CAMBIOS EN CONEXIÓN Y MATERIA BLANCA

Los deportes de contacto afectan al cerebro (aunque no te golpees la cabeza)

Según los investigadores, incluso no habiéndose producido conmociones cerebrales, el cerebro de los atletas puede sufrir modificaciones

Foto: Entrenamiento de la selección española femenina de rugby. Foto: EFE Juan Jose Rodríguez Ortega
Entrenamiento de la selección española femenina de rugby. Foto: EFE Juan Jose Rodríguez Ortega

Los deportes de contacto pueden acarrear cambios en el cerebro, incluso no habiéndose producido conmociones cerebrales o golpes fuertes en la cabeza. Esta es la principal conclusión de un equipo de investigadores canadienses. En su estudio, publicado en la revista científica 'Neurology', los científicos compararon jugadoras de rugby con otras atletas universitarias que competían en deportes sin contacto, como la natación y el remo.

"Ya no existe el debate de que cuando se diagnostica a un atleta una conmoción cerebral causada por un golpe fuerte o una caída, existe la posibilidad de que contribuya a cambios cerebrales que podrían ser temporales o permanentes", señala el autor del estudio Ravi S. Menon, de la Universidad Western de Londres (Canadá). "¿Pero, cuáles son los efectos de las pequeñas sacudidas e impactos que vienen con la práctica de un deporte de contacto? Nuestro estudio encontró que pueden conducir a cambios sutiles en los cerebros de atletas sanos y sin síntomas".

En el estudio participaron 101 atletas universitarias, entre ellas 70 que jugaban al rugby y 31 que practicaban remo o natación. Todas las atletas no sufrieron conmociones cerebrales en los seis meses anteriores del comienzo del estudio ni durante el mismo, sin embargo algunas jugadoras de rugby tenían un historial de conmociones cerebrales anteriores mientras que los atletas sin contacto no habían experimentado ninguna.

La microestructura del cerebro cambiaba entre el principio y el fin de la temporada

Gracias a las mediciones de dispositivos para registrar los impactos en la cabeza, se encontraron que mientras que las chicas que practicaban remo no experimentaron ningún impacto, el 70% de las jugadoras de rugby experimentaron un promedio de tres impactos durante dos entrenamientos y un partido de pretemporada. "Mientras que sólo observamos estos impactos durante unos pocos eventos de la temporada, investigaciones anteriores han demostrado que este tipo de impactos subclínicos pueden acumularse a lo largo de años de participación en deportes de contacto", explica Menon.

"¿Cuáles son los efectos de las pequeñas sacudidas e impactos que vienen con la práctica de un deporte de contacto? Pueden conducir a cambios sutiles en los cerebros"

Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas para escanear los cerebros de todos los atletas al principio y al final de la temporada. Con los escáneres cerebrales, los investigadores examinaron cómo las moléculas de agua se movían por la materia blanca para determinar si había cambios microestructurales en el cerebro. También investigaron cómo se comunicaban entre sí las diferentes áreas del cerebro y si había algún cambio en la forma en que esas áreas funcionaban juntas.

En las jugadoras de rugby, los investigadores encontraron cambios en la microestructura de la materia blanca, incluyendo en las fibras nerviosas que conectan áreas del cerebro que controlan emociones básicas como el miedo, el placer y la ira. En algunos de las jugadoras, los cambios progresaron con el tiempo, mientras que no se encontraron cambios en los cerebros de las nadadoras o remeras.

Impactos repetitivos

Los investigadores también descubrieron que sólo para los jugadores de rugby, la microestructura del cerebro cambiaba entre el principio y el fin de la temporada, específicamente en el tronco cerebral, que controla el flujo de mensajes entre el cerebro y el cuerpo. La investigación encontró, además, diferencias en la organización funcional del cerebro. En comparación con las nadadoras y las remeras, las jugadoras de rugby tuvieron cambios en la conectividad (cómo se comunica el cerebro) entre las áreas del cerebro que controlan la recuperación de la memoria y el procesamiento visual.

"Incluso sin conmociones cerebrales, los impactos repetitivos experimentados por las jugadoras de rugby claramente tuvieron efectos en el cerebro", concluye Menon. "Se necesita más investigación para entender lo que estos cambios pueden significar y hasta qué punto reflejan la forma en que el cerebro compensa las lesiones, se repara a sí mismo o se degenera, para que podamos entender mejor los efectos a largo plazo sobre la salud de la práctica de un deporte de contacto".

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