Poco más que un cortafuegos

¿Sirve de algo confinar la capital? Por qué no hemos aprendido nada de cierres anteriores

El confinamiento perimetral en los barrios de la capital provocó en sus primeros días la reducción de movilidad en la ciudad en torno a un 4%, con barrios que bajaron hasta el 14%

Foto: Foto: EFE.
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La ciudad de Madrid está cerrada. La capital vive desde el pasado viernes un confinamiento perimetral a nivel municipal por la alta incidencia del coronavirus. Muchos lo han presentado como algo diferente, un punto de inflexión y hasta el caos, pero lo cierto es que muchas zonas de la región llevan dos semanas con algo muy parecido. Dos semanas en las que las discusiones no han parado por la efectividad, o no, de estas medidas perimetrales, pero ¿qué dicen los datos? Todos los expertos coinciden en que se necesitan entre dos y tres semanas para poder valorar el éxito o el fracaso de una medida desde el punto de vista epidemiológico, pero ya es posible analizar su impacto sobre la movilidad tras los primeros días e intentar aprender de ello.

Según los datos de movilidad recabados de los primeros días de confinamiento perimetral, el parón provocado por estas restricciones que afectaban hasta a 26 zonas básicas de salud de la capital madrileña solo consiguieron que la movilidad se redujera en un 3-4% a nivel municipal en la primera semana, con picos, eso sí, en las zonas más afectadas, como Usera o Puente de Vallecas. En el lado contrario, se encuadran distritos como Chamberí, donde la movilidad no solo no bajó sino que llegó a subir con respecto el mismo periodo de la semana anterior. Unas cifras que, según los especialistas consultados por este periódico, se quedan cortas para parar la grave situación que vive la capital, aunque sí puedan demostrar cierto funcionamiento como cortafuegos.

La información sacada de los datos que maneja el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana a los que ha tenido acceso El Confidencial —datos agregados y anónimos de los móviles de 10 millones de españoles—, analizada con ayuda de Nommon, la empresa contratada por el Mitma para ejecutar el estudio, muestra una pequeña variación en la movilidad incluso en los barrios más señalados por el cierre, y pocos cambios de tendencia pronunciados. Eso sí, como ayuda para lo que puede venir con este nuevo cierre municipal, deja varios datos interesantes, como que el parón se nota mucho más en los fines de semana y fuera del horario laboral, mientras en las horas de trabajo la diferencia es mínima, y que el bajón, aunque pequeño, ha sido generalizado en toda la ciudad.

¿Es esto suficiente para frenar la expansión del virus? Todo apunta a que no. "Aunque es difícil sacar conclusiones a tan corto plazo, parece claro que hay una reducción, pero al final volvemos a lo de siempre, la gente tiene que seguir saliendo a trabajar, a comprar... La movilidad es clave, y es básico y necesario que esto se limite con las cifras como están, pero en una ciudad como Madrid, es difícil que su impacto sea crítico. Como mucho, consigues reducir su impacto fuera de la ciudad, o de la región, pero no basta", explica Alex Arenas, físico, experto en sistemas complejos y análisis de epidemias. "Y menos aún si no fomentas al máximo el teletrabajo, ni la educación a distancia, ni cubres a la gente con menos poder adquisitivo", añade el experto.

Como se ve en los gráficos, su explicación coincide con lo que se ve en el análisis de movimientos, y es que durante las horas punta, la reducción de la movilidad se notó muy poco o nada. Es pronunciada, en torno a un 10% o hasta un 14% fuera del horario laboral y en fin de semana. Y tampoco ocurre lo mismo en algunos de los barrios confinados que en otros. En algunos, incluso la movilidad sube durante algunas horas. "Mucha de la gente de esas zonas necesita moverse para comer ese mismo día, mientras no los cubras para que la cuarentena no les suponga morirse de hambre, es imposible parar esto del todo".

Ignacio de Blas, epidemiólogo veterinario de la Universidad de Zaragoza, sigue la idea de Arenas. "Creo que la eficacia pudo ser muy baja, contando con que además la gente de estos barrios es la que más se desplaza por la ciudad y que suele ser la que menos posibilidades tiene de poderse quedar en casa, viajar en transporte privado o teletrabajar. Es verdad que la diferencia con los datos de movilidad de antes de la pandemia aún es grande en todo el país, pero Madrid está en cifras de junio, más o menos, con una situación mucho peor. Es muy complicado que esto baste para dar la vuelta de forma clara a la situación", añade.

De Blas compara estos datos con la serie histórica que también publica el Ministerio de Transportes en su página web, en la que, aunque no pormenoriza al nivel de distritos, sí muestra que la movilidad regional ronda el 70% de la que había a finales de febrero, pero sí está en récords desde el final del confinamiento anterior. "En la información por distritos, se ve el descenso en las zonas más afectadas, pero el resto apenas lo nota, y no hay que olvidar que, aunque menor, la incidencia sigue siendo altísima en toda la ciudad. Habrá que ver qué pasa con el cierre de todo el municipio, y sobre todo ver cómo evolucionan las zonas de alrededor, en marzo, la situación de Madrid fue clave para que el covid pegara tan fuerte en regiones como Soria".

El frenazo de las pernoctaciones fuera

El punto más positivo de los datos podría estar, justamente, en lo referente a ese corte perimetral y en las salidas de la Comunidad de Madrid, o al menos en lo que se refiere a pernoctaciones fuera de la comunidad autónoma. Según la información del Mitma, la caída de las salidas desde Madrid va acorde con la del resto del país, pero es mucho más pronunciada. Mientras en agosto alrededor de un 25% de los madrileños pernoctó al menos una noche fuera de su comunidad, a finales de septiembre esa cifra no llega al 10%. A nivel nacional, la media en agosto no llegaba al 15% y ahora ronda el 7%.

