El éxito de las vacunas contra el coronavirus: ¿podemos copiarlo para otras enfermedades?
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UN LOGRO EN TIEMPO RÉCORD

El éxito de las vacunas contra el coronavirus: ¿podemos copiarlo para otras enfermedades?

El rápido desarrollo de vacunas del coronavirus puede cambiar el futuro de la investigación farmacológica, pero algunos aspectos serán difíciles de trasladar a otras patologías

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Foto: Reuters.

El desarrollo de las vacunas contra el covid ha sido tan rápido que hasta ha provocado cierta desconfianza en parte de la población. Sin embargo, la combinación de varios factores explica cómo ha sido posible la proeza sin sacrificar la seguridad: la experiencia científica acumulada, las características del virus, la agilidad de los trámites de evaluación y regulación o la financiación extraordinaria —fruto de una urgencia social y política sin precedentes— son algunas de las claves.

Foto: Uno de los investigadores del equipo. (Foto cedida)

Pocos esperaban al inicio de la pandemia que antes de acabar el año ya se estuviera inmunizando a la población, pero así es. En Europa, con la vacuna de la compañía estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech; y en EEUU también con la de la farmacéutica Moderna, empresa americana. Además, varios proyectos más están llamando a la puerta. Una vez logrado, ¿se puede aplicar el mismo enfoque para desarrollar vacunas contra otras enfermedades?

Tener este antecedente de registro, aunque sea condicionado y sujeto a farmacovigilancia, es muy bueno”, afirma en declaraciones a Teknautas Raquel Carnero, consultora de la industria farmacéutica experta en vacunas. En parte se ha logrado gracias al proceso llamado ‘rolling review’, por el cual las agencias reguladoras, tanto la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA, por sus siglas en inglés) como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), han ido conociendo los datos a medida que los investigadores los iban generando. Aun así, a partir de ahora habrá dos años de seguimiento para registrar cualquier efecto adverso o incidencia que pudiera surgir.

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Control sanitario en Baleares. (EFE)

Algunos expertos consideran que este y otros aspectos del proceso se pueden copiar y van a cambiar el futuro de la investigación farmacológica. Es lo que opina Dan Barouch, director del Centro de Investigación de Virología y Vacunas de la Facultad de Medicina de Harvard: “Muestra lo rápido que puede avanzar el desarrollo de vacunas cuando hay una verdadera emergencia global y recursos suficientes”, aseguraba hace días en ‘Nature’ en referencia a la carrera mundial que hemos presenciado en los últimos meses.

Curiosamente, las dos vacunas que la han ganado, al menos por el momento, se basan en una nueva tecnología que nunca había salido al mercado, el ARN mensajero. Se trata de material genético (ARN) que va envuelto en lípidos para llegar hasta las células humanas con las instrucciones precisas para que ellas mismas fabriquen la proteína S. Esta molécula de la superficie del SARS-CoV-2 es la que permite al virus acceder a las células y replicarse. En este caso, al estar sintetizada por nuestras propias células y sin el resto del virus, la proteína S es inofensiva pero desencadena la respuesta inmune: anticuerpos y células de memoria que nos protegerán si el auténtico virus llega a introducirse en el cuerpo.

El éxito de las vacunas de ARN

El hecho de que este método —que aún no había llegado al mercado a través de ninguna vacuna— haya tenido éxito “no ha sido una sorpresa porque ya se había trabajado mucho en este tipo de plataforma”, afirma Carnero. Las vacunas de ARN acumulan ya un trabajo que se remonta a 10 o 15 años, en algunos casos buscando remedio para otros virus, como el del zika o el chikungunya, pero hasta ahora no habían pasado de ensayos clínicos en fase 1 (los primeros ensayos con personas, en los que aún participa un número muy reducido de voluntarios y que tratan de comprobar, principalmente, que el nuevo fármaco es seguro). Así que el trabajo en 2020 en realidad “ha consistido en introducir la secuencia que nos interesaba”.

