocar su desaparición. A todas luces, esto es una buena noticia, porque en la temporada 2019-2020 hubo 27.700 pacientes hospitalizados en España con gripe confirmada, 1.800 que acabaron en la UCI por este motivo y unas 3.900 muertes.

Sin embargo, los virus gripales no han sido erradicados. Permanecen al acecho y no sabemos cómo se comportarán la próxima vez, cuando vuelvan a campar a sus anchas, como acostumbraban otros inviernos. Virólogos y epidemiólogos están preocupados porque la gripe sufre mutaciones de forma muy rápida y, al perderle la pista este año, es imposible predecir cómo será cuando vuelva a aparecer con fuerza. No obstante, el principal problema ya está sobre la mesa: a estas alturas: los fabricantes deberían estar iniciando el proceso de producción de las vacunas que deben estar listas para este otoño, pero apenas hay datos sobre las cepas que están circulando. La situación es inédita por falta de enfermos y, por lo tanto, por la ausencia de información sobre el virus.

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El último informe del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España lo deja claro: desde el comienzo de la temporada, solo se han detectado siete casos de virus gripales. El año pasado por estas fechas, eran casi 7.000 y el procedimiento para llevar a cabo este trabajo era el mismo. Aunque las cifras fluctúan algo por países, los datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, según sus siglas en inglés) siguen el mismo patrón: la incidencia durante el invierno está siendo propia del verano, es decir, casi nula. Desde el inicio de la temporada, se han analizado más de 315.000 muestras en todo el continente y solo se han detectado 605 casos de gripe: 302 (49,9%) tipo A y 303 (50,1%) tipo B. En EEUU, el número de muestras analizadas este año ha alcanzado las 800.000, pero se han detectado 100 veces menos casos que en la temporada anterior.

Casi sin rastro

“Es muy sorprendente lo que pasa este año con los virus respiratorios e incluso con bacterias que se transmiten por vía respiratoria, como el meningococo en niños, que no ha desaparecido pero se ha reducido drásticamente”, comenta a Teknautas Ángel Hernández Merino, experto del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. En general, todas las infecciones respiratorias están teniendo una menor incidencia, “al menos las que podemos comprobar, que son las que tienen una mayor incidencia en la época invernal, como la gripe en toda la población o el virus respiratorio sincitial en niños pequeños”. Con respecto a catarros y resfriados, no hay datos concretos, pero también han sufrido un descenso, según los sanitarios que trabajan en primera línea.

¿Y si estamos ante un problema de detección por culpa de la pandemia? En los últimos meses, pacientes y especialistas médicos han denunciado que la situación sanitaria ha impedido un correcto diagnóstico de muchas enfermedades, incluido el cáncer. En el caso de la gripe, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que en algunos países también podría estar ocurriendo, ya que el covid "ha influido en los comportamientos para solicitar asistencia médica”, e incluso en la dotación de personal o la capacidad de los 'sitios centinela', es decir, los centros especializados en la detección y la notificación de casos.

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Campaña de vacunación de la gripe en España en 2019. (EFE)

Sin embargo, en el caso de la gripe en España y en Europa, no parece que haya sido así. “El sistema sanitario está volcado en el coronavirus y eso tiene cierta influencia en todo, así que seguramente otras enfermedades se han detectado menos”, admite Hernández. Por ejemplo, “con el sarampión, puede haber un efecto de menor vigilancia, porque no se han detectado casos de sarampión desde marzo de 2020, pero el caso de la gripe es distinto, porque esta enfermedad tiene su propio sistema de vigilancia activa”. Solo en la Comunidad de Madrid, hay 300 médicos implicados en esta tarea. “Tienen instrucciones para recoger muestras cada semana entre octubre y abril y, en efecto, esas muestras se han recogido, pero las pruebas han sido sistemáticamente negativas”.

Así que para los epidemiólogos está muy claro lo que ha sucedido: la estrategia contra el covid ha resultado más efectiva para cortar drásticamente la transmisión de la gripe que la del propio coronavirus. “Estamos en una situación extraordinaria que ya se empezó a detectar el año pasado en algunos países que tomaron las primeras medidas contra el coronavirus. Corea del Sur y Singapur tuvieron una gran bajada de infecciones gripales”, destaca Jaime Jesús Pérez Martín, especialista en medicina preventiva y miembro de la Asociación Española de Vacunología (AEV).

Foto: Los casos de gripe están siendo residuales en 2021. (Pixabay)

En este sentido, hay que tener en cuenta que el SARS-CoV-2 se contagia “entre dos y tres veces más fácilmente” que el virus de la gripe. Probablemente, la transmisión por aerosoles —en pequeñas gotas que quedan flotando en el aire de los interiores— da una ventaja extraordinaria al SARS-CoV-2 a la hora de provocar contagios. No obstante, los expertos creen que la vacunación antigripal, que este año ha alcanzado cifras récord, también ha podido tener cierta influencia.

El reto de fabricar las vacunas

Y ahí es donde está el principal reto de cara a la próxima campaña: ¿cómo fabricar las próximas vacunas sin apenas datos sobre las cepas de gripe que están circulando? Aparte del valor estadístico y epidemiológico que puedan tener, la razón de ser de los sistemas activos de vigilancia de la gripe es seguir de cerca la evolución de un virus que cambia constantemente a través de la secuenciación genómica. Cada año por estas fechas, a finales de febrero, la OMS define la composición de las vacunas de la temporada siguiente. Así, los fabricantes pueden ponerse a trabajar y tenerlas listas para septiembre u octubre. Según su propio calendario, los expertos del organismo de la ONU ya deberían estar decidiendo esta cuestión.

