Covid desbocado pese al confinamiento: las lecciones del extraño caso de Granada
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El problema de los interiores

Covid desbocado pese al confinamiento: las lecciones del extraño caso de Granada

Centrar las medidas solo en la población universitaria cuando los casos comenzaron a dispararse fue un error que ahora paga toda la ciudad... y que puede producirse en otros puntos de España

placeholder Foto: Granada cierra toda su actividad para frenar el covid-19. (EFE)
Granada cierra toda su actividad para frenar el covid-19. (EFE)

Las alegrías y las penas van por barrios, también en la pandemia (o por ciudades, provincias y CCAA) y van cambiando con las hojas del calendario. Asturias ha pasado de ser ejemplo de gestión a sufrir una dura segunda ola. Hace pocas semanas la situación era crítica en Cataluña, Navarra o Aragón, mientras que ahora mejoran claramente. No hace tanto que el debate se centraba en Madrid y a día de hoy las medidas más duras se han trasladado a ciudades más periféricas, como Burgos. Sin embargo, hay un caso llamativo en toda España por su constante mala evolución: Granada.

La ciudad andaluza vio como sus cifras comenzaban a dispararse entre finales de septiembre y principios de octubre. Cuando la situación aún era de relativa calma en la mayor parte de España, la Junta de Andalucía sorprendía con una idea inédita: suspendió las clases presenciales en la Universidad de Granada tras el puente del 12 de octubre e impuso restricciones en colegios mayores y residencias de estudiantes. La alarma había saltado por una incidencia acumulada que sobrepasaba los 500 casos por cada 100.000 habitantes en los 14 días anteriores y el foco estaba puesto en los jóvenes.

Foto: Enfermeras atienden a un paciente de covid en la UCI del Hospital Reina Sofía. (EFE)

Sin embargo, no sirvió de nada. La escalada continuó imparable y ya rondaba los 1.000 casos cuando se decretó el confinamiento perimetral de la ciudad y de su área metropolitana a partir del 26 de octubre, una medida que pocos días más tarde se amplió a todos los municipios de la provincia. Esta semana la incidencia acumulada se aproximaba a los 1.400 y, ante el evidente fracaso de las restricciones anteriores, los granadinos han visto como desde el pasado martes cerraban todos los negocios no esenciales, incluidos bares, restaurantes y gimnasios; además de que les afecta la ampliación del toque de queda en toda Andalucía, que ahora es entre las 22:00 y las 7:00.

Llegados a este punto, mientras los políticos discuten si es necesario recurrir al confinamiento domiciliario, el sistema sanitario sufre las peores consecuencias. El Hospital Clínico San Cecilio de Granada ha tenido que acondicionar la cafetería para albergar puestos de UCI. El Hospital Virgen de las Nieves vive una situación parecida y va a utilizar la capilla para instalar 20 nuevas camas de pacientes críticos. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

En primer lugar, algunos expertos consideran que las medidas implementadas hace semanas fueron demasiado laxas, insignificantes en la práctica, y de eficacia casi nula. "Llevamos muy pocos días de medidas duras y, para mí, uno de los elementos que marcan esta situación es que las han puesto muy tarde", afirma en declaraciones a Teknautas Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, que tiene su sede en la capital granadina.

El error de señalar solo a la Universidad

A principios de octubre, este experto ya advertía de que eran necesarias restricciones "parecidas a las que se han puesto ahora", cuando ha pasado más de un mes. Sin embargo, en aquel momento la estrategia —cargada de polémica— consistió en cancelar las clases presenciales de la Universidad de Granada e imponer limitaciones de acceso y un toque de queda desde las 22:00 a colegios mayores y residencias. Era fácil pensar que ahí estaba el problema: con el curso recién comenzado, las cifras de la segunda ola señalaban claramente que el tramo de edad entre 15 y 29 años acumulaba la mayor parte de los contagios. Esta ciudad de poco más de 230.000 habitantes acoge cada año a unos 60.000 universitarios, según las cifras de la institución académica, así que el peso de esta población en el conjunto es determinante.

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Una clase de la Facultad de Ciencias de la Salud de Granada en el último día de clases presenciales antes de las restricciones a mediados de octubre. (EFE)

No obstante, faltaba un ingrediente clave para que las instituciones optaran por señalar a los estudiantes para evitar tomar medidas más estrictas que afectasen a otros sectores: "Desde mi punto de vista, la decisión estuvo basada en un vídeo grabado por la Policía Local en el que se veía una calle céntrica con mucha gente apiñada", comenta March, "pero mucha gente de la universidad me asegura que no eran universitarios".

Aunque no cabe duda de que con miles de estudiantes en la ciudad se habrán producido botellones y reuniones multitudinarias, "fue un error centrar todo en la universidad y los resultados están ahí", lamenta el experto. Las medidas se implementaron dentro de las instalaciones universitarias, pero estaba claro que los contagios se debían estar produciendo fuera y no en clase. Las restricciones "eran discutibles, básicamente, porque no eran amplias y diversas". En realidad se necesitaban mayores controles globales y medidas para toda la población y para todos los espacios.

