El "abominable misterio" de Darwin: dos siglos después, continúa sin solución
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fue su gran quebradero de cabeza

El "abominable misterio" de Darwin: dos siglos después, continúa sin solución

En sus últimos años de vida, Darwin solo le daba vueltas a una duda en su cabeza: la evolución de las plantas guardaba un misterio que, a día de hoy, no tiene respuesta

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El "abominable misterio" de Darwin. (Leonard Darwin)

Eran los primeros días de julio del año 1837 cuando un jovencísimo Charles Darwin, con solo 28 años, regresaba a Londres tras un viaje que cambiaría el sentido de su vida. A bordo del HMS Beagle, el naturalista recorrió buena parte de las islas del océano Pacífico, donde estudió de manera pormenorizada la fauna que se encontraba en ellas, descubriendo que poco o nada tenían que ver con la existente en las plataformas continentales. Cuál fue su sorpresa cuando halló variaciones sustanciales entre animales de la misma especie en las diferentes islas, lo que daría lugar a su tan famosa Teoría de la Evolución.

Aquel viaje le llevó a investigar por qué animales de la misma especie eran tan diferentes en los distintos puntos del planeta, algo que a largo de los siguientes años se tradujo en una respuesta inequívoca: las necesidades de las diferentes especies de adaptarse al medio dieron lugar a una serie de cambios genéticos que les hacían diferentes entre sí, a pesar de proceder de la misma raíz en común. Sería el 24 de noviembre de 1859 cuando publicó 'El origen de las especies', el libro donde explicaba su teoría…, pero contenía una abominable misterio.

Foto: Al-Jahiz y Charles Darwin (EC)

La observación, investigación y análisis que Darwin fue capaz de llevar a lo largo de los años para tratar de explicar cómo los animales habían evolucionado de diferentes formas dieron como resultado la relación evolutiva de las especies. Sin embargo, existía un punto negro en esa explicación: las plantas. Efectivamente, los estudios de Darwin habían conseguido determinar cómo los animales habían cambiado a lo largo de los años y los diferentes cambios que habían sufrido para adaptarse al medio, pero es algo que no consiguió explicar en el caso de la flora, tal y como explica BBC.

En una época complicada, donde no siempre la evidencia científica era bien recibida y en la que Darwin atacó de manera frontal los postulados establecidos, muchos detractores trataron de destruir las teorías del científico buscando cualquier resquicio con el que refutarla. Y, precisamente, la falta de explicación a lo que había ocurrido en el caso de las plantas es lo que dio lugar a que el botánico escocés William Carruthers criticara duramente la explicación de Darwin. Básicamente, el misterio se basa en cómo nacieron las plantas con flores, también llamadas angiospermas, y cómo evolucionaron rápidamente en cuestión de años.

Según las investigaciones que llevó a cabo Darwin, y que a largo de los años numerosos científicos han comprobado, las plantas con flores aparecieron de manera repentina en el Cretácico y, en cuestión de años, se diversificaron rápidamente con diferentes formas y colores, al mismo tiempo que seguían dando sus semillas en frutos. Pero la duda era evidente: hasta su surgimiento, no había ningún tipo de planta 'original' que fuera capaz de generar este tipo de especies y tampoco otras 'intermedias' entre ellas y las gimnospermas, aquellas plantas más grandes como las coníferas. ¿Dónde estaba el eslabón perdido?

Esto provocó que Darwin, durante sus últimos años de vida, tratara de resolver esta situación, provocándole más de un dolor de cabeza. Era incapaz de encontrar la solución que resolvería el misterio de su propia teoría y, por eso, en 1839 escribió una carta a su íntimo amigo y botánico Joseph Hooker en la que se preguntaba por qué era incapaz de dar solución a este hecho: "El rápido desarrollo, hasta donde podemos juzgar, de todas las plantas superiores en los últimos tiempos geológicos es un misterio abominable", afirmaba, según se explica en un estudio publicado en 'American Journal of Botany'.

Un intento de respuesta

Durante años, Darwin trató de dar con una solución plausible y contundente que lograra dar una explicación real a este vacío en la evolución que era incapaz de entender, algo que también le comentó a Hooker en la carta que le envió: "Nada es más extraordinario en la historia del reino vegetal, como me parece, que el desarrollo aparentemente muy repentino o abrupto de las plantas superiores. De hecho, especulo sobre si no existió [este eslabón perdido vegetal] en algún lugar durante largas edades en un continente extremadamente aislado, quizás cerca del Polo Sur".

Este hecho provocó que algunos científicos rivales le atacaran duramente, como fue el caso de Carruthers. El máximo responsable de botánica en el Museo Británico y una figura científica importante de la época, aseguraba una y otra vez que la aparición de estas plantas poco o nada se debía a la Teoría de la Evolución, sino que era una simple decisión de Dios, encargado de crearlas y de ponerlas sobre la tierra. Evidentemente, Darwin entendía que esta situación no era posible y, por ello, trataba de dar una solución fundamentada al enigma. Pero, lo cierto es que era incapaz, algo que le comía por dentro.

A día de hoy, más de 140 años después de que Darwin pusiera sobre la mesa su Teoría de la Evolución, este misterio continúa vigente. Evidentemente, a largo de los años se ha conseguido cada vez una mayor y más eficiente comprensión sobre el mundo de la botánica, pero no es menos cierto que este enigma continúa sin una solución exacta. Hace ya dos siglos, a Darwin le comía por dentro este abominable misterio. A día de hoy, los expertos tratan de encontrar una solución a uno de los grandes enigmas del planeta.

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