Posible nuevo foco fuera de China

Alerta por el crucero que dejó ir de turismo y masajes a posibles infectados de coronavirus

El crucero Westerdam logró permiso para atracar en Camboya. Las autoridades permitieron a sus pasajeros viajar y hacer turismo, pero ahora uno ha dado positivo en coronavirus

Foto: Pasajeros a bordo del crucero Westerdam, el pasado 14 de febrero. (Reuters)
Pasajeros a bordo del crucero Westerdam, el pasado 14 de febrero. (Reuters)

El brote de coronavirus sigue confinado en la provincia china de Hubei y los casos confirmados en otros países están aislados y de momento controlados, pero la preocupación salta ahora con una nueva amenaza que podría estar dispersando la enfermedad. El pasado jueves, 13 de febrero, el enrome crucero Westerdam atracó en el puerto camboyano de Sihanoukville. Otros países habían rechazado a este barco de la compañía Holland America Line por miedo a que pudiese albergar algún caso de la enfermedad Covid-19, pero Camboya no solo le abrió sus puertas, sino que montó un recibimiento de lujo, con el primer ministro, Hun Sen, acudiendo a abrazar a los pasajeros poco antes de dejarles marchar.

Todo podía haber quedado en una anécdota, pero el domingo una mujer estadounidense de 83 años que había continuado su viaje como otros cientos de pasajeros del crucero, dio positivo para el virus en Kuala Lumpur (Malasia). Al llegar al aeropuerto, un escáner detectó que tenía fiebre, así que le hicieron las pruebas y ahora permanece hospitalizada. Las pruebas de su marido han dado negativo, aunque padece neumonía, un síntoma que suele preceder a la aparición del virus.

Cuando las autoridades camboyanas quisieron reaccionar ya era demasiado tarde. Hartos de permanecer en el crucero, las autoridades habían permitido a los pasajeros lanzarse a las calles de la pequeña ciudad costera de Sihanoukville (90.000 habitantes) para hacer turismo, desplazarse por todo el país, a visitar playas, hacer compras y a recibir masajes, según informan medios como 'The New York Times'. Y todo sin ni siquiera mascarillas puestas. Buena parte de ellos se habían trasladado a la capital del país, Phnom Penh, donde han pasado las pruebas y los primeros 406 ya han dado negativo, lo cual no implica que vayan a dar negativo también en la segunda prueba. Otros han quedado recluidos aún en el barco. Es el caso de la mayor parte de la tripulación, 744 personas, y de 255 pasajeros. De los cinco españoles que viajaban, una pasajera aún está a bordo y los otros cuatro, acabaron en la capital.

Viajeros abandonan el crucero Westerdam el pasado día 15. (Reuters)
Viajeros abandonan el crucero Westerdam el pasado día 15. (Reuters)

La detección de la pasajera estadounidense enferma abre dos posibilidades. La primera es que se contagiase en el crucero, con lo cual habría más pasajeros —uno como mínimo— con el virus 2019-nCov. La segunda es casi peor: si la mujer ya estaba enferma al subir al barco, podría haber superado las dos semanas establecidas como cuarentena sin haber dado síntomas. Esto reafirmaría la posibilidad, ya apuntada por investigadores chinos, de que el periodo de incubación en algunos casos pudiera prolongarse hasta 24 días, lo que pondría en entredicho las medidas de prevención que se están tomando en todo el mundo.

Sin embargo, los expertos apuestan por mantener las dos semanas de cuarentena. “El conocimiento es cambiante, pero se rige por la ley de probabilidades estadísticas y, a día de hoy, sabemos que el 95% de los pacientes que tienen esta enfermedad, de acuerdo con diferentes modelos y estudios, la incuba entre cinco y siete días. Después baja vertiginosamente. Cuando llegamos a los 14 días la práctica totalidad ya no presentan síntomas, por eso se ha establecido como razonable este periodo de seguridad”, explica a Teknautas Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona.

“Puede que haya algún caso de un periodo de incubación más largo, al igual que hay casos excepcionales que desarrollan la enfermedad en 24 o 48 horas, pero la cifra estándar hoy son las dos semanas. Si hay que cambiarla, será porque un porcentaje significativo rebase esos cinco o siete días de incubación, pero hoy por hoy no es así”, aclara.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Solo 20 personas de las 2.257 que viajaban a bordo 1.455 pasajeros y 802 empleados se hicieron la prueba del virus antes de desembarcar debido a que habían informado a los médicos de que se encontraban mal. En todos los casos dieron negativo. A bordo, la compañía asegura que todo estaba controlado a través de tomas de temperatura de los pasajeros. Según los testimonios de los propios pasajeros, les hicieron alguna medición esporádica por medio de infrarrojos y cuestionarios sobre su estado de salud.

Sin embargo, en estas últimas semanas, los expertos han cuestionado que la detección de una temperatura elevada por medio de infrarrojos sea eficaz, ya que este sistema detecta el calor que emana la superficie del cuerpo, pero no ofrece una medición precisa de la temperatura corporal e incluso si lo hiciera, podría no servir de nada ante la posibilidad de que haya casos asintomáticos. “Más del 50% de los casos no se detectan, según indican los estudios. Este sistema solo indica que hay fiebre, pero si un paciente está en periodo de incubación, por definición, ni tiene fiebre ni síntomas de ningún tipo”, apunta Trilla.

