Más gordos, con más dolores e insomnes: cómo la pandemia está cambiando tu cuerpo
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SI TE DUELE ALGO, NO ESTÁS SOLO

Más gordos, con más dolores e insomnes: cómo la pandemia está cambiando tu cuerpo

Los nuevos hábitos impuestos por las medidas de seguridad, desde el teletrabajo hasta la dificultad para hacer deporte, están afectando poco a poco a nuestro cuerpo

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Foto: Reuters/Yiannis Kourtoglou.

Durante el invierno, los osos pardos caen en un estado de letargo que reduce su consumo metabólico. Sus pulsaciones bajan y su ritmo cardíaco desciende hasta tal punto que cualquiera diría que están muertos. Estos animales se han preparado durante semanas para sobrevivir a la hibernación. Cuando llega la primavera, los animales despiertan poco a poco y vuelven a salir de sus cuevas hasta recuperar sus vidas habituales. Los humanos hemos hecho algo parecido en el último año, con una gran diferencia: “De marzo a mayo, tuvimos que hibernar en casas como si fuésemos osos, pero después muchos no han retomado sus rutinas. Evitan salir en la medida que pueden”.

Esta es la metáfora que utiliza Rubén Tovar, fisioterapeuta y profesor de fisioterapia neuromusculoesquelética en la Universidad Internacional de la Rioja, para explicar cómo nuestro cuerpo está cambiando por la pandemia. No se trata de los efectos secundarios de la enfermedad, sino de un cambio de hábitos determinado por las restricciones y las medidas de seguridad, desde el teletrabajo hasta la dificultad para practicar ejercicio. Todos estos caminos conducen a la misma Roma: mayor sedentarismo y menos actividad física, todo ello regado por un aumento del estrés y la ansiedad causados por la incertidumbre.

La ansiedad conduce a malos estilos de vida y estos influyen en nuestra salud física

Dos factores que antes de la pandemia ya estaban presentes, ahora más acentuados. Es frecuente escuchar quejas de pequeños achaques incluso entre los jóvenes, entre los que se encuentran el dolor de espalda o de articulaciones, jaquecas, problemas de sueño o sensación continua de agotamiento. “A esto hay que añadir también la ansiedad y la preocupación, tanto económica como de salud”, añade Tovar. No nos centraremos aquí en las secuelas psicológicas del confinamiento y la larga desescalada, pero están presentes en estos 'achaques' subjetivos: la ansiedad conduce a adoptar malos estilos de vida, y los malos estilos de vida influyen en nuestra salud física.

Es difícil identificar el efecto concreto de la pandemia en estos pequeños cambios corporales. Por ejemplo, el doctor Francisco Camarelles, presidente del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud de la semFYC, explica que él no ha visto un cambio sustancial en los motivos por los que los pacientes llaman a su consulta, aunque añade que el teletrabajo, a pesar de sus ventajas, no deja de significar que “una gran parte de la población está parada”.

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Lo que sí ha cambiado, explica, es la práctica de la atención primaria, que ha evolucionado hacia el teléfono, aunque se sigan realizando consultas presenciales en caso necesario. Eso puede afectar de varias maneras, por ejemplo, postergando visitas al médico para revisar los niveles de colesterol o glucosa. “Yo estuve en Ifema y cuando volví me di cuenta de que mucha gente había esperado demasiado para pedir consulta”. Pero también hay una parte de la atención primaria que puede haberse perdido, recuerda Camarelles: la actividad preventiva. “Nosotros realizamos intervenciones oportunistas, si un paciente viene con algún síntoma, aprovechas para animarle a que deje de fumar o beba menos, y eso es más difícil de identificar por teléfono”, explica el doctor.

¿Te duele la cabeza?

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Empecemos por el tejado, es decir, por nuestra cabeza. La azotea donde se concentran las cargas mentales acumuladas a lo largo del día, del mes, del año. “Hemos percibido que muchas personas han notado un empeoramiento de los dolores primarios de cabeza, como la migraña o la cefalea tensional, que son los más comunes”, explica Pablo Irimia, neurólogo y coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología.

Demasiado tiempo en ambientes cerrados puede provocar migrañas o cefaleas tensionales

Estos están relacionados con pasar jornadas más largas frente al ordenador o mucho tiempo en ambientes cerrados. En el caso de las migrañas, prosigue Irimia, el teletrabajo provoca que “estemos muchas más horas expuestos a la luz intensa frente al ordenador, teleconferencias con Zoom que cansan, etc.”. En algunos casos, explica el neurólogo, este aumento de los dolores de cabeza está ligado al uso de la mascarilla, como se ha detectado en pacientes con migraña o cefalea tensional. Lo cual no es un eximente para dejar de llevarla, como así lo ha hecho saber la sociedad en una nota a sus asociados, aunque sí recomienda que en los momentos en que perciban un empeoramiento se aíslen en una habitación donde puedan quitarse la mascarilla, por ejemplo.