A partir de aquí el futuro de las vacunas de ARN parece prometedor. “La experiencia con el covid puede suponer un impulso y, además, son fáciles de producir”, indica la experta. Incluso se ha pensado en este tipo de tecnología para otros usos, como terapias contra el cáncer. Además, se trata de una tecnología muy versátil, como demuestra el hecho de que ante la aparición de la variante inglesa del SARS-CoV-2, tanto Pfizer como Moderna anunciasen que, en caso de que fuera necesario, podrían adaptar sus vacunas a las nuevas mutaciones de forma muy rápida.

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Foto: EFE

Sin embargo, no todo es tan sencillo. En una entrevista concedida hace unos días a este periódico, el virólogo Adolfo García-Sastre, investigador del Hospital Mount Sinai de Nueva York, consideraba que el futuro de las vacunas es muy diverso. “En esta pandemia, las de ARN han llegado primero; eso demuestra que funcionan, pero no quiere decir que vayan a ser la solución para la malaria, la tuberculosis o el sida, porque estas enfermedades son mucho más difíciles de prevenir por vacunación”, afirmaba.

Lo cierto es que, a pesar de todo, hemos tenido bastante suerte con este coronavirus, porque muta poco y parece no contar con muchas estrategias para burlar al sistema inmunitario humano. No sucede lo mismo con el VIH, para el que aún no se ha encontrado una vacuna efectiva; ni con el virus de la gripe, que obliga a cambiarla cada año.

Por qué no será tan fácil

Otras circunstancias especiales relacionadas con esta pandemia hacen más difícil ser optimistas ante la posibilidad de aplicar este mismo modelo a otras enfermedades. Quizá la más importante es que la financiación no ha tenido precedentes. No solo por la apuesta arriesgada de algunas farmacéuticas, sino por la extraordinaria inyección de dinero público que han recibido para conseguirlo. Por ejemplo, el programa Operation Warp Speed de EEUU se ha convertido en el estímulo más grande de la historia de la industria farmacéutica. Difícilmente cabe imaginarse una acción así si no estuviéramos ante una pandemia con una extraordinaria capacidad para hacer daño tanto a la salud como a la economía globales.

Sin embargo, incluso si los gobiernos y la industria pusieran a partir de ahora toda su buena voluntad para el desarrollo de otras vacunas, habría otros obstáculos logísticos difíciles de salvar. "¿Cuántos pacientes podemos conseguir de zika o de chikungunya en tres meses?", se pregunta Carnero. "Para el covid, los ensayos clínicos han podido reclutar a una cantidad de voluntarios apabullante y eso no es tan fácil. De hecho, muchas veces no se cumplen los plazos previstos para algunas fases clínicas por falta de reclutamiento", explica.

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Foto: Reuters

En este caso, los más de 40.000 participantes que han conseguido algunos ensayos clínicos suponen un récord y hasta una gesta en la historia de las vacunas, sobre todo teniendo en cuenta que se inmunizaron en apenas unos meses y en varios países del mundo. Para otros ensayos, incluso ya en fase 3, no es necesario alcanzar este número, pero en este caso se trataba de una cuestión de urgencia: cuantos más voluntarios vacunados y no vacunados (del grupo que recibe el placebo) se contagiasen, antes se podría alcanzar un número mínimo de contagios para probar la eficacia del producto.

A pesar de los riesgos y los costes que asumían las compañías, el objetivo no tenía precedentes y, por tanto, los beneficios eran tentadores. La "población diana" de este desarrollo científico era casi el 100% de la humanidad. Si eres una farmacéutica, ¿cómo no hacer los máximos esfuerzos posibles ante tal recompensa? "No sé si va a volver a darse el caso de tener que vacunar a toda la población mundial", reflexiona Carnero. De hecho… esperemos que no.

El desarrollo de las vacunas contra el covid ha sido tan rápido que hasta ha provocado cierta desconfianza en parte de la población. Sin embargo, la combinación de varios factores explica cómo ha sido posible la proeza sin sacrificar la seguridad: la experiencia científica acumulada, las características del virus, la agilidad de los trámites de evaluación y regulación o la financiación extraordinaria —fruto de una urgencia social y política sin precedentes— son algunas de las claves.

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