Sin embargo, ante la ausencia de datos, “se abre un escenario muy inquietante”, asegura Hernández Merino. Para los expertos, “las dudas y las incertidumbres son terribles, no sabemos qué va a pasar y no tenemos ninguna certeza sobre el tipo de cepas virales que se deben incluir en las vacunas del año que viene”. Hace dos años, de forma excepcional, las recomendaciones salieron a finales de marzo. “En el último momento, se comprobó que había aparecido una cepa viral nueva y se esperó un poco a tener constancia de las probabilidades que había de que esa cepa circulase al año siguiente. De hecho, se incluyó y circuló”, explica el experto. Este año, puede suceder algo parecido, pero, en cualquier caso, “no deberían demorarse más de un mes” porque las farmacéuticas suelen contar con un plazo de seis meses.

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Foto: Reuters.

Para el hemisferio sur, las recomendaciones de la OMS se suelen realizar en agosto, pero en 2020 se publicaron el 25 de septiembre. “Se tuvieron en cuenta las cepas virales que habían circulado en el hemisferio norte en nuestro invierno. El año pasado, tuvimos una gripe normal, con detecciones virales muy numerosas que pudieron guiar la composición de la vacuna de la gripe para el hemisferio sur este pasado invierno, cuando aquí era verano”, señala Hernández Merino. En definitiva, es ahora cuando los expertos se enfrentan a una situación sin precedentes.

“Tendrán que basarse en la poca circulación del virus que haya habido”, opina Pérez Martín. Recomendaciones tiene que haber, y la única opción es tomar como referencia lo último que haya circulado, pero la dificultad es grande por la falta de datos”. Acudir a los datos del hemisferio sur tampoco ayuda mucho, porque fueron precisamente países como Australia, Sudáfrica o Argentina los primeros que constataron una caída espectacular de enfermos de gripe en plena pandemia. Ante este panorama, otra posibilidad es vacunar a partir de las cepas del año anterior, pero habría que estar relativamente seguros de que no se han producido variaciones significativas.

Foto: ¿Tengo coronavirus, gripe o resfriado? Claves para diferenciar los síntomas (Pexels)

En cualquier caso, los especialistas creen que aunque la vacuna no llegue a ser tan buena ni tan específica como otros años, siempre será mejor vacunarse que no hacerlo. “Por pequeña que sea la efectividad de la vacuna que hubiera disponible, siempre es mejor que nada”, apunta Hernández Merino. Y este aspecto hay que medirlo, según los expertos, a nivel poblacional. Por ejemplo, se calcula que el impacto de la vacunación en la temporada 2019-2020 evitó un 26% de hospitalizaciones, un 40% de ingresos en UCI y un 37% de muertes atribuibles a la gripe, según los datos del Instituto de Salud Carlos III.

Otras consecuencias

Una vacunación más débil, unida a cepas más virulentas, podría ser un cóctel muy peligroso para el próximo invierno, una vez que las medidas contra el covid se relajen o desaparezcan si la pandemia remite. Sin embargo, es casi imposible hacer predicciones, y menos sin datos de vigilancia epidemiológica. “La gripe es absolutamente imprevisible”, apunta el experto de la AEV, pero sin duda “los virus están ahí, igual que siguen ahí en verano, solo necesitan las oportunidades adecuadas para volver a circular”. En ese sentido, “si pasamos a una mayor normalidad el año que viene, evidentemente, habrá un montón de virus, entre los que está el virus de la gripe, que van a volver a circular. Ahí es cuando será más importante aún estar protegido”.

El virus no va a desaparecer, pero no se descarta la posibilidad de que se pierdan algunos linajes con menor circulación

Florian Krammer, virólogo y experto en gripe de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, explicaba hace días en ‘The Atlantic’ que, en efecto, el virus no va a desaparecer, pero no descartaba la posibilidad de que se pierdan algunos linajes con menor circulación. Eso sí que sería una buena noticia con respecto al efecto del covid sobre la gripe. Aunque otros virólogos y vacunólogos también se muestran esperanzados por la posible aplicación de la tecnología que utilizan las vacunas de Pfizer y Moderna, el ARN mensajero, para lograr vacunas contra la gripe que se puedan adaptar más fácilmente —sin necesidad de prever su fabricación con medio año de antelación— a las cepas de este virus.

Por otra parte, algunos expertos están preocupados por otro aspecto de la desaparición momentánea de la gripe. Cientos de miles de personas pasan esta enfermedad cada año y, por lo tanto, es de esperar que gocen de cierta inmunización al menos durante un tiempo. Si este invierno no ha sido así, el próximo brote puede hacer que parte de la población sea aún más susceptible. “Es una posibilidad, pero creo que un año es poco para deducir que habrá una disminución neta de la inmunidad global en la población. Si este fenómeno perdurara en el tiempo, sí que podría ocurrir. La población perderá un cierto nivel de inmunidad, pero creo que no va a tener relevancia”, tranquiliza Pérez Martín.

El coronavirus ha borrado del mapa otras infecciones respiratorias este invierno, especialmente la gripe. El distanciamiento social, la mascarilla y el resto de las medidas que hemos tenido que adoptar para frenar la pandemia han repercutido en otros virus menos transmisibles hasta casi provocar su desaparición. A todas luces, esto es una buena noticia, porque en la temporada 2019-2020 hubo 27.700 pacientes hospitalizados en España con gripe confirmada, 1.800 que acabaron en la UCI por este motivo y unas 3.900 muertes.

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