Algo similar ocurre con los problemas de visión o sequedad de ojos que muchos han percibido. La atención fija en las pantallas provoca que se reduzca la frecuencia de parpadeo o que no tomemos los descansos necesarios. La mirada en el horizonte, tan importante para dar descanso a nuestra vista, como explicaba la oftalmóloga Margarita Canabás, de la Clínica Baviera de Sevilla, ha desaparecido de nuestro repertorio visual, y muchos días no vemos más allá de la pantalla del televisor de plasma.

¿Duermes peor?

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Algunos mantuvieron en un primer momento que el aislamiento social podía favorecer el descanso al disponer de más tiempo libre, pero el paso del tiempo ha demostrado que no era exactamente así. El aumento de la ansiedad, la incertidumbre y el miedo (por el virus o por el trabajo) son disruptores de nuestro descanso. Como muestra el propio estudio recién presentado de la Sociedad Española de Neurología, que mostraba que el insomnio puede afectar hasta al 90% de sanitarios, la profesión que ha estado en primera fila de la lucha contra el coronavirus.

El teletrabajo cambia los horarios e influye en nuestro sueño y nuestro intestino

Aunque el sueño no es el campo de especialización de Irinia, sí recuerda que las perturbaciones en los estilos de vida pueden generar problemas en el descanso o en el tránsito intestinal. El cambio en las costumbres puede influir en muchos aspectos de nuestra salud, desde los aparentemente más coyunturales, como picar más entre horas o mantener peores costumbres alimenticias, hasta los más graves, como la incidencia de ictus o las enfermedades neurodegenerativas. “El teletrabajo suele provocar horarios más irregulares, por lo que hay que intentar establecer rutinas en el domicilio, sobre todo, respecto a la comida y el sueño”.

En muchos casos, un mayor consumo de alcohol o de otras sustancias puede perjudicar el sueño. “En España no se comunica como un problema, pero en otros países se ha percibido que se consumía algo más de alcohol”, añade el neurólogo. Durante el confinamiento, el consumo tanto de opiáceos como de alcohol en España se redujo por el cierre de bares, pero aumentó en los hogares, ligado al aislamiento, como explicaba Juan Ramón Villalbí, delegado del Plan Nacional sobre Drogas (PNSD).

¿Te duele la espalda?

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Otro de estos achaques ha empezado a sentirlo gente que no los esperaba hasta dentro de unas cuantas décadas: la prolongación del teletrabajo durante casi un año en espacios no preparados para él, la ausencia de incentivos para salir de casa o el miedo a hacerlo y la reducción de la práctica de ejercicio son la tormenta perfecta para que nos duela todo, tengamos la edad que tengamos. Como recuerda Pablo Herrera, vicedecano del Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, es complicado trasladar el mensaje de “sal de casa para hacer deporte” en una época en la que es eslogan ha sido “quédate en casa”. “Quédate en casa, pero muévete en casa, y bien asesorado”, apostilla.

"Muchas consultas no son lesiones, sino dolores musculares ligados al estrés"

El fisioterapeuta reconoce haber percibido un aumento de cervicalgias y lumbalgias, que “antes eran habituales, pero no en la medida que nos está llegando ahora”. Una vez más, el sedentarismo y pasar mucho tiempo en la misma posición son la clave. Pero también influye en un grado importante nuestro estado emocional, así como el aumento del estrés y la ansiedad. “Muchas consultas no son lesiones, sino dolores musculares ligados al estrés y a las situaciones cambiantes”, recuerda Herrera. “No poder llevar una vida normal provoca tensión muscular, porque la gente no termina de poder relajarse”.

Afortunadamente, añade, el pico de pequeñas lesiones que se vio durante la desescalada ocasionado por personas que se lanzaron a practicar deporte sin saber muy bien cómo parece haber disminuido. Lo que no lo ha hecho es un “desacondicionamiento físico importante”, especialmente entre las personas de mayor edad. “Nos hemos encontrado un aumento del número de caídas, porque al no hacer ejercicio y moverse menos, ese riesgo aumenta, lo que acaba provocando más fracturas de cadera y encamamientos”. La gran paradoja de la que ya se han percatado muchos familiares de ancianos se encuentra en que quedarse en casa ha repercutido negativamente en su salud física y mental.

