El drama de Pittsburgh y la gripe española: lo que pasó por acabar pronto el confinamiento
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EN BUSCA DE LA 'NUEVA NORMALIDAD'

El drama de Pittsburgh y la gripe española: lo que pasó por acabar pronto el confinamiento

Esta ciudad de Pensilvania acumuló la mayor tasa de letalidad por cada 100.000 habitantes en 1918. El error allí y en otros lugares como Denver: medidas interrumpidas sin red de seguridad

placeholder Foto: Cuerpo de la Cruz Roja en St. Louis durante la epidemia de gripe de 1918. (Universal History Archive)
Cuerpo de la Cruz Roja en St. Louis durante la epidemia de gripe de 1918. (Universal History Archive)
Foto: Personal sanitario del Hospital Severo Ochoa en Madrid. (Reuters) Opinión

En donde sí parece que hay más luz y consenso es en lo que ayuda tener la capacidad de hacer test masivamente a la población para saber el número exacto de casos de covid-19. Y también en que cuando no tienes ese músculo y estás en una especie de ceguera diagnóstica, el confinamiento es una de las mejores soluciones.

Pero aquí, nuevamente, tampoco hay uniformidad. Ni a la hora de establecerlo ni en cómo se realiza la 'desescalada', esa palabra inventada que ha pasado a incorporarse al diccionario de manera oficiosa en los últimos días. Los diferentes países se apoyan en sus diferentes asesores científicos, que se enfrentan a una situación inédita para ellos, y muchos ven inevitable una metodología basada en un 'prueba-error' camino a la 'nueva normalidad'. Sin embargo, hay ciertas lecciones de hace más de un siglo que pueden dar pistas, al menos, de lo que no hay que hacer para articular la salida del confinamiento.

La respuesta en 1918

En las últimas semanas, se ha rescatado mucha literatura e investigaciones sobre la mal llamada 'gripe española' , que mató a 50 millones de personas en 1918 en todo el mundo. No tuvo su origen en nuestro país (fue cosa de EEUU) pero los reporteros no estaban aquí tan atados de pies y manos como en otros lugares al no participar en la I GM, así que las informaciones de lo que aquí pasaba acabaron granjeandole ese incorrecto nombre. Uno de los 'papers' recuperados entre tanta bibliografía es un estudio del 'Journal of American Medical Association', que recogía la forma en que Pittsburgh llegó a convertirse en la ciudad con mayor tasa de letalidad del país por cada 100.000 habitantes.

placeholder Foto: Universal History Archive.
Foto: Universal History Archive.

La cifra resultó incluso mucho mayor que la de 'megaurbes' como Nueva York o Chicago. Todo ello a pesar de tener una densidad de población mucho menor, por una serie de decisiones, entre otras, levantar las medidas de encierro días antes de lo indicado por las autoridades estatales, algo que también ralentizó el control de la enfemedad en aquel lugar.

Los autores del estudio compararon las denominadas medidas 'no farmacéuticas' de 43 ciudades de todo el país desde el 8 de septiembre de 1918 hasta febrero de 1919. De esta forma, abarcaron la segunda y la tercera de ola de influenza que azotó el país.

El estudio revisó la relación entre muertes y medidas de contención en 43 ciudades en 1918

Con esto, se refieren a cierres de colegios, cuarentenas y limitación de movimiento, prohibición de reuniones en público así como medidas más 'blandas', como escalonar los horarios comerciales, cartelería de advertencia en lugares como cines o el envío de información preventiva a los domicilios a través de escolares. La referencia que utilizan para medir el impacto de estas medidas es la ratio de exceso de mortalidad por cada 100.000 habitantes. Para obtener toda la información demográfica, acudieron al censo, y para comparar la aplicación de las medidas, revisaron dos ediciones diarias de periódicos locales de la época.

Los investigadores encontraron que 34 ciudades de las monitorizadas aplicaron al mismo tiempo dos de las principales medidas de contención, siendo el cierre de escuelas y el veto de reuniones publicas la combinación más habitual. La extensión de las mismas varía mucho. Aunque la media es de cuatro semanas, hay casos en que estuvieron vigentes hasta 10 semanas, y otros de solo una. ¿Cuál fue el resultado? Aquellas que las activaron de manera prematura y las sostuvieron en el tiempo tardaron más en alcanzar el pico de mortalidad, este fue menor y al final del periodo analizado registraban menor porcentaje de población cuyo fallecimiento fuese directamente atribuible a este virus.

Casi el 1% de Pittsburgh

El estudio destaca especialmente cuatro ciudades como ejemplos de buena y mala respuesta ante la influenza. Entre las primeras, Sant Louis y Nueva York. Entre las segundas, Denver y la ya mentada Pittsburgh. Interesante el caso de esta última que, como hemos explicado, tenía una letalidad asociada de 807 por cada 100.000 habitantes. En las otras tres, era de 358, 452 y 631, respectivamente.

Una publicación de la Universidad de Pensilvania detalla ciertos aspectos históricos y sociales de cómo se vivió esta crisis sanitaria en la ciudad, y explica algunos episodios clave para entender el dramático resultado final, que prácticamente acabó con el 1% de la población por este motivo. El primero era la fuerte dependencia de la industria minera, lo que hacía que la calidad del aire fuera peor. En la crisis del covid-19, ya hemos visto una fuerte discusión y evidencias de que, como otras infecciones que afectan a las vías respiratorias, tiene más virulencia donde hay más contaminación.

