Un año después seguimos sin saber el origen del covid: las nuevas pistas del enigma
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El pangolín hace tiempo que se descartó

Un año después seguimos sin saber el origen del covid: las nuevas pistas del enigma

El huésped intermediario que sirvió de puente al coronavirus entre murciélagos y humanos sigue siendo una incógnita, pero la hipótesis del pangolín pierde fuerza frente a otras especies

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(Foto: Reuters)

Mucho han cambiado nuestras vidas desde que hace un año nos llegaban las primeras noticias procedentes de China acerca de un nuevo y extraño virus. Ya contabilizamos cerca de 100 millones de contagios confirmados en todo el mundo, según las cifras oficiales, y se han quedado por el camino dos millones de vidas. En estos meses los científicos han aprendido mucho sobre el covid y han logrado desarrollar varias vacunas en tiempo récord. Por el contrario, el origen de la pandemia sigue siendo un misterio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) quiere esclarecer por fin esta cuestión, así que ha enviado a un equipo internacional de expertos a Wuhan, la ciudad de la provincia china de Hubei donde todo empezó. Hasta ahora la falta de transparencia de las autoridades locales no ha ayudado mucho, así que las certezas son casi tan escasas como al principio y las pistas, muy parecidas. La procedencia animal y un “mercado húmedo” donde se sacrificaban especies salvajes siguen en el punto de mira. ¿Sabremos algo más en próximas fechas?

Foto: Pangolín (Oregon State University)

“A día de hoy tenemos muy claro que el SARS-CoV-2 ha venido de animales salvajes, probablemente de murciélagos”, recuerda a Teknautas Joaquim Segalés, veterinario del Centro de Investigación en Sanidad Animal IRTA-CReSA de la Generalitat de Cataluña y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Esa hipótesis es la más creíble porque el virus más parecido se encontró hace años en estos mamíferos voladores, pero los científicos siguen creyendo que antes de llegar al ser humano tuvo que pasar por otro animal, un huésped intermediario que sigue siendo desconocido.

Al comienzo, la especie más señalada fue el pangolín, un curioso mamífero con escamas víctima del tráfico ilegal de especies. Científicos chinos encontraron en este animal un virus muy parecido al humano. Sin embargo, las investigaciones posteriores no han podido confirmar que sea el eslabón entre los murciélagos y las personas. Uno de los últimos estudios, publicado en diciembre en la revista científica ‘Viruses’, compara los genes de los diferentes coronavirus encontrados en estas especies, pero no aclara cómo se produjo el salto. “El pangolín se infecta con virus que se parecen mucho al SARS-CoV-2, pero que son diferentes”, destaca Segalés. “Esto nos dice que probablemente el virus de los pangolines tiene un ancestro común con el coronavirus humano. Son líneas de evolución que pueden haber sido paralelas pero independientes”, añade este experto en coronavirus animales.

No obstante, en los últimos meses las investigaciones han proporcionado nuevas pistas al identificar otros animales que son susceptibles a la infección: una especie de musaraña china, el mapache e incluso el venado de cola blanca pueden infectarse de forma natural. ¿Podría ser alguna de ellas el huésped intermediario? Por el momento, no se puede descartar ni confirmar, así que los científicos tienen tarea por delante.

placeholder El pangolín, señalado al inicio de la pandemia, parece no estar detrás de lo ocurrido. (Foto: Reuters)
El pangolín, señalado al inicio de la pandemia, parece no estar detrás de lo ocurrido. (Foto: Reuters)

Aunque algunos de estos hallazgos puede ofrecer la clave para dar con el origen del covid, a medida que pasa el tiempo la investigación se hace más compleja. Si el virus SARS-CoV-2 aparece ahora en una determinada especie, de inmediato surgirá una pregunta: ¿estaba ya infectada antes de la pandemia o se ha contagiado a través de contactos con humanos? “La única manera que tendríamos de saberlo es haciendo estudios serológicos retrospectivos. Por lo tanto, además de buscar el virus en distintas especies, habría que intentar ver si tienen anticuerpos frente a él, porque esto nos daría una idea del tiempo que ha pasado desde que se produjeron esas infecciones”, apunta el experto.

Un ejemplo de cómo se complica la investigación es el hallazgo de un visón salvaje en EEUU el pasado mes de diciembre infectado por SARS-CoV-2. El ejemplar estaba en las inmediaciones de una granja de visones de Utah y su positivo solo sorprende en parte, ya que estos animales se han infectado masivamente en cautiverio (en Dinamarca se comprobó que a su vez habían contagiado a humanos, así que sacrificaron millones de visones y clausuraron el negocio peletero). Sin embargo, el visón de Utah se convertía en el primer animal salvaje infectado con el nuevo coronavirus humano.

En China también hay muchas granjas de visones, pero no parece que se hayan estudiado mucho. Además, los habitantes de este país tienen otro tipo de pieles entre sus predilectas. “Si me dieran cientos de miles de dólares y libre acceso a China para encontrar la fuente del virus, buscaría en los sitios donde se crían los mapaches”, aseguraba hace unos meses el conocido virólogo alemán Christian Drosten, director del Instituto de Virología del Hospital Charité de Berlín. Además de ser cazados en la naturaleza, los mapaches son una auténtica industria en China debido a su pelaje, así que también abundan las granjas de estos animales y hay estudios en los que se han infectado de forma experimental.

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(Foto: EFE)

¿Qué encontrará la OMS?