Granada no es la única ciudad marcadamente universitaria de España. Hace unas semanas, Salamanca —poco más de 140.000 habitantes y cerca de 30.000 estudiantes— parecía llevar el mismo camino: el comienzo del curso académico disparó sus cifras de incidencia de covid muy por encima de la media. Sin embargo, la Junta de Castilla y León optó por una estrategia completamente diferente. Las clases presenciales no se suspendieron y las medidas afectaron al conjunto de la ciudadanía: durante unos días también hubo un confinamiento perimetral, pero se retiró al entrar en vigor el toque de queda desde las 22:00. Días más tarde llegó el cierre completo de la hostelería. A día de hoy, aunque la situación sigue siendo grave, la curva desciende y los datos de Salamanca están por debajo de la media de la comunidad.

Factores ignorados

El profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública considera que en el caso de Granada ha podido haber otros factores al margen de la población universitaria. Ya en la primera oleada, la ciudad nazarí tuvo las peores cifras de Andalucía junto con Málaga, así que cree que falta por estudiar si existen elementos contextuales que puedan estar influyendo en los contagios, por ejemplo, la contaminación atmosférica y la configuración orográfica de la ciudad. En cualquier caso, en una urbe de servicios y turismo —La Alhambra abrió sus puertas el puente del Pilar— los desplazamientos son muy importantes, pero "en ningún momento se han puesto en marcha fomentar el teletrabajo o evitar las aglomeraciones en autobuses y metros, que siguen muy llenos".

En su opinión, la clave habría estado en implementar medidas más duras y más pronto, aunque de corta duración. "Cuando esperas mucho, haces que el número de contagios baje de forma más lenta y el número de muertes, también", afirma March. "En Granada lo adecuado habría sido un confinamiento domiciliario, los estudios dicen que esta medida reduce los contagios entre un 44% y un 91%, pero tiene que hacerse pronto, porque si no los confinamientos y otras medidas tienen que ser más prolongadas. Si nos fijamos en lo que ha pasado en Cataluña o Navarra, vemos que ha tenido que pasar mucho tiempo para bajar los números porque las medidas fueron tarde", destaca. En otras palabras, mejor un cortocircuito.

Sin embargo, llegados a este punto, considera que sería mejor esperar a ver qué sucede con las nuevas medidas impuestas desde el pasado martes. "Una vez que la Junta ha tomado decisiones, se podrían añadir pequeñas medidas con respecto al teletrabajo y al refuerzo del transporte, pero ahora ya estamos en una situación casi de confinamiento", comenta. Es la oportunidad para evaluar las medidas, una de las cosas que apenas se está haciendo en esta pandemia. "Ponemos restricciones sin saber cuál es la mejor y lo hacemos en función de cómo les ha ido a otros, pero sin estudiar su efecto", denuncia.

Tres lecciones

En este caso, con respecto a lo sucedido en Granada en estos últimos meses, March cree que se pueden extraer al menos tres consecuencias. "La lección más clara", insiste, "es que si no tomas las decisiones a tiempo, el número de casos se te dispara. Esperar mucho tiempo hace que todo sea más difícil". Con las primeras medidas dirigidas solo al ámbito universitario, en realidad, se perdieron semanas muy valiosas que tendrían que haber servido para atajar el problema desde otro ángulo.

placeholder Un trabajador del restaurante La Mimbre junto a la Alhambra de Granada antes del cierre del local tras las nuevas restricciones. (EFE)
Un trabajador del restaurante La Mimbre junto a la Alhambra de Granada antes del cierre del local tras las nuevas restricciones. (EFE)

En segundo lugar, "no podemos tomar medidas dirigidas solo a un grupo social determinado". Pensar que los jóvenes eran el gran foco del problema, de forma aislada del resto de la sociedad, y restringir actividades en lugares tan concretos como las instalaciones universitarias —como si no tuvieran miles de pisos alquilados, por ejemplo— "creo que ha sido un fallo clarísimo, las medidas tienen que ser transversales".

Finalmente, March añade un tercer elemento que no es exclusivo de Granada, sino que ha sido un gran problema en toda España: "No nos hemos tomado en serio el papel de los interiores de los establecimientos y eso nos ha llevado a una situación como la actual", asegura. Al comienzo de esta segunda ola, "el cierre de interiores de bares y restaurantes, sin llegar a clausurar por completo estos negocios, podría haber tenido un gran efecto". Desde hace tiempo se han acumulado evidencias científicas sobre la importancia de la transmisión del coronavirus por aerosoles en espacios interiores, pero "es un tema muy mal trabajado por parte de las autoridades en general".

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