María Lahuerta, epidemióloga en Columbia

La española que investiga en EEUU el plasma como remedio: "No estoy muy esperanzada"

Donald Trump presionó a la FDA para que otorgara una autorización al plasma de personas curadas como tratamiento de urgencia contra el covid-19. Esta científica valenciana lleva desde abril evaluando sus posibilidades, pero no es optimista

Foto: La epidemióloga María Lahuerta. (Cedida)
La epidemióloga María Lahuerta. (Cedida)

La mañana siguiente a que Donald Trump proclamara que la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) había aprobado una autorización para realizar transfusiones con plasma de convaleciente a pacientes de covid-19, en la neoyorquina Times Square apareció un anuncio gigante financiado por el Gobierno: “¿Recuperado de covid? Ayúdanos a salvar vidas. Dona plasma ahora”, decían las letras blancas sobre un fondo azul.

A unos 20 minutos en metro de allí, la epidemióloga valenciana María Lahuerta y sus compañeros en el ICAP de la Universidad de Columbia llevan desde el mes de abril tratando de comprobar empíricamente si el plasma funciona realmente o no contra la enfermedad. Lahuerta llegó a la Gran Manzana hace 14 años con una beca de la Fundación la Caixa y desde entonces se ha especializado en la prevención de todo tipo de enfermedades infecciosas. Ahora, todos sus sentidos están puestos en un único patógeno: el SARS-CoV-2 y cómo los países pueden tratar de contener la pandemia.

El plasma no es, como lo denominó Trump, un "avance realmente histórico", pero podría ser tremendamente útil para evitar que los pacientes de covid-19 evolucionen a casos severos. Además, al contrario de lo que ocurre con el remdesivir, cada país podría tener una fuente de este medicamento sin depender de ninguna farmacéutica o país extranjero, ya que se obtiene de las donaciones de sangre de personas que hayan superado la enfermedad. En teoría, todo funciona de maravilla, pero Lahuerta encontró pronto que, al trasladar a la clínica estas bolsas de color dorado, su valor como tratamiento se precipita rápidamente.

PREGUNTA. Tengo entendido que hubo problemas para completar algunos de estos estudios sobre plasma en Columbia, ¿qué sucedió?

RESPUESTA. Planteamos tres estudios diferentes, que estaban pagados por Amazon, en distintos grupos de población: pacientes en cuidados intensivos, personas en riesgo —donde queríamos incluir a algunos que fueran PCR+ o contactos de alguien positivo— y personal sanitario.

Empezamos en abril metiendo a 67 personas en el estudio de pacientes clínicos, pero a mitad del estudio se autorizó el remdesivir y empezamos a dárselo a los pacientes, no podíamos denegárselo, pero por tanto ya no era plasma de convaleciente frente al grupo de control, por lo que el estudio estaba un poco sesgado. En ese momento, cuando quisimos probar el plasma como profilaxis para grupos de riesgo, el número de pacientes en Nueva York bajó muchísimo —afortunadamente— y ya no encontrábamos casos. Lo que han acabado haciendo es llevarse el estudio a Brasil.

La terapia tiene mucho potencial, pero está siendo muy complicado hacer estudios que tengan tratamiento y control

La terapia tiene mucho potencial, pero está siendo muy complicado hacer estudios que tengan tratamiento y control. Todos los que se hicieron en la Clínica Mayo carecían de esto, algunos mostraban una cierta mejora, pero no se puede decir que funcione.

P. Entonces, ¿ninguno de los estudios ha concluido a día de hoy?

R. No, ninguno ha concluido y ninguno de los que hay en marcha, que yo haya visto, tiene grupos con un número suficiente de pacientes o un grupo de control. Los indicios sobre esta terapia apuntan a que sería mejor cuando la persona se acaba de infectar, es el momento en que el plasma podría ser más beneficioso. Qué pasa, que por un lado los casos no llegan todos en ese momento y por el otro, muchos pacientes rechazan una transfusión. Para eso, prefieren algo como el remdesivir, que es una pastillita.

Bolsas de plasma congelado en Potsdam, Alemania. (EFE / EPA)
Bolsas de plasma congelado en Potsdam, Alemania. (EFE / EPA)

He estado hablando con compañeras en Zambia, que están teniendo muchos problemas para conseguir medicamentos y justo han empezado con el plasma de convaleciente, porque al menos es algo sobre lo que allí tienen control. No estoy muy esperanzada en que esto pueda ser la solución de nuestros problemas. Es una de muchas, y esto sin entrar en política porque, como sabrás, la Administración de Trump está haciendo mucha presión sobre ciertas cosas para tranquilizar a la población, pero tanto Fauci como otros científicos están diciendo que a día de hoy no se sabe si esto es efectivo o no.