¿Tendrá la misión de la OMS los recursos, el tiempo y los permisos necesarios para llevar a cabo este tipo de rastreo? Está bastante claro que no. Varios expertos explicaban la situación en la revista ‘Science’ hace unos días: es poco realista pensar que los investigadores enviados por el organismo internacional puedan hacer descubrimientos extraordinarios o hallar el famoso huésped intermediario. Más bien, cabe esperar que mejoren la comunicación con los científicos chinos que trabajan sobre el terreno. Y no será poco.

Hasta ahora, la colaboración ha dejado bastante que desear. Durante meses la OMS ha tratado de poner en marcha esta investigación sin éxito –incluyendo un reciente intento de viaje fallido–, con un plan listo desde mediados de 2020 que todavía no se ha podido ejecutar, así que trata de ser lo más diplomática posible: "Estamos buscando respuestas que puedan salvarnos en el futuro, no culpables", aseguró el director de Emergencias Sanitarias de la OMS, Michael Ryan, cuando presentó la misión.

Desde entonces, todo se ha complicado más de lo previsto. De los 15 expertos designados (virólogos, epidemiólogo y especialistas en otras materias que van de la sanidad animal a la seguridad alimentaria), solo viajaron a China 13, ya que dos dieron positivo en un test y se quedaron aislados en Singapur. Y los 13 que aterrizaron tienen que hacer cuarentena preventiva durante dos semanas en un hotel. Así que en realidad apenas van a tener otras dos semanas para visitar sitios clave de Wuhan y regresar antes de que a mediados de febrero se celebre el Año Nuevo Chino, que paraliza el país.

El paso de los expertos de la OMS por China debería aportar nuevos elementos para el estudio retrospectivo de lo que sucedió

Para colmo, las autoridades chinas han defendido la teoría de que la epidemia tuvo su origen fuera del país, agarrándose a estudios como el que encontró anticuerpos en muestras de sangre de pacientes italianos almacenadas desde septiembre de 2019. En general, los expertos se muestran escépticos ante este tipo de hallazgos, que habría que confirmar. Además, aunque fueran corroborados por nuevos datos, no demostrarían que el virus se originó en Europa, como interpreta China, sino más bien que salió de Asia antes de lo que se pensaba.

En cualquier caso, el paso de los expertos de la OMS debería aportar nuevos elementos para el estudio retrospectivo de lo que sucedió. El registro de los primeros pacientes hospitalizados, sus desplazamientos, los animales que se vendían en Wuhan y la cadena de suministros de sus mercados son aspectos clave. “Tienen que buscar la máxima trazabilidad de los casos y analizar qué tipo de contactos tuvieron”, comenta Segalés.

Si el mercado de Huanan fue el primer gran foco de la pandemia, como se dijo en un principio, o al menos protagonizó un evento de ‘supercontagio’ decisivo en sus comienzos, “no solamente habría que analizar qué animales había allí, sino trazar los contactos entre personas. Podrían ser de zonas relativamente distantes de Wuhan, pero no es nada fácil averiguarlo cuando ha pasado tanto tiempo”, comenta el investigador del IRTA-CReSA.

placeholder Una vecina durante la cuarentena de Wuhan. (Foto: Reuters)
Una vecina durante la cuarentena de Wuhan. (Foto: Reuters)

En su opinión, el reto es complejo porque “cuando se realizan análisis filogenéticos de los virus, incluso de los que se encuentran en pangolines y murciélagos, nos damos cuenta de que probablemente el área de influencia no solo es Wuhan y alrededores, sino que es mucho más amplia”. Algunos estudios sugieren que puede haber animales que hayan ayudado a evolucionar al coronavirus fuera de China, en Myanmar, Vietnam o Laos. “Habría que hacer un trazado retrospectivo en origen y lo ideal sería poder estudiar animales salvajes de todo el Sudeste Asiático para ver si están infectados con este mismo coronavirus o con otros similares que pudieran tener una relación directa”, afirma. Para ello, sería necesario contar con el mayor número de animales posible –a veces, capturarlos también es un reto–, tomar muestras a través de hisopos faríngeos o fecales, hacer PCR y secuenciar.

La necesidad de vigilar las zoonosis

De todas formas, a estas alturas, ¿realmente importa tanto cómo comenzó la pandemia? Los científicos creen que tener esa información sería fundamental. El principal motivo es que no se puede desdeñar la posibilidad de que vuelva a suceder lo mismo en cualquier momento. Las investigaciones de este último año también han servido para constatar que entre los murciélagos circulan virus estrechamente relacionados con SARS-CoV-2 y no solo en China.

Por otra parte, los saltos de este coronavirus entre distintas especies –de humano a un animal y de vuelta al humano– constituyen una nueva amenaza, así que conviene tener toda la información posible sobre estos procesos. “El virus continúa evolucionando y se generan nuevas variantes, algunas de las cuales pueden tener una mayor capacidad de transmisión y de replicación, y eso tiene consecuencias. Cualquier generación de reservorios animales va a ser una mala noticia”, señala Segalés. De hecho, hay compañías que incluso están pensando en el desarrollo de vacunas para visones (para evitar riesgos para la salud humana, para salvar el negocio de las pieles o para las dos cosas).

Por eso los veterinarios creen que hay que establecer un sistema de vigilancia epidemiológica que incluya a los animales. En ese sentido, hablan cada vez más del concepto ‘One Health’ (‘Una sola salud’), que hace referencia a que la salud humana y la sanidad animal son interdependientes y, además, están muy relacionadas con el entorno y los ecosistemas. “Hablamos del mundo salvaje, de los animales domésticos y de las personas. Hay que coordinar esfuerzos de seguimiento, control y comunicación en estas tres áreas que unen la biología, la parte veterinaria y la medicina humana”, apunta el experto.

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