El bruxismo y el dolor cervical están relacionados

Aunque algunos fisioterapeutas señalan haber encontrado más lesiones cervicales que lumbares, típicas del trabajo de oficina, Herrera no puede afirmar que sea así, pero sí recuerda que ambas se deben a razones distintas. “Las cervicales se ven más afectadas por la cuestión emocional; la lumbar, por posturas mantenidas durante demasiado tiempo”, explica. “Ambas musculaturas son de sostén, la columna es muy fuerte, pero si hay un desacondicionamiento, se nota”. Las cervicales, por cierto, también están ligadas a uno de esos problemas que parecen haber aumentado entre algunas personas: el bruxismo, ya que morder durante el sueño produce una gran tensión exagerada en la articulación temporomandibular.

¿Te sientes más pesado? El efecto dominó

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Pasar más tiempo en casa beneficia los hábitos alimenticios de unos pocos y perjudica los de la mayoría. La pandemia y, una vez más, pasar más tiempo en casa y el estrés parecen habernos hecho engordar. Una encuesta publicada por Ipsos hace un par de semanas apuntaba que los españoles habíamos engordado de media 5,7 kilos. Un dato algo exagerado para Francisco Tinahones, presidente de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo), que, no obstante, recuerda que tan solo aumentar un kilo multiplica la incidencia de enfermedades como la diabetes.

"Que la población gane más de un kilo de media es un drama"

“Nosotros hicimos un estudio con más de 1.000 personas justo después del confinamiento de marzo, en el que más de la mitad afirma haber engordado entre uno y tres kilos”, explica Tinahones. Se compraron más alimentos precocinados, harinas o alcohol. La distribución era la siguiente: un 50% había engordado, un 30% había permanecido estable y alrededor de un 20% había perdido peso. “La pandemia ha servido para que una población más pequeña adopte una estrategia alimentaria más sana, por ejemplo, porque pueden dedicar más tiempo a cocinar en casa”.

La sociedad está viendo “claramente” un incremento en el peso poblacional, sobre datos ya preocupantes, como una prevalencia de sobrepeso cercana al 40%. “Que la población gane un kilo y medio de media es un drama, porque es un deterioro de salud, lo que significa que va a haber más casos de enfermedades como diabetes de tipo 2”, añade. Pero el aumento de peso, aunque sea ligero, también va asociado al cansancio y a una fatiga que uno ya no sabe si es pandémica, mental o física, imaginada o real, pero que ha terminado por definir nuestro estado (emocional y corporal) como ningún otro término.

Detén la mutación

Si notas que tu cuerpo no responde como de costumbre, aquí tienes una serie de consejos aportados por los especialistas para sentirte un poco mejor:

  • Haz micropausas frecuentes cuando estés trabajando. Levanta la vista de la pantalla cada 20 minutos y adecua tu espacio de trabajo para poder variar la posición. “Llama por teléfono caminando, levántate cada hora, haz unas sentadillas y vuelve a la actividad, porque eso también te sirve de pausa psicológica”, propone Herrera.
  • Ponte retos: “Lucha contra el sedentarismo, que es uno de los mayores males a los que nos enfrentamos, aunque sea intentando caminar un poco más que el día anterior”, sugiere el fisioterapeuta.
  • Sigue rutinas: tanto de alimentación como de sueño, no hay nada más importante que comer e irse a la cama a la misma hora. En cuanto a esto último, limita el uso de pantallas antes de apagar la luz. “Aunque pasemos mucho más tiempo en casa, debemos intentar mantener rutinas y horarios regulares”, añade Irimia.
  • Menos brillo en los aparatos tecnológicos, evitar que la pantalla del ordenador esté justo delante de la ventana.
  • Haz ejercicio, también de fuerza. “La mayoría de personas no está acostumbrada a hacer ejercicio en casa porque lo identifican con correr o con deporte al aire libre”, explica Tinahones. “Un pasillo da para lo que da, pero por lo menos se puede repetir, pero es más difícil acostumbrarse a ejercicios de fuerza que supongan un mayor esfuerzo, por ejemplo, levantar una botella de agua de dos litros”.
  • Salir de casa, con cuidado, pero salir. “Hay que intentar que las personas con problemas neurocognitivos o de movilidad puedan salir de casa, bien protegidos, para que puedan realizar un poco de ejercicio”, añade Irinia.
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