Alerta por el crucero que dejó ir de turismo y masajes a posibles infectados de coronavirus

Si hablamos de aviones, “esto significa que, de entrada, la única decisión recomendable es que se hagan escáneres de detección en origen, en el aeropuerto de salida. A lo mejor tiene gripe u otra cosa, pero ya no le dejas subir. Sí podrían embarcarse personas asintomáticas que tengan el virus y, como el vuelo dura tan solo unas horas, lo normal es que sigan sin síntomas al llegar”, explica. En definitiva, “el rendimiento de las pruebas en origen es bajo, aunque puede ser aconsejable hacerlas; y en destino la efectividad es tan baja que ni se recomienda”.

Una travesía sin rumbo

El Westerdam partió el 1 de febrero de Hong Kong, donde en la actualidad ya se han registrado más de 60 casos. No tuvo problemas para atracar tres días más tarde en Kaohsiung, al sur de Taiwán, pero la situación había empezado a cambiar por culpa de otro crucero, el Diamond Princess. Atracado y en cuarentena en el puerto japonés de Yokohama, se ha convertido en el foco más grande de la enfermedad fuera de China, con más de 450 afectados.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

“Hay que entender que, dentro de esta epidemia, cabe la posibilidad de que uno o varios pasajeros se suban a bordo de un barco cuando están incubando la infección. La vida en un crucero es bastante cerrada, los que viajan comparten pasillos, camarotes, salas de juego y muchos más espacios, así que puede haber un contacto relativamente próximo y prolongado entre diferentes pasajeros. De ahí que el número de casos del crucero que está en Yokohama sea extraordinariamente alto”, comenta Antoni Trilla. Ocurre lo mismo con la gripe o con virus gastrointestinales. De hecho, a veces ha habido infecciones importantes en cruceros, de manera que los expertos ya saben que “la transmisión de los virus puede verse favorecida por el tipo de vida que se hace”.

Por eso, al crucero de Holland America Line se le empezaron a cerrar todos los puertos, empezando por la capital taiwanesa, Taipei. Precisamente, su destino final era Japón, pero el país nipón le comunicó que no le daba permiso para fondear. Lo mismo le ocurrió con Filipinas, Tailandia y la isla de Guam (territorio de Estados Unidos) a pesar de que la compañía insistía en que no tenía ningún caso a bordo.

La política tras la controvertida decisión

Cabe preguntarse qué llevó a Camboya a arriesgarse de esta forma. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha criticado la estrategia de rechazar en bloque a grupos de personas como fórmula para contener el virus, la gestión de las autoridades camboyanas aparentemente deja mucho que desear. Una de las pasajeras, Christina Kerby, ha narrado en Twitter lo que ha vivido tanto en el barco como en una vez en Camboya. Entre los detalles que cuenta, explica cómo estaban recluidos en un hotel de Phnom Penh esperando los resultados de las pruebas después de haberse paseado por el país y mientras otros turistas ya habían volado a sus países.

El primer ministro de Camboya, Hun Sen (en el centro), posa junto a los pasajeros del Westerdam el pasado día 14. (Reuters)
El primer ministro de Camboya, Hun Sen (en el centro), posa junto a los pasajeros del Westerdam el pasado día 14. (Reuters)

Más que en la sanidad, las razones de esta actitud tan relajada por parte de Camboya hay que buscarlas en la política. El primer ministro, Hun Sen —uno de los tres mandatarios que más tiempo lleva en el poder en todo el mundo, junto a los presidentes de Guinea Ecuatorial y Uganda— es fiel aliado de China y de su vecino Vietnam. Desde el primer momento de la crisis del coronavirus ha tratado de restar importancia al problema, ha visitado Pekín recientemente e incluso se ha negado a repatriar a los camboyanos de Hubei, asegurando que debían unirse a los chinos para hacerle frente a la enfermedad. En el caso del crucero hay que añadir que el propio Donald Trump aplaudió su decisión de acoger el barco, puesto que entre quienes viajaban había más de 600 estadounidenses navegando sin rumbo.

En cualquier caso, el experto en epidemiología del Clínic no se atreve a decir si la decisión de Camboya ha sido peor que la de Japón. “Es una situación compleja, los criterios de salud pública tienen que predominar, pero también hay que tener en cuenta que una cuarentena en un crucero es una situación complicada de gestionar. En el caso de los japoneses ha habido muchas críticas porque no dejaban desembarcar a los que no estaban infectados”, destaca.

“En el caso de Camboya se les echa en cara justo lo contrario, haber dejado que los pasajeros se marchen. No sé si lo han hecho bien o mal, lo fácil es decir quién es el asesino al final de la película. Si hay más casos, criticaremos a los camboyanos. Si no lo hay, diremos que tampoco lo han hecho tan mal”, añade.

¿Y ahora qué?

La cuestión es qué se debe hacer ahora ante las dudas de que los pasajeros del Westerdam puedan estar diseminando el virus por medio mundo. “Es complicado rastrear a todo el que pueda haber estado en contacto con el virus, pero forma parte del trabajo de los epidemiólogos y de los servicios de salud pública”, confía Trilla.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Para ello, tendrán que identificar a los pasajeros, seguirles la pista hasta donde hayan podido llegar, entrar en contacto con ellos y ver cómo se encuentran. “En el caso de que hubiera algún caso positivo, habrá que hacer un seguimiento de todas las personas que han tenido una relación relativamente próxima y prolongada desde que salieron del barco en el supuesto de que se confirmase que están infectados por el coronavirus”, señala el experto.

¿Es posible hacerlo? “Por poner el ejemplo más sencillo, imaginemos que una persona cogió un avión de regreso a su país. Si finalmente da positivo por coronavirus, habría que identificar a los viajeros que se hayan sentado a su lado y dos filas por delante y por detrás, realizarles un seguimiento, tomarles la temperatura y recomendarles que permanezcan 14 días sin entrar en contacto con más gente”, explica.

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