"Eso puede ser un punto interesante si sigue de forma similar y se confirma la tendencia. Quiere decir que la gente está evitando los viajes fuera, que fue uno de los puntos críticos en la expansión del virus en marzo, pero es pronto para saberlo. Al final, lo que buscan estos cierres perimetrales debería ser justo eso, evitar la expansión, pero no es fácil en ciudades tan grandes y habría que tomar con cuidado este parón", comenta De Blas. De nuevo, si volvemos a mirar los datos del histórico del Mitma, vemos que las salidas desde Madrid se encuentran en cifras de junio, cuando el número de contagiados rondaba los 300 diarios en toda España. Ahora, solo Madrid ya supera los 1.500.

Si ponemos la lupa un poco más cerca, vemos que en este caso también hay una gran brecha en la ciudad. En los barrios confinados y más afectados por el coronavirus a día de hoy, viven los que menos salieron de la región durante el mes de agosto, aunque fuese a pasar una noche fuera. Destaca de nuevo Usera, un distrito donde el 56% de su población no durmió ni un día fuera de Madrid en todo el mes, y en el lado contrario tenemos Chamberí, con un 41% que no se movió y un 28% que estuvo al menos en dos provincias.

"Se ve un poco que el que se lo puede permitir ha rebajado los viajes, y puede que se hayan reducido algo los viajes a segundas residencias, pero la idea que queda es que falta mucho por hacer. Incluso bajando esa movilidad, concienciando a la población y reduciendo parte de los contactos sociales, los niveles están muy disparados y va a costar mucho bajarlos", apunta De Blas.

Arenas, por su parte también rebaja la euforia sobre estos datos. "La reducción de movilidad interterritorial juega un papel muy relevante en los inicios de un brote localizado, ya sea a nivel municipal, regional o nacional. La idea principal detrás de los confinamientos perimetrales es la de evitar, dentro de lo posible, la dispersión de semillas de infección a otras regiones no infectadas, pero hay que tener cuidado, porque no es sencillo detectar esa dispersión. Suele coincidir una bajada o estabilización de los datos en la zona confinada con un aumento tendido en la no cerrada hasta una estabilización general, y eso engaña y puede provocar una nueva dispersión a más zonas".

"Si no se toman medidas duras, aparte del control de la movilidad, el brote se dispersa, y la observación es la de unas incidencias que empiezan a subir en regiones colindantes, cuyas IA eran menores. Esta fase posterior a la difusión suele ir acompañada de crecimientos de IA significativos, y de una pequeña meseta de IA cuando esta incidencia ya se ha generalizado a un conjunto de territorios. A partir de este momento, la restricción de la movilidad perimetral solo evita dispersar infección a regiones aún más alejadas, pero volvemos al mismo problema. Y así en espacios más y más grandes, hasta llegar al confinamiento total como el de marzo", explica este experto.

¿Sirve de algo confinar la capital? Por qué no hemos aprendido nada de cierres anteriores

Un débil cortafuegos

En resumen, para Arenas, estos cierres perimetrales, ya sean por barrios, por ciudades o por regiones, solo sirven como una especie de cortafuegos. Cuando un incendio se extiende, los bomberos crean estas barreras para que el fuego no vaya a más, pero el peligro siempre sigue ahí mientras el incendio siga activo, pues se puede escapar una chispa que genere un nuevo foco, y el problema no solo está fuera. "Hombre, puedes esperar con estos cortafuegos, pero claro, tienes que asumir que todo lo que queda dentro se va a quemar hasta las cenizas. No creo que nadie lo quiera".

"Este cierre puede ayudar a frenar la extensión que ocurrió en marzo, pero no es ni mucho menos suficiente con la situación actual en Madrid si de verdad queremos solucionarla. Para evitar el confinamiento domiciliario, que sería el desastre, se debería promover urgentemente el teletrabajo, promover la educación telemática en la escuela (a partir de cursos donde esto sea factible) y proteger a los más vulnerables para que no necesiten salir para sobrevivir. Estos factores afectarían a un conjunto considerable de la población, que reduciría su movilidad 'de facto' y evitaría la movilidad interna, actuando como un pseudo-confinamiento domiciliario. Esta actuación aceleraría el proceso de estabilización y control de la curva en un tiempo bastante inferior al necesario si estas medidas no se tomasen".

Foto: EFE.
Foto: EFE.

De Blas sigue en esa línea y, aunque algo más optimista, lo compara con una dieta. "Mira, este cierre puede ayudar a bajar la movilidad, como se ha visto en los datos, hay más concienciación y medidas, pero esto es como si después de coger 15 kilos quieres volver a bajarlos quitándote el pan de la dieta. Hombre, quizá no sigas engordando y hasta bajes algo el peso, pero o incluyes más medidas como una dieta más estricta y el deporte, o va a ser imposible que te quites esos kilos", comenta.

"Es verdad que en este caso queda el confinamiento domiciliario, una medida límite que sabemos que tiene que funcionar por pura lógica y que trae consigo otros muchos problemas. Pero por eso no deberíamos tener que llegar ahí y nada nos garantiza que podamos tener un efecto rebote y según salgamos de un nuevo confinamiento todo el mundo se salte todas las normas y vuelva a engordar de forma disparada", termina el epidemiólogo.

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