P. Pero la terapia de plasma en sí no es nada nuevo. ¿Por qué aún hay tantos interrogantes?

R. Sí, es como las vacunas, las llevamos utilizando mucho tiempo pero nada garantiza que funcionen con el covid. En cuanto a efectos secundarios, se piensa que son leves, por lo que la mayor preocupación es realmente que funcione o no. Pero hacer los estudios es complicado: extraer el plasma, los grupos sanguíneos, la transfusión… La gestión no es nada fácil.

P. Esto también augura que no es una solución fácil de escalar para poder aplicarla a millones de pacientes.

R. Efectivamente. Yo suelo trabajar más en esa parte de salud pública que es prevención, más que en tratamientos, y cuando veo todo el dinero que se intenta gastar en terapias, pienso que sería mucho más barato controlar y frenar las infecciones. Esto me parece caro para una mejora que luego no va a ser tanta, sí, reduce un poquito la mortalidad y es importante, pero a día de hoy aún no sabemos si funciona o no. Pese a todo, parece que todos nos vamos a lanzar a ello.

P. ¿Habría alguna forma de estimular esos ensayos clínicos con plasma para que pudieran hacerse adecuadamente, con controles y todo eso?

R. El problema es que llega un momento, en cuanto a ética, que tú tienes un paciente en la UCI y tienes el medicamento remdesivir, es muy difícil a día de hoy decir que a uno le vas a dar placebo y a otro le vas a dar plasma convaleciente. Pero ni siquiera el estudio de la Clínica Mayo era espectacular, porque sabemos que ya era muy tarde y cuando se estaban poniendo las transfusiones ya estaba muy avanzada la infección.

Nuestra idea con las personas de riesgo era pensar que, "como la vacuna aún no está", aplicando el plasma a sanitarios podríamos darles una cierta prevención con anticuerpos. El problema es que es muy complicado hacerlo a escala y además ya tenemos las vacunas en fase III, estamos todos esperándolas, por lo que dudo que surjan estudios con plasma a gran escala de aquí en adelante.

P. ¿Existe algún precedente en ¡que el plasma haya sido un tratamiento definitivo?

R. Yo habitualmente me dedico a enfermedades como VIH, tuberculosis o malaria, y en ninguno de esos casos ha funcionado. Luego hay otras enfermedades como el sarampión o la polio para las que surgió pronto una vacuna, entonces, no hay tantos ejemplos actuales en los que el plasma se esté utilizando. En cualquier caso, es interesante estudiarlo, porque todavía nos falta mucha información para saber y entender sobre los anticuerpos o durante cuánto tiempo puede mantenerse la respuesta inmunitaria.

P. En resumen, el problema es que la ventana de oportunidad para el plasma es muy pequeña, ¿no? Resulta difícil obtenerlo y para cuando es posible ya es demasiado tarde para que sea útil para el paciente de covid-19.

R. Exacto. Serviría para alguien que se acaba de infectar, que sabes que es positivo y que tiene diabetes o algún tipo de complicación. A ese le puede ayudar, ¿pero cómo haces un ensayo clínico con esas características y que además acepten una transfusión cuando aún no están graves? Es muy complicado. Por eso, no estoy muy ilusionada con este tratamiento.

P. Usted pasó la primera parte de la crisis sanitaria en Estados Unidos y la segunda en España, ¿qué diferencias está viendo entre ambas respuestas a la pandemia?

R. En realidad, al tener 50 estados, es muy diferente la respuesta de un estado a otro. Nueva York es un ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien. Llegó a estar fatal y a tener muchos más casos y muertos que España teniendo mucha menos población, pero han hecho un sistema muy basado en evidencias.

En Estados Unidos han hecho algo que echo en falta en España, que es establecer indicadores cuantitativos

Contrataron un rastreador por cada 5.000 personas, que es lo que recomienda la OMS, y luego han hecho algo que echo en falta en España, que es establecer indicadores cuantitativos. Por ejemplo, ellos tienen ocho indicadores que van cambiando de color y todo el mundo sabe, cada condado, que si la positividad sube más del 5%, hay que cerrar restaurantes, por ejemplo. Hay un plan. Aquí nos desescalamos y aunque la positividad en Madrid suba no pasa nada, no se está haciendo nada. Habría que cuantificar y decir: si pasa esto, hay que activar esto. Yo soy muy de números y de evidencias, y habría que hacer las cosas por datos, no por políticas.

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