Los empresarios del carbón de la zona eran un 'lobby' potente por aquel entonces. Y volcaron su influencia en conseguir que las autoridades locales no siguieran el dictado de las autoridades estatales y levantasen las restricciones antes para reanudar la economía local. Lo consiguieron. El ayuntamiento dictó la reapertura de locales de ocio y permitió la concentración de personas el 3 de noviembre, mientras que en el resto de Pensilvania la orden no llegó hasta una semana más tarde.

¿Qué ocurrió? Que, como se puede ver en el gráfico, el descenso que estaban registrando en los fallecimientos diarios cortó su buen ritmo e incluso se estancó durante varios días al principio de diciembre, adelantándose en este macabro 'ranking' a otras poblaciones que por aquel entonces estaban en peor situación.

En ese tiempo, se sucedieron concentraciones multitudinarias, con decenas de miles de asistentes, con motivo del final de la I Guerra Mundial, que favorecieron que el virus siguiese transmitiéndose a gran nivel. Los registros y estudios indican que hasta finales de mayo estuvieron lidiando con un buen número de casos diarios.

Mala calidad del aire, medidas tardías por separado y prisa por levantarlas: el cóctel perfecto

La alta letalidad en Pittsburgh no se debe únicamente por el 'a posteriori', sino también por lo que ocurrió cuando la crisis empezó a cocinarse. La primera gran medida llegó a principios de octubre, con el veto del derecho de reunión. En esos momentos, se estaba produciendo un alza crítica en el número de casos reportados en los hospitales locales. Pocos días antes, el 29 de septiembre, habían vivido uno de esos multitudinarios festejos públicos con motivo de los avances bélicos, a pesar de que ya había algunos indicios de lo que estaba ocurriendo. Algo que facilitó que la 'gripe española' corriese libre por dicha ciudad. Además, las escuelas se cerraron semanas después, el 24 de octubre, de manera que ambas restricciones compartieron muy poco tiempo. Algo que terminó de aliñar esa conjunción fatídica de elementos, tal y como arrojan los resultados de dicho informe.

Las prisas de Denver

Aunque con un resultado final no tan dramático, Denver fue otra población que también sufrió especialmente esta pandemia. ¿Por qué? Al igual que Pittsburgh, muchos de sus habitantes se dedicaban a la minería y, por tanto, gozaban de una peor salud respiratoria. Pero también tardaron en aplicar las medidas iniciales, aunque en este caso se activaron en bloque y de manera mucho más contundente. Algo con lo que se consiguió atar más rápido en corto el ascenso de la curva gracias al cierre de iglesias, escuelas y edificios municipales. Sin embargo, los buenos resultados experimentados en las estadísticas tras un mes sin clases y sin concentraciones públicas llevaron a abrir la mano con estas medidas.

Fue un periodo breve, como se observa en el gráfico, pero suficiente para generar un nuevo pico poco más tarde, mayor que el anterior. No hay que olvidar que el tiempo medio que pasaba desde que alguien manifestaba síntomas de influenza hasta que fallecía rondaba los 10 días de media. Aunque mantuvo la posibilidad de que se reuniesen pequeños grupos, tomó medidas (como laminar los horarios de trabajo y comerciales) que duraron hasta entrado 1919. En total, fue la ciudad que tuvo activadas restricciones durante mucho más tiempo, 151 jornadas, frente, por ejemplo, las 53 de Pittsburgh.

Cien años después

En el otro extremo, se encuentran Sant Louis y Nueva York. En el primer caso, el estudio lo atribuye a dos factores clave. La rápida implementación de medidas de contención cuando empezaron a detectar cierto nivel de mortalidad atípica para las fechas. El otro punto clave fue que cuando empezaron a experimentar si podían volver a la normalidad, lo hicieron con red de seguridad. Se regularon los tiempos de apertura y en los tranvías, principal medio de transporte de la ciudad, se moduló el aforo. En el caso de la Gran Manzana, se implementó una férrea cuarentena y se fomentó el distanciamiento social que permitió reducir el daño que se podía presuponer en lo que por aquel entonces era ya la mayor ciudad del país.

La diferencia es que hoy tenemos herramientas tecnológicas para aliviar el confinamiento

"El confinamiento es algo primitivo. Pero es lo único que ha demostrado ser eficaz contra el coronavirus", comentaba Alfonso Valencia, director del departamento de Ciencias de la Vida del SuperComputing Center, en una entrevista con Teknautas, indicando que "no ha variado sustancialmente de la idea de encerrarse en casa" que había hace 100 años. Sin embargo, indicaba Valencia, ahora disponemos de soluciones y tecnología que nos pueden permitir aliviar ese confinamiento, y señalaba a la trazabilidad de contagios mediante 'smartphones'.

Una solución en la que hay varios gobiernos trabajando, e incluso Apple y Google han formado una alianza temporal para crear una plataforma común. Junto a otras medidas como la distancia social, esa herramienta es en la que ahora mismo más se confía, a pesar de los recelos relacionados con la privacidad, para acelerar el fin del encierro y recuperar la actividad económica sin vernos abocados a abruptos repuntes, como ocurrió hace 100 años en muchos lugares del mundo.

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